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Decía el doctor Simeón Rizo Gadea, el llamado “apóstol del liberalismo”: “A como las meretrices, los políticos deben retirarse de sus oficios, a cierta edad muy adulta”.
Me apresuro a entender que esta mordaz observación es aconsejable para los dirigentes entrantes en forma contemporánea, pues es una intención de evolucionar el criterio para la sanidad institucional, y por ende las nuevas ideas de honrar el concepto de república.
No hay registro en los anales de la historia, de un mandatario de avanzada edad por caudillo y dictador que precediera a Daniel Ortega. Los memorables no alcanzaron la séptima década, y es porque les tocó derrocamiento, magnicidio y dimisión. Y de estas tres soluciones, ninguna alcanza al tirano del sandinismo, por más que engorde la oclocracia y lo patológicamente terrible, la mutilación de lo que ha quedado del contrato social.
Daniel Ortega, es sin duda el demonio mimado por la providencia, es escalofriante admitirlo. No le ha brotado la joroba de la criminalidad, por la que cargue la pena máxima; se le ha visto defectuoso, se le ha condenado, se le ha denunciado, se le tiene el más significativo desprecio, y en lo sensitivo del alma nicaragüense, se le desea el juicio por el que debamos concebir el goce de la justicia. Aún así, no se asoma ni un poco la negociación directa de la Casa Blanca en la que otro Lawrence Pezullo, ipso facto le haga abdicar. Los esfuerzos por imposibilitarlo es de crónica impotencia, el método del civismo es de frágil razón, porque no emerge de una base sólida; lamentablemente al pueblo de Nicaragua se le entiende esta herida, pues la convocatoria popular de nacionalismo no nació de una estructura colegiada o de partidos políticos, los que bien tuvieron allanadas las oportunidades para mandar a Daniel Ortega al banquillo de los acusados o en 2018, responsabilizarse de los daños a la confianza ciudadana con sacrificar los curules. A la ciudadanía oprimida no le afectaría en lo absoluto la extinción de los partidos piara, pues no son sirvientes, son serviles.
La Revolución, que llevada a una constituyente de 1984 su prospecto presidencial fue Daniel Ortega, quien mantuvo el poder al filo del caos y la guerra, para definir en 1987 su aprobación pero bajo el dogma venenoso del marxismo leninismo. De esta raíz, en lo interno del sandinismo no ha habido más candidato presidencial que el susodicho. Para mí, como joven nacido de la posguerra, eso está fuera de mi entendimiento; se supone que es la juventud la primera en disentir los malos hábitos tradicionales de políticas obsoletas. La triste realidad es que las juventudes en Nicaragua nunca han jugado un papel civil, sino que se han reducido a los básicos derechos de existencialismo; en tres décadas que la sumisión juvenil ha sido una carga menos para el dictador, y así, a su voluntad despejar el camino, debilitar detractores, inhibir y purgar críticos internos y asesinando rivales presidenciables. No hallo otra forma que llamarle a esto que poder papalista. La Revolución Sandinista emergió con un jerarca, al que nada ni nadie puede ni debe configurar. Y esa condición papal, se confirma hoy en tres facetas: la senectud imperando hasta la muerte, vital candidatura única y ahora la tiránica abolición de elecciones que desde 2011 han sido no más la comedia de la corruptela.
Nada aislada del geocomunismo es esta ignominiosa forma monárquica. Apartando la tradición dinástica de Corea del Norte, su ridícula legislación es gemela de la piara de Nicaragua y de manera expresa Cuba, la auténtica prisión papal, llamándose república al ara del absolutismo feudal.
No obstante, me aterra la relajada asistencia del gobierno de los Estados Unidos para con Nicaragua. La gran nación inquebrantable de plenos poderes, acusa levemente desde la Secretaría de Estado, el perjuicio que representa la dictadura como amenaza al tesoro nacional, y agregando la imploración que le hemos reiterado a socorrernos con cuatro comisiones pertinentes: la diáspora dispersa en el exilio con actividad beligerante, el clásico Partido Liberal Independiente (PLI) que defenestrado hace denuncia a conocimiento de causa en suelo estadounidense, la sociedad civil que, aunque callada ahora, denunció con firmeza y categoría a la dictadura y con mayor muestra de empatía, el grito silencioso y llanto aterrado de los sufrientes sin horizonte más allá de sus fronteras. ¿Por qué no actúa, tal y como lo hizo con la Nota Knox? ¿Por qué el general Emiliano Chamorro en obediencia de sus principios, tuvo que dimitir al no ser reconocido, cuyo motivo fue por golpista? ¿Por qué todo el brazo izquierdo lo ofrendó el presidente Carter? ¿Por qué todo el brazo derecho lo dispuso el presidente Reagan? ¿Por qué el presidente Trump tan solo castiga con paños tibios?
Las razones por las que Estados Unidos no actúa en proporción a nuestro socorrismo, me son ambiguas. Tanto que Nicaragua es un criadero de gamonales, lo ha sido también para la solución alterna de intervención, con el cuidado de no irrumpir la soberanía, pues desconozco abusos de intromisión coercitiva. Soy incrédulo para tener en cuenta que sería costosa la provocación de resistencia prolongada, y que Estados Unidos sea llevado a la Corte Penal Internacional, en caso de que se incremente la crisis migratoria como la de muertes subversivas. ¿Qué es Nicaragua ahora para Estados Unidos, a la par del Oriente Medio o mejor aún de Venezuela? Venezuela goza ya de que a su dictador le hayan puesto en su lugar. Pero la vox populi venezolana no es nada consecuente al tributo de destronar a un dictador, ya que la resonancia común en nuestros tiempos, es encajar con la trillada opinión de “Estados Unidos interventor”. En lo más sensato de nuestras conciencias, esto es ser mal agradecido.
¿De cuándo acá Nicaragua dejó de ser un patio estratégico, si es esa la razón que se deduce tras la captura y aprensión de Nicolás Maduro? Por más que la facultad de mi raciocinio mantenga lógicas históricas sobre las cláusulas, me es imposible secundar el necio argumento de: Es que Nicaragua, no tiene petróleo…
En el primer cuarto del pasado siglo, el café y el cacao pasaron al plano secundario de producción económica para Venezuela, el petróleo venezolano se impuso como la primera materia prima en generar progreso auto-sostenible a gran escala de explotación comercial con Estados Unidos. La estrategia vital para sus relaciones bilaterales, el proveedor del crudo, adquiriendo la manufactura de un comprador de potencial garantía; y que, con la entrada de Hugo Chávez al poder, sufrió un punto de inflexión en el que tristemente la divisa nacional colapsó como daño irreversible.
¿Y entonces? ¿En qué parte me debo hacer resentido social, para condenar y desafiar a los Estados Unidos de Norteamérica, al saber que nunca se adueñó del preciado hidrocarburo, patrimonio de Venezuela?
Si bien es cierto Nicaragua no es nada estratégico como para que Estados Unidos, retome a priori su postura intervencionista, porque el monarca del sandinismo no le ha dado motivos comerciales, cuyas consignaciones en el pasado fueron de impecable cordialidad pero de celoso convenio. He aquí el detalle cuando no hay hegemonías contractuales, y Venezuela por evidencia de su patrimonio natural, es claro que Estados Unidos desearía regresar a los tratados de entero convenientes.
El autor es poeta y declamador, actualmente en el exilio.