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En estas mismas páginas, el pasado viernes 31 de agosto el periodista y político Pedro Joaquín Chamorro Barrios compartió con los lectores de LA PRENSA las vicisitudes de dos escritorios heredados de su querido padre, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Además del relato muy ameno, por cierto, bien podríamos decir que dichos escritorios son parte de la historia de nuestra Nicaragüita, pues la verdad es que no se puede escribir la historia de Nicaragua sin la mención de la familia Chamorro.
Conocí al licenciado Chamorro Barrios en sus tiempos de director de la Resistencia Nicaragüense. En esa época yo tuve el honor de colaborar con el doctor Arturo Cruz Porras quien también era miembro del directorio político de la contra, durante ese tiempo tuvimos una corta pero amistosa relación y pude conocer su calidad humana y su amor a su familia y a su tierra.
Dicho esto, me quiero referir a la máquina de coser a pedal marca Singer de mi Tita (mi tía abuela paterna), Margarita Miranda Flores. Con ella pasé varios años de mi juventud y por alguna razón del destino marcó mi vida para siempre. La máquina de mi Tita no tiene la alcurnia de los escritorios de Pedro, pero con ella cosía vestidos de niña y los entregaba en el antiguo Mercado San Miguel que desapareció con el terremoto del 72.
Recuerdo, como si fuera hoy, nuestros recorridos por el mercado, después de entregar los vestidos me compraba Cusnaca, nos tomábamos un delicioso pozol con leche y como siempre me ha gustado la panadería tradicional, comprábamos para llevar unos deliciosos picos y pañuelitos creo que se llamaban. Cuando ella murió heredó la máquina una empleada que mucho la quería, la cual también ya falleció así que le perdí la pista a la máquina, pero sigue imborrable en mis recuerdos ya que a mí me tocaba limpiarla y aceitarla para que siempre estuviera al tiro, pues era la que nos daba de comer.
Otro recuerdo que atesoro en mi memoria eran los escritos de mi padre, Guillermo Antonio Miranda López, en LA PRENSA. Él fue por muchos años gerente de ventas de Gallo y Villa (ferretería de mucho prestigio y éxito de la época) y pertenecía a Evemenic (Asociación de Ejecutivos de Venta y Mercadotecnia de Nicaragua), una organización civil sin fines de lucro que fue fundada y dotada de personalidad jurídica en febrero de 1968 con sede en Managua. Pues mi padre tuvo esa columna por años y guardaba los recortes. Recuerdo que era una columna que gustaba no solo a los del gremio, sino que también a personas que la leían por lo amena que era, creo que por allí me viene la veta de escritor. La verdad no sé qué fin tuvo la colección de recortes y siempre he querido preguntar en LA PRENSA si es posible recuperar por lo menos uno que otro escrito, pero hasta la fecha no lo he hecho.
Para finalizar, creo que en toda familia hay uno que otro recuerdo importante en la vida familiar y que más de uno de sus miembros debe atesorarlo o recordarlo con afecto. A propósito, recuerdo también que en la familia Fonseca, apellido paterno de la esposa de mi padre (mi segunda mama) tenían un virgen la que celebraban todos los años, era la purísima más sonada del barrio, con la orquesta filarmónica, cohetes cargacerradas, se repartía chicha, gofios, gorras en fin era todo un acontecimiento. Hasta donde sé la virgen viajó hasta San Francisco California y ahora la tiene alguien de la familia Fonseca, prometo preguntarle a Argentina, así se llama, aunque todos en la familia le dicen Tinita.
El autor es analista político y exmiembro de la Resistencia Nicaragüense.