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El asesinato de una niña de cuatro años presuntamente a manos de su propia madre no solo dejó una profunda herida en el municipio de Ticuantepe. También abrió una división de opiniones que continúa tres semanas después de los hechos. Entre quienes recuerdan a Angélica María Mairena López, de 31 años, como una mujer dedicada a su hija y quienes consideran que nada justifica el crimen, la comunidad intenta encontrar respuestas mientras el caso avanza en los juzgados de Managua.
El crimen ocurrió el 18 de agosto en la comunidad rural Denis Larios, aproximadamente un kilómetro al sur de donde fue la terminal de buses de este municipio. Angélica Mairena se encontraba junto a sus dos hijos, la niña de cuatro y un niño de siete años. Según la acusación divulgada por medios oficialistas, la mujer habría aprovechado el momento a solas para ejecutar el plan.
Transcurrió la tarde y al caer la noche, presuntamente, Angélica Mairena mantuvo distraído a su hijo mayor. Lo llevó a la sala de la casa, le puso un videojuego de Nintendo y aumentó el volumen del televisor. Posteriormente, se dirigió a una habitación donde habría preparado un balde plástico con agua que ocuparía para ahogar a su hija.
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Inocente, la pequeña se encontraba jugando en el patio. Entonces la llamó. La invitó presuntamente a que entrara al cuarto para jugar con una piraña (prensapelo) que se encontraba dentro del balde y ella obedeció sin imaginar que serían sus últimos momentos de vida. Según la Fiscalía, la madre sujetó a su hija por la cabeza sumergiéndola en el agua y no la soltó hasta que la menor dejó de resistir.
Desde aquel día, la noticia de que una madre, a quien muchos atribuían y siguen atribuyendo presuntos problemas psicológicos, habría acabado con la vida de su propia hija, se propagó rápidamente por Ticuantepe. En este municipio de poco más de 40 mil habitantes, siguen dividiéndose las opiniones y dejando preguntas sin respuesta entre quienes conocían a la acusada y a su familia.
División de opiniones
Quienes compartieron con Angélica la recuerdan como una mujer reservada, tranquila y dedicada a sus hijos.

Una predicadora católica que conoció a Angélica desde su infancia afirma que siempre la vio como una niña aplicada y de carácter sereno, proveniente de una familia de profundas convicciones religiosas. «Todavía me cuesta creer lo que ocurrió», expresa, al tiempo que lamenta que temas relacionados con la salud mental no reciban mayor atención en la sociedad.
Para ella, la tragedia representa una combinación de dolor y desconcierto que aún no logra comprender, pues muchos aseguran que la joven atravesaba problemas psicológicos. Incluso, varios vecinos consultados por LA PRENSA insisten que la acusada atravesaba episodios de depresión y problemas emocionales que se habrían agravado tras la ruptura de su relación de pareja.
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Dos vecinas señalaron que, antes del crimen, conocían versiones sobre tratamientos médicos y crisis personales que habrían afectado a la joven durante los últimos meses. Sin embargo, estas percepciones contrastan con los resultados de las evaluaciones psiquiátricas incorporadas posteriormente al proceso judicial.
Medicina Legal descarta trastorno mental
Durante la audiencia inicial celebrada el pasado 2 de septiembre, la Fiscalía presentó una evaluación del Instituto de Medicina Legal (IML) que confirmó que Angélica Mairena se encuentra en buen estado de salud mental y no presenta alteraciones psiquiátricas. Por tal razón, la jueza Karen Chavarría, titular del Juzgado Noveno de Distrito Penal de Audiencia, remitió la causa a juicio por el delito de parricidio.
Sin embargo, un familiar cercano confiesa que ciertamente Angélica ha enfrentado situaciones difíciles relacionadas con su salud emocional y que incluso habría atentado contra su vida en el pasado.

Según esa versión, quienes la conocían consideran imposible asociar la imagen de madre cariñosa que proyectaba con el hecho por el que hoy es procesada y que su familia lamenta.
«Los que la conocemos sabemos que ella era bastante reservada y que en su sano juicio nunca le hubiera hecho daño a su bebé», manifiesta.
Otros piden justicia
Asimismo, las vecinas consultadas describen a la madre de Angélica como una mujer devastada por la pérdida de su nieta y por la situación de su hija.
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A tres semanas del hecho, en la comunidad abundan las explicaciones, teorías y especulaciones sobre las razones que pudieron desembocar en la tragedia, aunque ninguna ha logrado responder la pregunta que muchos continúan haciéndose: ¿qué ocurrió realmente en la mente de una mujer que, según quienes la conocían, mostraba cariño y atención permanente hacia sus hijos?
Ante este escenario doloroso, otras personas consultadas consideran que las circunstancias personales no disminuyen la gravedad de lo ocurrido y sostienen que la prioridad debe ser la búsqueda de justicia para la niña. Entre este grupo prevalece la idea de que ninguna madre debería causar daño a sus hijos, independientemente de los problemas que enfrente.
«En realidad, quienes vivimos cerca de la comunidad, quedamos anonadados. Es algo sorprendente imaginar qué podía tener en su corazón o qué se le cruzaba por su mente para hacer ese daño a su hija», señala una comerciante de este municipio.

«Lo que he escuchado en el colegio es que no estaría mal que le cayera la pena máxima, sobre todo porque algunas somos madres y no toleramos el sufrimiento de la niña, quien no tenía ninguna culpa», reclama una maestra de la localidad.
Juicio programado
El proceso judicial en contra de Angélica Mairena continuará el próximo 2 de octubre, que dará inicio la audiencia de juicio oral y público.
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De acuerdo con información divulgada por medios oficialistas, la Fiscalía propuso como testigos a la madre de la procesada, quien presuntamente declarará que su hija también fue evaluada por un psiquiatra privado y que, según esa valoración, tampoco presentaba problemas de salud mental.
Además, estaría presente como testigo el hermano de la acusada, quien, de acuerdo con la acusación, llegó a la vivienda y encontró sin vida a la menor.