El cronista y el pelotero
En 1988 un tropel de jóvenes desembarcó en la Universidad Centroamericana (UCA) con la decisión irrevocable de estudiar periodismo. Ese mismo año retorné a las aulas universitarias a mi regreso de México después de culminar mis estudios de Sociología de la Comunicación. Venía cargado de entusiasmo y para mi dicha me topé con un conjunto de alumnos dispuestos hacer méritos en sus estudios. Cada uno traía un sueño dispuesto a convertir en realidad. Durante nuestra primera clase –a mí me habían asignado la responsabilidad de impartir la asignatura de Introducción a la Comunicación- les pregunté qué montaña deseaban escalar.