En apenas cuatro días, tres nicaragüenses murieron en distintas zonas del país alcanzados por rayos. Un trabajador agrícola en la Costa Caribe Sur, un vigilante de una plantación de caña en León y una adulta mayor dentro de su propia vivienda en Matagalpa se convirtieron en las víctimas más recientes de un fenómeno natural que cada año deja fallecidos, heridos y familias marcadas por la tragedia.
La víctima más reciente fue Mercedes Cantillano, de 70 años, quien falleció cuando un rayo impactó la vivienda donde se encontraba junto a su esposo en la comunidad Saiz San Martín, municipio de Matiguás. La descarga eléctrica sorprendió a la familia en medio de una tormenta. Su esposo, Alfonzo Rivas, de 69 años, sufrió quemaduras graves y lo trasladaron de emergencia al Hospital Primario Dorotea Granada de Matiguas.
El riesgo de estar a campo abierto
Un día antes, en la comunidad La Ceiba, municipio de Kukra Hill, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur, Cisle Ricardo Williams, de 23 años, murió mientras realizaba labores de poda en una plantación de palma africana. El joven trabajaba a campo abierto cuando lo alcanzó la descarga eléctrica alrededor de las diez y cuarenta de la mañana.
Tres días antes, el 17 de junio, Kevin Hernández Pérez perdió la vida en la comunidad Palo Duro, en La Paz Centro, León. Hernández realizaba labores de vigilancia y mantenimiento de un sistema de riego instalado en una plantación de caña de azúcar cuando lo impactó un rayo. Según reportes locales, la estructura metálica sobre la que trabajaba pudo haber incrementado el riesgo durante la tormenta.

Una amenaza recurrente
Las recientes tragedias no son casos aislados. Desde el inicio de la temporada lluviosa en Nicaragua se han registrado al menos seis muertes por rayos.
En mayo murió Wilfredo Ruiz Reyes, de 65 años, en Ticuantepe, Managua, semanas antes, el 26 de abril, murieron Heymi Mendoza, de 18 años, en San Ramón, Matagalpa, y Aldo Meneses, de aproximadamente 50 años, en Diriomo, Granada.
Los casos muestran un patrón que se repite: la mayoría de las víctimas son personas que trabajan en actividades agrícolas, ganaderas o permanecen en viviendas rurales con escasas medidas de protección frente a tormentas eléctricas.
El riesgo invisible de la pobreza
Aunque los rayos pueden alcanzar a cualquier persona, no todos están expuestos de la misma manera.
El Centro Nacional de Información Ambiental de Estados Unidos señala que los factores regionales, estacionales y ocupacionales influyen directamente en el riesgo de sufrir una descarga eléctrica mortal. En otras palabras, el lugar donde se vive y el tipo de trabajo que se realiza pueden aumentar significativamente la exposición.
En Nicaragua, muchas de las víctimas trabajan en labores agrícolas, ganaderas o forestales que obligan a permanecer largas jornadas al aire libre, incluso cuando las condiciones climáticas son peligrosas. Otras habitan viviendas donde las descargas pueden ingresar a través de cableado eléctrico, tuberías o estructuras metálicas.
La relación entre rayos y pobreza también aparece en la capacidad de acceder a refugios seguros. Mientras en zonas urbanas las personas suelen contar con edificaciones resistentes, sistemas eléctricos adecuados y mejores condiciones de protección, en muchas comunidades rurales las tormentas sorprenden a trabajadores en campos abiertos o a familias dentro de viviendas vulnerables.
Un fenómeno poco documentado
Hasta 2022, el desaparecido Centro Humboldt, una organización no gubernamental (ONG) ambientalista cerrada por el régimen de Daniel Ortega, mantenía un seguimiento independiente sobre fenómenos naturales emergentes, incluidos los impactos de rayos en Nicaragua.
Sus especialistas advertían que el país registraba en promedio al menos diez muertes anuales por descargas eléctricas atmosféricas. Uno de los años más trágicos fue 2020, cuando se reportaron 14 fallecimientos por esta causa.
Tras el cierre de la organización, el seguimiento estadístico dejó de publicarse. Actualmente, el Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred) informa de manera general sobre tormentas eléctricas, pero no mantiene un conteo público y sistemático de víctimas por rayos.
La ausencia de estadísticas actualizadas dificulta dimensionar el impacto real de un fenómeno que cada temporada lluviosa continúa cobrando vidas en distintas regiones del país.
Qué hacer durante una tormenta
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) recomienda buscar refugio inmediato en edificios con electricidad y agua corriente o en vehículos con techo metálico y ventanas cerradas.
También aconseja evitar el uso de teléfonos con cable, no tocar aparatos eléctricos conectados a la corriente, mantenerse alejado de tuberías, ventanas y puertas exteriores, y no refugiarse bajo árboles.

Los especialistas advierten que los rayos pueden ingresar a una vivienda mediante impactos directos, a través de cables y tuberías conectados al exterior o incluso por el suelo. Una vez dentro, la descarga puede propagarse por sistemas eléctricos, telefónicos o estructuras metálicas.
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Las muertes registradas durante los últimos días recuerdan que los rayos siguen siendo una amenaza silenciosa en Nicaragua. Aunque se trata de un fenómeno natural, las circunstancias en que ocurren los fallecimientos muestran que la exposición al riesgo no es igual para todos y que, en muchas ocasiones, la vulnerabilidad social también determina quién puede ser víctima de la tormenta.