Dictadura de Ortega y Murillo provoca a la comunidad democrática hemisférica

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Daniel Ortega y Rosario Murillo aprobaron este martes 1 de septiembre la reforma constitucional que confirma la abolición definitiva de elecciones libres y competitivas, y reafirma el carácter totalitario de su dictadura. La aprobaron en primera instancia, y de acuerdo con la formalidad procedimental la aprobarán definitivamente en segunda instancia, al comenzar el próximo año.

Pero la verdad es que desde 2006, cuando mañosamente Daniel Ortega ganó la elección presidencial que le permitió recuperar el poder, ya no hubo más elecciones competitivas en Nicaragua. Además, desde mucho antes de que se aprobaran las nuevas y espurias reformas constitucionales, la nueva dictadura sandinista ya había derivado hacia el totalitarismo.

Lo interesante es que con la aprobación formal de la reforma constitucional totalitaria, Ortega y Murillo están provocando a la comunidad democrática interamericana, en particular al Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.). Y lo hacen en vísperas de una reunión extraordinaria de cancilleres de la OEA, convocada precisamente a propuesta de EE. UU. para considerar la crisis política de Nicaragua y aprobar las medidas que se estimen convenientes.

La verdad es que no debe ser por casualidad que Ortega y Murillo adelantaron la aprobación formal y pública de sus reformas constitucionales. Las habían anunciado para las Fiestas Patrias del 14 y 15 de septiembre. Después para el 21 de septiembre, aniversario del asesinato del dictador liberal Anastasio Somoza García. Pero finalmente adelantaron el anuncio para el martes 1 de septiembre, un día antes de la celebración del Día del Ejército, en el que la dictadura exhibirá su poder militar y los altos mandos castrenses ratificarán su obediencia incondicional a los codictadores.

Al contrario de lo que especulan algunos analistas políticos opositores, Ortega y Murillo están demostrando que no le tienen miedo a EE. UU., y menos a la OEA y más bien los provocan radicalizando las medidas dictatoriales. Al parecer los codictadores creen que mientras el presidente Donald Trump no se ocupe personalmente de ellos, comenzando por mencionarlos, EE. UU. no pasará de declaraciones del Departamento de Estado y sanciones individuales y superficiales.

De manera que habrá que esperar un poco para ver cuál y cómo será realmente la respuesta de EE. UU. y la comunidad hemisférica ante el nuevo y mayor reto totalitario de Ortega y Murillo.

Por de pronto, el Gobierno de EE. UU. reaccionó con una declaración del secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, en la que advierte: “Las dictaduras que niegan los derechos inalienables de sus ciudadanos no deberían disfrutar de los mismos beneficios económicos o políticos que los gobiernos comprometidos con la defensa de la paz y la seguridad hemisféricas”. Y agrega que “Estados Unidos insta a los socios internacionales a detener inmediatamente las operaciones habituales de esta brutal dictadura. La guerra de Murillo y Ortega contra la democracia amenaza la estabilidad y prosperidad de nuestro hemisferio”.

Por su parte, el secretario general de la OA, Albert Ramdin, aseguró que lo de Nicaragua es una “tragedia política” de repercusiones hemisféricas y dijo que “el hemisferio debe pasar de las declaraciones a propuestas concretas y acciones coordinadas”. Pero reiteró que serían “para que contribuyan, por medios pacíficos, a crear las condiciones para el diálogo y una transición hacia una democracia plena. Debemos ayudar a crear las condiciones para que Nicaragua recupere el espacio democrático, libere a los presos políticos, proteja los derechos humanos y trace una hoja de ruta hacia elecciones libres, creíbles y accesibles para todos. El futuro de Nicaragua debe ser decidido por los propios nicaragüenses y en beneficio de su pueblo”.

Sin duda que son hermosas intenciones, pero Ortega y Murillo están diciendo con hechos que no están dispuestos a ceder nada, ni por las buenas ni por las malas, y que el lenguaje de la fuerza es el único que ellos hablan y entienden.

De todas maneras, hay que esperar unos días para conocer qué acciones políticas, diplomáticas y materiales, unilaterales y colectivas, podrán ser aprobadas en la reunión extraordinaria de cancilleres. O si será otra gran desilusión para el pueblo nicaragüense, que para liberarse de la dictadura necesita de manera apremiante el apoyo real y efectivo de la comunidad democrática internacional.

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