Premio Cervantes 2017. Reconocido como una de las voces más importantes de la literatura latinoamericana. Vive en el exilio desde 2021, en España, tras ser desterrado por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Y ahora “el corolario Trump a la Doctrina Monroe”, tal como aparece en el documento Estrategia de Seguridad Nacional, dado a conocer a principios de diciembre: “tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestra patria y nuestro acceso a geografías clave en toda la región…”.
Al escribir, imaginamos en una lengua común, y esa es otra manera de salvar distancias y borrar fronteras. Ser entendido de un país a otro, viajar en las palabras, no importan los muros, porque la lengua ya está del otro lado del río Bravo, en los Estados Unidos, la otra América…
La regla de oro del creador de contenido es apelar a las emociones, igual que hoy en día la regla de oro del populismo de extrema derecha es apelar a las emociones, y no a las ideas. Despertar el miedo al extranjero es una de esas emociones primarias de las que tanto se echa mano.
Cuando al día siguiente las radios de Managua transmitieron los nombres de los muertos, mi tío Gustavo Mercado, que era gerente de una compañía pasteurizadora de leche, creyó escuchar “Sergio Ramírez” en la lista, confusión causada por los nombres de Sergio Saldaña y Erick Ramírez.
Vargas Llosa vuelve en El sueño del celta a un tema tradicional de la narrativa latinoamericana, porque ya antes el novelista colombiano José Eustacio Rivera había llevado a Arturo Cova y a los personajes de su novela La Vorágine de 1924 al infierno de las plantaciones caucheras.
El asunto se vuelve patológico. Los ojos negros vienen a ser una maldición, no para quien los ve bajo la atracción pasional, sino para quien, por uno de esos azares del destino, los tiene.