Servir a Dios más que al dinero
La salvación que nos trae Jesús nos exige procurar estar al lado de lo que son víctimas de nuestra sociedad: los que sufren, los que están solos, los que no son respetados.
La salvación que nos trae Jesús nos exige procurar estar al lado de lo que son víctimas de nuestra sociedad: los que sufren, los que están solos, los que no son respetados.
Nosotros mismos sabemos, por experiencia, la alegría que conlleva el haber dejado todo aquello que estaba perjudicándonos a nosotros mismos o a nuestra familia.
Necesitamos más que nunca deliberar juntos sobre la conversión que hemos de vivir hoy sus seguidores. Sentarnos, para pensar con qué fuerzas hemos de construir el Reino de Dios en la sociedad moderna.
Para Dios no es ni el más grande e importante el que se las echa y vive de pura apariencia. El que busca un puesto o trabajo público para su beneficio personal. El que para alcanzar lo codiciado utiliza la demagogia, la mentira, la corrupción y el engaño.
La vida personal, familiar y social no la construyen los flojos ni los sin ley, ni los que se abandonan en el ocio, ni en los que solo piensan en sí mismos sin ayudar ni comprometerse en nada, ni los que viven de apariencia.
Necesitamos que los que nos llamamos cristianos, no nos avergoncemos de serlo y expresarlo, que no nos lo guardemos para dentro, y que construyamos una Iglesia y unas comunidades cristianas mucho más participativas en comunión, participación y misión