Miguel Erroz Gaudiano


La trampa de los principios impracticables

Los principios y valores democráticos florecen donde actuar bien produce beneficios personales y actuar indebidamente trae repercusiones. Por lo tanto, cuanto más se logre reducir los conflictos de intereses… mayor será el número de personas que actuará bien.

El erróneo concepto de la “falta de valores”

El errado concepto de que individuos faltos de valores son la raíz de la corrupción endémica ha conducido a que la población se enfoque en los individuos y no en las circunstancias o la estructura gubernamental, lo que le otorga carta blanca al sistema hiperpresidencialista y a sus favorecidos.

¿Víctimas o cómplices?

Es cierto que toda persona conserva la capacidad de elegir entre el comportamiento íntegro o el corrupto. Pero ambas conductas pueden ser reforzadas; además, el sistema actual premia la corrupción y castiga la integridad.

Ilegal, pero ¿correcto?

En este clima, las campañas que promueven los valores y otras normas le permitirán a la población darse cuenta de las infracciones que se ve obligada a cometer, pero no modifican su necesidad o derecho de obtener “justicia”.

La farsa continúa

El origen del problema está en el uso de conceptos concebidos para enmascarar y legitimar la estructura gubernamental actual, desorientando deliberadamente a los ciudadanos para que nada cambie. El primer paso será zafarse de sus trampas cognitivas y, después, de las estructurales.

Corrupción: valores, voluntad o tentación

Tal y como lo han demostrado los países con niveles bajos de corrupción, combatirla exige disminuir la tentación a un nivel resistible. Las herramientas para lograr esta tarea existen.