Poco antes de la caída de Somoza Debayle, un 1 de mayo de 1979, multitudes de acarreados de aquel entonces en las llamadas “portátiles”, corearon la nueva consigna: “No te vas, te quedás”, pero la realidad se impuso y el dictador renunció pocos días después, el 17 de junio, y huyó del país.
Aquel era sin duda un cuadro surrealista: el dictador tenía ya “un pie en el estribo”, mientras las multitudes acarreadas en “portátiles” lo vitoreaban e instaban a que se quedara, que no se fuera. Analistas e historiadores han comparado aquel grito con el grito que surgió de las entrañas de la dictadura Ortega-Murillo durante las masivas jornadas de protesta sociales en el 2018: “El comandante se queda”.
Cada dictadura, en cada momento histórico que ha transcurrido en nuestra patria, ha querido simular el apoyo popular y por ende legitimidad con eslóganes como los anteriores. En los años 80 la dictadura sandinista puso de moda el grito: “Dirección Nacional ¡Ordene!”, una invocación a la obediencia ciega a las masas.
Para conmemorar el inicio del año 1981 los sandinistas inventaron un nuevo eslogan: ¡Vencimos, somos libres, jamás volveremos a ser esclavos” y lo combinaron con el de siempre “Dirección Nacional ¡Ordene!”, pero en una manta cruzada sobre la Carretera a Masaya a la altura de la primera entrada a Las Colinas —no sé si a propósito o por ignorancia— se leía así: “Vencimos. Somos libres Jamás. Volveremos a ser esclavos. Dirección Nacional ¡Ordene!” Es decir: era una premonición del futuro, de que volveríamos a ser esclavos, gracias a que estábamos dispuestos a seguir ciegamente las órdenes de la Dirección Nacional del FSLN.
Los fuertes vientos de enero y los chubascos del invierno destruyeron aquella manta. Extrañamente, los dirigentes encargados de la intensa propaganda política no la mandaron a quitar inmediatamente, quizás para “no dar su brazo a torcer”, a pesar de que en LA PRENSA publicamos la foto de aquella insólita manta en Rionsito, sin comentarios, hasta que se cumplió la profecía.
Algo así está ocurriendo ahora con las llamadas “consultas” a las reformas, de las reformas constitucionales donde miles de ciudadanos acarreados han sido llevados contra su voluntad a refrendar el despotismo de un régimen dinástico familiar que pretende sacar de la competencia electoral a todo aquel que se le oponga.
La esclavitud del pensamiento volvió a privar en la nación y todo aquel que se atreva a cuestionar las reformas en las “consultas” sabe muy bien que podría terminar en el Chipote; su único papel es aplaudir.
Los acarreados de hoy no tienen más remedio que callar y ya no se acuerdan, porque en su inmensa mayoría ni siquiera habían nacido, de aquella manta cargada de ironía sobre la Carretera a Masaya, que por sus errores ortográficos vaticinó la llegada de dos dictaduras: la de antes y la de hoy.
La vieja consigna envejeció junto con los dictadores, pero la codictadora Murillo la ha vuelto a esgrimir en el contexto político actual, como si fuera algo nuevo, ya sin los horrores ortográficos que en 1981 le invertían el sentido, pero yo la recuerdo así porque resultó profética: “Vencimos, somos libres jamás. Volveremos a ser esclavos”. ¡Codictadores Ordenen!
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.