El Pacto Providencial y la historia de Nicaragua que se repite

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Se cumple este sábado 12 de septiembre el 170 aniversario del Pacto Providencial de Nicaragua. Así se conoce en la historia nacional el acuerdo político del 12 de septiembre de 1856, firmado por los dirigentes de los partidos liberal y conservador, los únicos de esa época, para unir sus voluntades, fuerzas y esfuerzos en la lucha contra los filibusteros estadounidenses que se habían apoderado del país.

Aquel acuerdo histórico fue llamado providencial, porque se creía que era un milagro que los líderes políticos de ambos bandos cedieran en sus posiciones ideológicas y sus intereses, en favor de una causa patriótica.

Más de un siglo y medio después, el Pacto Providencial es muy poco o nada recordado en Nicaragua, a pesar de que debería ser un eslabón destacado en la celebración de las Fiestas Patrias de septiembre. Sin embargo, y por eso mismo, en LA PRENSA insistimos en conmemorarlo cada año para destacar la inmensa significación que tuvo para lograr la victoria nicaragüense en la Guerra Nacional (1856-1857), y por su valor histórico y político ejemplar para la situación actual de Nicaragua.

Es que la tragedia de la historia política nacional se repite una y otra vez, según reflexionaba el gran filósofo democrático nicaragüense, Alejandro Serrano Caldera (Masaya, 5 de octubre de 1938-Managua, 18 de mayo de 2026). Y se repite, explicaba Serrano Caldera, porque en Nicaragua “los caudillos, el autoritarismo y la concentración de poder se suceden reiteradamente a pesar de las confrontaciones, rebeliones y revoluciones que han caracterizado el desarrollo de los acontecimientos en nuestro país. Porque la reelección, que tanta violencia ha generado sigue siendo una característica que expresa la adicción al poder como una deformación del ejercicio del poder en Nicaragua”.

Así era Nicaragua a mediados del siglo 19 y así ha sido hasta ahora, con breves y ejemplares intermedios de política civilizada, moderna y democrática, como fueron los gobiernos de doña Violeta Barrios viuda de Chamorro y don Enrique Bolaños Geyer.

Conociendo la historia de Nicaragua, se comprende que no fue fácil que el 12 de septiembre de 1856 los liberales y los conservadores se pudieran unir contra los filibusteros de William Walker y acordaran el Pacto Providencial. Pero no se debe olvidar que lo hicieron porque los gobiernos de Costa Rica, El Salvador y Guatemala les pusieron la condición de que solo que firmaran un acuerdo de entendimiento enviarían a sus ejércitos para ayudar a los nicaragüenses.

En la actualidad, el pueblo nicaragüense vuelve a sufrir la opresión y la represión de los filibusteros, solo que ahora son nativos disfrazados de nacionalistas, y no extranjeros como a mediados del siglo 19. Y otra vez para la liberación de Nicaragua se necesita tanto el entendimiento de los grupos políticos criollos como el apoyo externo.

A eso se debe la gran expectativa que se ha creado ante lo que podrían decidir los cancilleres de las Américas, que se reunirán en los próximos días para examinar la crisis política de Nicaragua y la amenaza de la dictadura de Ortega y Murillo a la seguridad democrática hemisférica.

Para concluir, y volviendo a Alejandro Serrano Caldera, ojalá que por fin se pudiera entender su prédica de que es necesario transformar la cultura política nacional para no seguir repitiendo la historia trágica de Nicaragua. De lo contrario, advertía el sabio nicaragüense, “seguiremos generando los gobiernos que han ensombrecido la ruta de la historia nicaragüense, y contra los cuales se ha levantado muchas veces nuestro pueblo, para ver luego marchita la esperanza de un cambio verdadero que sustente la libertad y la democracia, y para dolorosamente, ver surgir de las cenizas de la dictadura anterior, los signos de una nueva dictadura”.

La historia y la cultura política se interrelacionan y condicionan una a la otra. De allí que para cambiar la cultura política sea necesario conocer la historia nacional y aprender sus lecciones. Como la del Pacto Providencial de 1856 y la de por qué, 170 años después, Nicaragua está avasallada otra vez por los filibusteros, con la diferencia de que ahora son nicaragüenses.

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