Fluya el calor de la esperanza
Ojalá despertemos, pongamos coraje y anhelo. Nunca será tarde para buscar un mundo diferente y para rebuscar dentro de sí mismo lo armónico. Al verdadero calor de este tiempo de espera, hay que sumarle la confianza.
Ojalá despertemos, pongamos coraje y anhelo. Nunca será tarde para buscar un mundo diferente y para rebuscar dentro de sí mismo lo armónico. Al verdadero calor de este tiempo de espera, hay que sumarle la confianza.
El espíritu solidario generado en lo más hondo de nuestro interior nos llama a extender los brazos para sobrellevar las necesidades de los otros, que también son las nuestras, lo que nos demanda a luchar contra los flagelos de la pobreza y el hambre.
El alejamiento de la esclavitud a la libertad no es una senda abstracta, sino el primer paso para adentrarnos en nosotros y ver lo que nos circunda. La realidad la hacemos entre todos; por tanto, no neguemos la fraternidad que nos une desde el origen. ¡Respetemos los vínculos!
. Nadie tiene la certeza absoluta para endiosarse. Reconocer los fracasos del ayer, aparte de ser un acto de lealtad y de coraje que nos ayuda a reforzar nuestra debilidad, nos hace capaces y dispuestos para afrontar el aluvión de las mil dificultades de hoy.
El mejor modo de poner en su lugar al ser humano, y de acabar con su pretensión dominadora, es volver con tierno cariño a la madre tierra. Al fin y al cabo, el mejor servicio que podemos prestar a los desolados no es quitarles el peso de la carga, sino infundirles la necesaria energía para renacer.
Formamos parte de una compañía espiritual en la que reina una profunda corriente solidaria. No podemos encerrarnos, pues, tenemos que avanzar y no rendirnos. Mientras hay aliento, tiene que haber ilusión. Dejemos que la imaginación nos ascienda y protejámonos de los vendavales.