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Este miércoles 5 de agosto se reunirá el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), convocado por Estados Unidos (EE. UU.), que resolverá llamar o no a una reunión extraordinaria de consulta de los cancilleres de los Estados miembros de la OEA, para discutir sobre el agravamiento de la dictadura de Nicaragua y disponer qué medidas se puede o debe tomar contra ella.
Esta solicitud de una reunión extraordinaria de cancilleres es consecuencia de la declaración de Daniel Ortega el pasado 19 de julio, de que su régimen ha cerrado cualquier posibilidad de elecciones libres y competitivas en Nicaragua, a fin de impedir para siempre que la oposición pueda acceder al poder político por la vía electoral.
Inmediatamente después de la delirante declaración de Ortega, la dictadura comenzó a preparar una nueva reforma de su espuria constitución para implementar la prohibición de elecciones según los estándares democráticos internacionales, que será aprobada formalmente a mediados de septiembre, en el marco de las Fiestas Patrias de Nicaragua.
El anuncio de que en este país nunca más habrá elecciones verdaderas, en las que participe la oposición y pueda ganarlas para tomar el poder, fue percibido como un reto del dictador Ortega a la comunidad democrática internacional y en particular a EE. UU. De manera que no ha sido una sorpresa que el gobierno estadounidense haya solicitado la reunión extraordinaria de consulta de los cancilleres de la OEA, expresamente sobre la situación de Nicaragua.
Este tipo de reunión está previsto en la Carta de la OEA, pero solo para situaciones excepcionales. Como fue, por ejemplo, el caso de la XVII reunión de consulta de cancilleres de la OEA del 23 de junio de 1979, que condenó al dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle y exigió su reemplazo inmediato. Aquella resolución de la OEA no botó a Somoza, fue la guerra sandinista apoyada internacionalmente la que lo derrocó, pero de alguna manera contribuyó a acelerar el fin de la dictadura somocista. ¿Podría ocurrir ahora algo igual o parecido?
Los expertos en la OEA señalan que EE. UU. no acostumbra solicitar directamente la convocatoria de una reunión extraordinaria de consulta de los cancilleres. Siempre lo ha hecho por medio de algún gobierno aliado. De manera que si ahora ha decidido pedirla seguramente es porque se ha hastiado de la dictadura de Ortega y Murillo y sus retos arrogantes.
Esto hay que verlo, nos dicen esos expertos, en el contexto hemisférico de la ofensiva de EE. UU. contra las dictaduras que quedan en América Latina, sobre todo el derrocamiento del dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, a principios de enero pasado. Así como también la presión máxima que está ejerciendo sobre la tiranía comunista de Cuba, obviamente que para tratar de forzar un cambio de sistema económico y régimen político.
En ese contexto, el desafío planteado el 19 de julio pasado por Daniel Ortega contra EE. UU. y los valores hemisféricos de la democracia basada en elecciones competitivas y alternabilidad en el poder, podría haber motivado al gobierno estadounidense a proponer medidas drásticas de castigo a la dictadura de Nicaragua, si no es que para sacarla del poder.
Sin embargo, los expertos internacionalistas más pragmáticos son escépticos en relación con lo que realmente podría acordar la OEA sobre Nicaragua, en el caso de que se realice la reunión extraordinaria de cancilleres solicitada por EE. UU. Y al respecto llaman la atención a que en el artículo 3 del proyecto de resolución sobre Nicaragua del Consejo Permanente de la OEA, presentado por EE. UU., se dice claramente que «la presente resolución no constituye una autorización para el uso de la fuerza armada”.
Quizás esta aclaración previa de EE. UU. podría ser para evitar que gobiernos izquierdistas muy fuertes e influyentes que son parte de la OEA, como los de Brasil y México, se opongan a la reunión extraordinaria sobre la situación de Nicaragua. Pero también puede ser un indicador de que no hay una disposición real de EE. UU. para proponer y aprobar medidas de fuerza contra la dictadura de Nicaragua.
Pero no hay necesidad de especular ni de adelantarse a los acontecimientos. Tan pronto como este miércoles 5 de agosto el Consejo Permanente de la OEA decidirá si acepta o no la petición de EE. UU. de celebrar la reunión extraordinaria de cancilleres sobre Nicaragua. Y si la aprueba, no pasará mucho tiempo para que se realice la reunión y se conozca si habrá medidas drásticas y eficaces contra la dictadura de Ortega y Murillo, o solo una nueva declaración de condena y otro llamado inútil a que respete los derechos humanos y permita el restablecimiento de la libertad y la democracia de Nicaragua.
Es solo cuestión de esperar un poco de tiempo para salir de dudas.