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El dictador Daniel Ortega ya sumó 19 años consecutivos en el poder desde su retorno en 2007 y se consolidó como el segundo mandatario con mayor permanencia en la presidencia en América Latina durante los últimos 50 años, solo por detrás de Fidel Castro en Cuba. Y como si fuera poco, estaría convirtiendo a Nicaragua en el país con el mandato presidencial más extenso de la región mediante una nueva reforma constitucional impulsada por el oficialismo que elevaría de cinco a siete años el período presidencial.
La modificación rompe con la tendencia predominante en América Latina, donde los períodos presidenciales oscilan entre cuatro y seis años. De acuerdo con un análisis del Centro de Estudios Multidisciplinarios de Relaciones Internacionales (CEMERI), publicado en 2022 y actualizado un año después, la mayoría de los países de la región mantienen mandatos de cuatro o cinco años, mientras que México y Venezuela han sido históricamente las únicas naciones con períodos de seis años.
Para expertos consultados por LA PRENSA, esta medida de Ortega «no puede entenderse como un simple cambio de calendario», sino como «una estrategia para convertir el poder público en patrimonio de la dictadura familiar Ortega-Murillo», es decir, «están prolongando el secuestro del Estado».
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Hasta antes de la primera reforma constitucional de 2025, Nicaragua figuraba junto a Cuba, Bolivia, El Salvador, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay entre los países con presidencias de cinco años. Sin embargo, desde hace casi dos años el dictador se recetó un año más en el poder y aprovechó a nombrar oficialmente a su esposa Rosario Murillo como «copresidente».
Desfilan mandatarios en la región, pero Ortega no se mueve
Estos constantes cambios en el periodo presidencial, ha ocasionado que en los 19 años que Ortega lleva ininterrumpidamente en la Presidencia tras eliminar en 2014 los límites para la reelección, América Latina ha visto desfilar decenas de mandatarios, cambios de signo ideológico y alternancias democráticas. Nicaragua, en cambio, continúa bajo el mismo gobernante, que ahora además impulsa un período presidencial más largo que el de cualquier otro país de la región.
En Argentina se han sucedido los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei; en Brasil han pasado Luiz Inácio Lula da Silva, Dilma Rousseff, Michel Temer, Jair Bolsonaro y nuevamente Lula; en Chile gobernaron Michelle Bachelet, Sebastián Piñera, Bachelet por segunda vez, Piñera en un nuevo mandato, Gabriel Boric y actualmente José Antonio Kast.

En Colombia transitó Álvaro Uribe a Juan Manuel Santos, Iván Duque, Gustavo Petro y actualmente Abelardo de la Espriell; mientras que México vio pasar a Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y ahora Claudia Sheinbaum. En Venezuela desfiló Hugo Chávez, Nicolás Maduro y ahora Delcy Rodríguez; mientras en Uruguay pasaron Tabaré Vázquez, José «Pepe» Mujica, nuevamente Tabaré Vázquez, Luis Lacalle Pou y actualmente Yamandú Orsi.
En tanto, Paraguay tuvo a Nicanor Duarte Frutos, Fernando Lugo, Federico Franco, Horacio Cartes, Mario Abdo Benítez y actualmente a Santiago Peña. El caso más extremo es Perú, donde ocho presidentes han ocupado el cargo desde 2007, reflejando una constante inestabilidad política.
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En el caso de Centroamérica, Panamá ha tenido a Martín Torrijos, Ricardo Martinelli, Juan Carlos Varela, Laurentino «Nito» Cortizo y actualmente José Raúl Molina; en Costa Rica desfilaron Óscar Arias Sánchez, Laura Chinchilla Miranda, Luis Guillermo Solís Rivera, Carlos Alvarado Quesada, Rodrigo Chaves Robles y actualmente Laura Fernández Delgado. En el caso de Honduras han pasado Manuel Zelaya, Roberto Micheletti, Porfirio Lobo Sosa, Juan Orlando Hernández, Xiomara Castro y actualmente Nasry Asfura.
En Guatemala gobernaron Óscar Berger, Álvaro Colom, Otto Pérez Molina, Alejandro Maldonado, Jimmy Morales, Alejandro Giammattei y actualmente Bernardo Arévalo. Por su parte, El Salvador vio pasar a Elías Antonio Saca, Mauricio Funes, Salvador Sánchez Cerén y actualmente a Nayib Bukele.

Chamorro: reforma busca prolongar los tiempos políticos del régimen
Para Juan Sebastián Chamorro, exaspirante presidencial y uno de los opositores nicaragüenses desterrados por el régimen sandinista, la ampliación del mandato presidencial responde a una estrategia política más que a una necesidad institucional. Según consideró, la medida resulta aún más significativa en una región donde decenas de presidentes han llegado y salido de sus cargos mediante procesos de alternancia democrática, con excepción de Cuba y Venezuela.
«Esta es una movida estrictamente táctica de simplemente alargar el período para coincidir con el final de la administración Trump. Lo veo más como una estratagema política que como algo que vaya a consolidar más poder», afirmó.
No obstante, para el politólogo y desterrado nicaragüense, Félix Maradiaga, el «problema fundamental no es si un presidente gobierna cuatro, seis o siete años: es si los ciudadanos pueden sustituirlo mediante elecciones libres». Por ello, consideró que «en Nicaragua, la ampliación se suma a la reelección indefinida, la subordinación absoluta de las instituciones y la persecución de los adversarios».
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Incluso, Chamorro coincidió con Maradiaga y señaló que el oficialismo ya controla las principales instituciones del Estado, por lo que la reforma no representa un nuevo nivel de concentración de poder, sino una forma de reducir la frecuencia de procesos electorales.
Sobre la posibilidad de una transición democrática, Maradiaga afirmó que no existen «señales de una apertura voluntaria» debido a que «estas reformas apuntan precisamente en sentido contrario». Además, recordó que para lograr la salida de Ortega se «exige coordinación opositora, presión interna, presión internacional sostenida y condiciones que permitan a distintos sectores romper con el régimen sin confundir justicia con revancha».
Solo Fidel Castro supera a Ortega
Asimismo, Chamorro dijo que el trabajo de la oposición y la comunidad internacional se sigue impulsando para lograr una eventual transición democrática para Nicaragua. «No creo que esto (de la nueva reforma a la Constitución) vaya a prolongar su estancia en el poder», insistió.

Esta nueva ampliación del período presidencial coincide con un nuevo hito para Ortega, quien acumula casi dos décadas al frente del Ejecutivo nicaragüense. Esto lo ha convertido en el mandatario con más años en el poder en América Latina durante el último medio siglo, únicamente superado por el fallecido Fidel Castro, quien dirigió Cuba durante más de tres décadas.
Para Maradiaga, su longevidad no es una credencial de legitimidad, sino que «evidencia hasta dónde ha cerrado las posibilidades de alternancia» y que el costo será siempre la violación a los derechos de los nicaragüenses y la capacidad de un dictador de decidir el futuro de una nación.
«Nicaragua no necesita un gobernante que dure más; necesita instituciones que ningún gobernante pueda someter. Nuestra tarea es impedir que el futuro de toda una nación quede reducido a la sucesión de una familia», demandó.
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Otros líderes de izquierda que marcaron la política regional en las últimas décadas, después de Castro y Ortega, fueron los izquierdistas Hugo Chávez, con 14 años en la presidencia de Venezuela; Evo Morales, con casi 14 años al frente de Bolivia; Nicolás Maduro, con 11 años en el poder; y Luiz Inácio Lula da Silva, quien suma alrededor de una década como presidente de Brasil.
OEA sobre Nicaragua
Recientemente, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Albert Ramdin, urgió a los cancilleres del hemisferio a presionar más al régimen de Ortega, tras la decisión de modificar nuevamente la Constitución Política.

Esta reforma constitucional no solo alarga el período presidencial en Nicaragua, sino que también elimina las elecciones competitivas, porque impide que participen en el proceso los que ellos consideran «traidores de la patria».
De acuerdo con este delirante plan, Ortega junto a Murillo, de 80 y 75 años, respectivamente, estarían listos para asumir al año siguiente otro período de siete años. En 2036, los dictadores sumarían casi 30 años al mando de Nicaragua.