/ Anne C. Sibert

Islandia pertenece a la zona euro

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El 29 de agosto, Islandia celebrará un referéndum sobre la reanudación de las negociaciones para su adhesión a la Unión Europea. ¿Deberían los islandeses votar “sí”?

Como miembro del Espacio Económico Europeo, del Espacio Schengen y de la Asociación Europea de Libre Comercio, Islandia ya disfruta de la libre circulación de bienes, servicios, personas y capitales que ofrece la UE. Aplica las mismas normas regulatorias a su sector financiero que los Estados miembros de la UE, y tanto los islandeses como los visitantes pueden viajar por la mayor parte de Europa sin necesidad de control de pasaporte.

Sin embargo, Islandia no participa en la toma de decisiones de la UE; está exenta de la Política Agrícola Común (PAC) y la Política Pesquera Común (PPC) de la UE; y conserva su propia moneda. Si Islandia, con sus aproximadamente 400,000 habitantes, se uniera a la UE, tendría un asiento en el Consejo Europeo, donde su voto tendría el mismo peso que el de los países más poblados de la UE.

No es un asunto menor. Al ser un país con poca población, tendría escaso poder para bloquear las decisiones ordinarias de la UE. Pero en muchas cuestiones que los Estados miembros consideran delicadas, el Consejo Europeo exige unanimidad.

Por supuesto, la obligación de adherirse a la PAC es una desventaja, y los islandeses ven la PPC como un serio obstáculo. El país estaría sujeto a cuotas de pesca y normas de gestión pesquera determinadas por la UE, y tendría que aceptar el acceso compartido a ciertas aguas. Su industria pesquera y sus comunidades podrían sufrir pérdidas significativas. Sin embargo, dado que la ubicación estratégica de Islandia la convierte en un país valioso para la UE, tiene cierto poder de negociación, y algunos ya han sugerido que las negociaciones de adhesión podrían resultar en una exención de la PPC.

Además, unirse al euro ofrece numerosas ventajas, siendo la principal una mayor estabilidad financiera. Esto es crucial para cualquier banco central, ya que las crisis, o incluso la mera incertidumbre, derivadas de la inestabilidad financiera, imposibilitan el logro de los objetivos monetarios. Sin un prestamista de última instancia y un creador de mercado de última instancia eficaces, incluso los sistemas bancarios fundamentalmente sólidos pueden colapsar debido a corridas bancarias o perturbaciones de liquidez.

Dada su capacidad para crear moneda nacional, el banco central se encuentra en una posición privilegiada para desempeñar estas funciones de último recurso, pero solo si los préstamos que necesita otorgar y los activos que necesita adquirir están denominados en su moneda. Si la mayor parte de los activos y pasivos del sistema bancario están denominados en moneda extranjera, carece de poder. El ejemplo paradigmático de lo que puede salir mal es la propia crisis bancaria de Islandia en 2008.

El problema persiste. El sistema bancario islandés se ha reducido —sus activos representan aproximadamente el 127 por ciento del PIB islandés (frente al 900 por ciento a principios de 2008)— y está sujeto a una regulación más estricta. Sin embargo, no existen controles de capital y los bancos tienen importantes pasivos a largo plazo denominados en moneda extranjera. Si Islandia se une a la eurozona, el sistema europeo puede actuar como prestamista y creador de mercado de última instancia, evitando así otra crisis. Para un país con un sistema bancario de actividad internacional, esto por sí solo podría ser razón suficiente para unirse a la UE.

La adhesión a la eurozona también le daría a Islandia acceso al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE), que proporciona préstamos a bajo costo a países que atraviesan graves dificultades económicas como parte de un programa de ajuste macroeconómico. Ofrece asistencia financiera para la recapitalización de bancos con problemas y una línea de crédito preventiva para los Estados miembros de la eurozona con una situación financiera sólida. Además, puede actuar como creador de mercado de última instancia comprando bonos soberanos de los países miembros cuando la liquidez se agota.

La adopción del euro conlleva posibles inconvenientes. Islandia perdería su capacidad para implementar una política monetaria y utilizar el tipo de cambio como amortiguador de crisis. Actualmente, si Islandia sufre una crisis que requiere salarios reales (ajustados a la inflación) más bajos, la depreciación del tipo de cambio lo consigue de inmediato. Sin un tipo de cambio independiente, los ajustes salariales nominales pueden ser lentos y provocar distorsiones en los precios relativos. La política monetaria uniforme de la eurozona podría no ser adecuada para Islandia si las crisis externas a las que se enfrenta no están correlacionadas positivamente y si su ciclo económico no está sincronizado con el de la eurozona en su conjunto.

Al evaluar estas disyuntivas, es importante reconocer que las perturbaciones no son independientes del régimen cambiario. Por ello, la pertenencia a la eurozona debería reducir las perturbaciones asociadas a la inestabilidad financiera, haciendo que el coste de la pertenencia sea menor de lo que sugieren los datos históricos.

Consideremos un informe reciente sobre las opciones de Islandia, elaborado por el Ministerio de Finanzas. En él se elogia el papel estabilizador de un tipo de cambio independiente, destacando su efecto beneficioso tras las quiebras bancarias posteriores a 2008. Sin embargo, es posible que esa crisis nunca se hubiera producido si Islandia hubiera pertenecido a la eurozona. Si Islandia adopta el euro, su economía podría volverse gradualmente más flexible y asemejarse más a la de la eurozona, al tiempo que se podrían mitigar futuras crisis. Mientras la relación deuda pública/PIB se mantenga moderada, Islandia dispone de los medios para utilizar la política fiscal y responder a las crisis y fluctuaciones.

Al mismo tiempo, un tipo de cambio independiente podría ser menos un mecanismo de ajuste y más una fuente y amplificadora de perturbaciones. Las burbujas, las modas pasajeras, la euforia irracional y un sinfín de otros fenómenos pueden provocar desajustes importantes y persistentes en los tipos de cambio, y las economías muy pequeñas tienen poca capacidad para contrarrestarlos. De los dos miembros nórdicos de la UE que han conservado sus propias monedas —Dinamarca y Suecia—, incluso el más pequeño (Dinamarca) tiene una población casi 15 veces mayor que la de Islandia y un PIB casi 12 veces mayor.

Más allá de cualquier otro beneficio que pueda aportar la pertenencia a la UE, los islandeses deberían aceptar que no tiene sentido económico que un país tan pequeño como el suyo tenga su propia moneda.

Los autores, Willem H. Buiter es ex economista jefe de Citibank y exmiembro del Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra, asesor económico independiente; Anne C. Sibert es profesora emérita de Economía en Birkbeck, Universidad de Londres, fue miembro externa del Comité de Política Monetaria del Banco Central de Islandia entre 2009 y 2012.

Copyright: Project Syndicate, 2026.
www.project-syndicate.org

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