La Declaración de Independencia de Estados Unidos 250 años después

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Estados Unidos (EE. UU.) celebra este 4 de julio de 2026 el 250 aniversario de su Declaración de Independencia y la fundación de la república democrática.

La mayor significación de la Declaración de Independencia de EE. UU., que fue redactada principalmente por Thomas Jefferson y aprobada el 4 de julio de 1776 por 56 delegados de las 13 colonias británicas, no radica solo que estableció los principios de una república independiente y un Estado nuevo, distinto a todos los que en ese tiempo existían.

En realidad, su mayor trascendencia y la razón de su perdurabilidad y permanente actualidad, es que estableció una nueva relación entre las personas y los gobiernos, que ya no fue de caudillos que dominaban al pueblo a su gusto y antojo, sino de los ciudadanos controlando a los gobernantes.

De esa manera la Revolución Americana y la Declaración de Independencia de EE. UU. cambiaron el rumbo de la historia universal. Gracias a la voluntad de los 56 padres fundadores de Estados Unidos y de la Declaración de Independencia que aprobaron, los súbditos se convirtieron en ciudadanos, se estableció el derecho soberano de la gente para decidir mediante su voto consciente y libre quién debe ser el gobernante y cómo estará limitado su poder y regulada su autoridad. Algo grandioso, sin dudas de ninguna clase.

Con base en aquellos principios fueron creadas instituciones de Estado y gobierno basadas en una relación constructiva del pueblo con el poder público, se creó un lenguaje político nuevo de la supremacía de los derechos, la soberanía popular, la división de los poderes del Estado, la rendición de cuentas de los gobernantes y el control popular del ejercicio de los poderes públicos. En resumen, se estableció el modelo de democracia liberal que es aplicable en todas partes del mundo.

Según los historiadores, EE. UU. fue constituido como “la ciudad sobre una colina” que irradia su luz sobre el mundo. Una metáfora creada a partir de lo dicho por Jesucristo en el Sermón de la Montaña: “Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre una colina no puede ocultarse”. Esta frase inspiradora fue usada por John Winthrop en 1630 para significar el rol providencial e histórico de esa nación americana. Y mucho tiempo después fue recuperada por los presidentes John F. Kennedy, del partido Demócrata, y Ronald Reagan, del Republicano, para proclamar el liderazgo de EE. UU. en el mundo libre, y su compromiso con la libertad y la democracia en todas partes donde estas virtuosas instituciones humanas y políticas no existieren todavía.

Se dice, y es cierto, que al conmemorarse el 250.º aniversario de la Declaración de Independencia EE. UU., se debate en “una profunda crisis de confianza, erosión institucional y tensiones sistémicas que cuestionan su viabilidad global”. Y que “estos retos no solo afectan a EE. UU., sino que ponen a prueba las bases de la democracia liberal en todo el mundo”.

Pero no es la primera vez en la historia de EE. UU. que se enfrenta a una situación crítica como la descrita. Este emblemático país ha afrontado antes otros desafíos como el de ahora, o peores, porque las instituciones no son perfectas y menos las personas humanas que las gestionan.

Sin embargo, la institucionalidad democrática de EE. UU. ha demostrado siempre ser resiliente. Una y otra vez ha sufrido graves amenazas institucionales, pero de igual modo el sistema de derechos individuales y libertades públicas, de separación y control y balance de poderes, de justicia independiente y soberanía popular, ha sabido y podido prevalecer.

Es que, según estudios de opinión pública de firmas prestigiosas, como Gallup, más de dos tercios de los estadounidenses reconocen la democracia como el mejor sistema de gobierno. Y no quieren cambiarla por ninguna clase de autoritarismo ni personalismo voluntarioso, aunque a veces estas fallas parecieran predominar.

De modo que “la ciudad sobre la colina” sigue irradiando su luz. Para todos los países y pueblos (como el de Nicaragua), que ansían vivir en libertad, con democracia y justicia, EE. UU. sigue siendo un ejemplo inspirador. Igual que lo ha sido desde hace 250 años.

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