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Walter Antonio Chamorro, de 29 años, es un migrante nicaragüense ciclista, que comenzó desde abajo y ahora es dueño de un taller especializado en bicicletas de carreras. Chamorro tenía todas las condiciones para rendirse, pero no lo hizo, pedalear lo ha llevado lejos.
Walter creció en El Raizón, una comunidad del municipio de Nindirí, Masaya. Es el mayor de tres hermanos y durante buena parte de su infancia aprendió una lección que todavía lo acompaña: nada llega fácil.
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Su padre estuvo ausente mientras su madre, trabajadora doméstica, asumió sola la responsabilidad de sacar adelante a la familia. A los 7 años ya colaboraba con las tareas del hogar y observaba de cerca los sacrificios diarios que hacía su madre para que nunca les faltara comida y educación.
«No sé cómo logró mi mamá sacarnos adelante de la mejor manera, brindarme la mejor educación e inscribirme en una universidad», dice admirado de su progenitora.

El niño que desarmaba juguetes
Antes de enamorarse de las bicicletas, Walter ya tenía una fascinación por entender cómo funcionaban las cosas. Su pasión por la mecánica comenzó desarmando los carritos que le regalaban en Navidad o durante las celebraciones de la Purísima. Quería descubrir qué había dentro de cada pieza, cómo encajaban los mecanismos y por qué funcionaban.
Esa curiosidad lo acompañó durante toda su adolescencia, hasta que logró conseguir su bicicleta propia. «Me costó mucho tener una bici. La primera la compré yo mismo haciendo trabajos de jardinería, construcción, lo que me saliera. Me costó 750 córdobas. Y eso no lo voy a olvidar porque fue una rejunta de plata, como dirían acá. Era usada».
Aquella bicicleta representó mucho más que un medio de transporte. Era la prueba de que podía alcanzar metas con esfuerzo propio.

Los amigos que cambiaron el rumbo
La historia de Walter con el ciclismo comenzó poco antes de los 20 años, empezó a entrenar con un grupo de ciclistas que transformó su visión del deporte. «Empecé a rodar con este grupo. Yo andaba totalmente con un portoncito de bici«, se refiere a una bicicleta lista para el descarte.
También conoció a deportistas que combinaban el ciclismo con sus profesiones y estos lo motivaron a mejorar: «Esas personas me inspiraron, eran el grupo Proriders, todos profesionales que empezaban su día entrenando. ¡A pedalear desde las 4:30 de la mañana! Luego a sus labores cotidianas”, relató.
En esa etapa obtuvo su primera bicicleta deportiva, fue gracias a que sus amigos se organizaron para regalarle una. Desde allí no paró de pedalear hacia sus sueños.
“A mi mamá le decían que era vagancia, que yo andaba de arriba abajo en la bicicleta, pero ella veía el compromiso y nunca me detuvo», cuenta Chamorro.

Un sueño universitario interrumpido
Cuando terminó la secundaria logró ingresar a la carrera de Ingeniería Mecánica. Walter aprobó el examen de admisión y comenzó una etapa que parecía acercarlo a la profesión con la que soñaba.
Pero la universidad quedaba a unos 15 kilómetros de su casa y había que costear transporte todos los días. Aun así, la familia encontró la forma de apoyarlo. El sueño, sin embargo, duró poco. Las protestas de 2018 paralizaron las universidades y la incertidumbre económica obligó a Walter a tomar una decisión difícil: abandonar los estudios y buscar trabajo. Poco después decidió emigrar a Costa Rica.
La bicicleta que cruzó la frontera
Walter recuerda que llegó a Costa Rica con un tío que le ofreció empleo. Chamorro ya tenía pasaporte y visa. Preparó una pequeña maleta y lo indispensable: su bicicleta.
«El ciclismo es mucho más grande en Costa Rica. Había competido y sabía que mi bicicleta me acompañaría». Llegó en busca de oportunidades, sin saber exactamente qué le esperaba. Su primer empleo en Costa Rica fue en construcción. Era un trabajo duro, físicamente exigente y lejos del mundo del ciclismo. Sin embargo, no abandonó su pasión.
«Mis compañeros vieron que yo cargaba una caja y se reían porque pensaban que era un televisor. Cuando vieron que saqué mi bici para ir a entrenar, tal y como lo hacía en Nicaragua con los Prorider, se sorprendieron», agrega.
«En la construcción solo trabajé tres meses y solo me pagaron un mes. De la noche a la mañana me quedé sin trabajo», recuerda. Con el único salario recibido compró su primer celular y envió dinero a su madre en Nicaragua.

Aprender desde cero
En Costa Rica la vida le siguió poniendo obstáculos. Trabajó fumigando, cortando mamón chino, cargando madera y ayudando a fabricar muebles. «En Guápiles (Caribe costarricense) fue donde inició prácticamente mi vida y se fue creando poco a poco. Tocó trabajar en el campo, fumigando; tocó cortar mamón chino; tocó ayudar a un señor que armaba muebles», recuerda.
Fue entonces cuando apareció una oportunidad inesperada. Entró a trabajar en el mundo de la mecánica de bicicletas. En ese momento desconocía el oficio y comenzó lavándolas. «Me empezaron a formar desde cero porque no sabía mecánica. La formación comienza lavando una bici, posteriormente me pasó a desarmar bicis y después me fue dando más confianza. Para mí fue una salvada».
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Con el tiempo pasó por talleres pequeños y grandes tiendas especializadas. Aprendió de las mejores marcas y desarrolló una reputación dentro del ciclismo costarricense.
El accidente que casi termina todo
El 8 de agosto de 2021 ocurrió uno de los momentos más difíciles de su vida. Mientras entrenaba en carretera, un conductor realizó una maniobra imprudente y lo impactó. «Solo miré el carro y me pegó de frente. No supe nada más», recuerda.
Cuando recuperó la conciencia estaba tirado entre alambres y con una herida grave en la rodilla: «Estaba abierta totalmente mi rodilla, estuve postrado, me tomó seis meses volver a montar bicicleta, cuando pude pedalear volví a nacer».
Pese a la lesión logró competir en 2022. Ese año ganó una de las pruebas de resistencia más exigentes de Costa Rica: las 12 Horas MTB (Mountain Bike). Al siguiente año obtuvo el segundo lugar y más tarde un tercer lugar. «Uno, dos y tres es suficiente. Ya no quiero seguir, mucha tortura, porque eran doce horas», dice.

Nace Chamorro Biker
La experiencia acumulada y el prestigio ganado lo llevaron a dar un paso que durante años pareció imposible, abrir su propio negocio. Una persona cercana creyó en Walter, cuando aún él todavía tenía dudas.
«Me dijo: ‘Ponga lo suyo’. Me impulsó con el dinero necesario para empezar modestamente». Aquel apoyo se convirtió en capital semilla.
«Ya estamos en un punto donde aprendimos, he estado trabajando con las mejores marcas, trabajé para la selección de ciclismo. Esa persona siempre estuvo ahí y me impulsó con el dinero necesario para empezar modestamente. Después busqué el local y dije: ‘Aquí voy para adelante'», afirma.
Comenzar no fue sencillo. Desde que fundó Chamorro Biker en 2024 cada ganancia ha sido reinvertida: «No importa que no pueda darme lujos o viajes. Todo va para el negocio».
El emprendedor comenta que el mercado del ciclismo tampoco enfrenta su mejor etapa. La pandemia eliminó los sistemas de consignación que antes permitían a las tiendas mantener inventario sin comprarlo previamente.
«Aquí podría tener lleno de bicis, pero hoy en día hay que pagar todo de contado. Y yo no puedo tener acá 2,000 o 3,000 dólares en repuestos. Entonces me planifico con pedidos», dice.
Hace dos años Walter dejó de competir para concentrarse completamente en su pequeña empresa: «He buscado un equilibrio. He dejado de competir hace dos años para enfocarme ciento por ciento en esto. Si yo tengo que correr, priorizo al cliente».
Su negocio Chamorro Bike Mechanics está ubicado en Escazú, San José.

Haciendo historia
Uno de los logros de Walter Chamorro fue integrar el equipo técnico de la Selección Nacional de Ciclismo de Costa Rica durante el ciclo olímpico de 2023, donde estuvo a cargo del mantenimiento de las bicicletas de la selección femenina en competencias internacionales.
«Viajé con la selección a la Vuelta Femenina a Guatemala, fuimos a los Juegos Centroamericanos y Panamericanos en Panamá y posteriormente a los Juegos Centroamericanos y del Caribe en San Salvador», relató al describir su experiencia como mecánico del equipo nacional.
Esta experiencia representó un hecho inédito dentro del cuerpo técnico de la federación, al convertirse en el primer mecánico extranjero en asumir esa responsabilidad.
«Siempre todos eran nacionales, nunca habían metido un extranjero. Eso es un logro grande, porque tiene que ver con la capacidad y con la confianza. Las bicicletas de los seleccionados no eran baratas y el trabajo exigía precisión y rapidez para ganarse esa confianza», afirmó.
Los sueños siguen rodando
A sus 29 años Walter tiene nuevas metas. Sueña con convertir Chamorro Biker en una tienda consolidada y generar oportunidades para otros, entre ellos su hermano menor, quien aún vive en Nicaragua: «Sería la persona que me encantaría tener como mi mano derecha».
Mientras tanto, continúa construyendo su negocio bicicleta por bicicleta, con la misma disciplina que aprendió en las madrugadas de entrenamiento y con la misma perseverancia con la que compró aquella bicicleta usada de 750 córdobas.
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El creador de Chamorro Biker tiene una convicción que resume el mensaje que hoy comparte con otros migrantes nicaragüenses: «Los sueños se cumplen. Hay que tener paciencia, mantener un impulso, aprender a hablar y saber escuchar a las personas adecuadas. Detrás de cada logro hay mucho trabajo», concluye.
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