La Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), que en su 56º período de sesiones se reunió en la capital de Panamá, del lunes al miércoles de la presente semana, dejó logros muy alentadores para los nicaragüenses. Nos referimos a los nicaragüenses que anhelan la libertad y la democracia y luchan por ellas, porque para los codictadores y sus partidarios ha sido otro duro golpe político de la comunidad internacional.
El primero de los logros para la Nicaragua democrática ha sido la Declaración sobre la situación en Nicaragua, aprobada por los representantes de todos los países miembros de la OEA, sin excepción. Inclusive, el canciller de Costa Rica con su rechazo enérgico a la dictadura de Nicaragua disipó las dudas que se habían creado por una desatinada opinión previa de la presidenta costarricense.
La declaración sobre Nicaragua de la Asamblea General de la OEA denuncia vigorosamente los atropellos de la dictadura contra el pueblo nicaragüense y le exige al régimen de Ortega y Murillo disponer las medidas necesarias para el pronto restablecimiento de la democracia. Es una señal de que el tiempo se va terminando para los dictadores nicaragüenses.
La verdad es que la OEA no ha dejado de pronunciarse sobre la situación de Nicaragua, desde que en 2018 la dictadura de Ortega y Murillo desató la represión sangrienta y emprendió la deriva totalitaria. Pero con el paso del tiempo y por los graves problemas de otra índole que preocupan a la comunidad internacional, era notorio que había disminuido el interés internacional por la tragedia humanitaria y política que sufren los nicaragüenses. De manera que se temía que la Asamblea General de la OEA en Panamá se limitara a una simple mención del caso en una declaración general. Pero no fue así, afortunadamente para los nicaragüenses.
Es importante destacar que el renovado interés de la OEA por Nicaragua se debió en buena medida a las incansables gestiones de la oposición nicaragüense en el exilio. La que además mostró ante la comunidad democrática hemisférica una clara imagen y una sólida voluntad de unidad en la acción, haciendo a un lado las diferencias ideológicas e identitarias que son normales e irrenunciables, pero que pasan a ser secundarias cuando se debe sumar voluntades y fuerzas en la lucha por un objetivo superior.
Es cierto que la oposición no logró que la Asamblea General de la OEA en Panamá confirmara de manera expresa la declaración de ilegitimidad del régimen de Nicaragua, a partir de que en noviembre de 2021 declaró ilegítimas las elecciones fraudulentas realizadas por la dictadura de Ortega.
Pero la declaración de ilegitimidad está implícita en la demanda que la Asamblea General de la OEA plantea al régimen de Nicaragua de “adoptar medidas que habiliten el ejercicio legítimo y democrático del poder”. Lo cual significa claramente que en Nicaragua el poder político no se está ejerciendo de manera legítima, porque no es democrático y su origen es espurio, carente de toda legitimidad.
También ha sido muy importante que los representantes de los grupos, plataformas y organizaciones sociales opositoras, que concurrieron a Panamá para presentar a los miembros de la OEA sus demandas democráticas comunes, declararan públicamente su disposición de mantenerse unidos o coaligados para seguir realizando acciones comunes en la lucha contra la dictadura. Hasta conseguir la victoria.
La unidad en la acción de todas las representaciones opositoras, o de la mayoría de ellas, es una condición indispensable para que cuando llegue el momento puedan desalojar del poder a la dictadura. Como ya lo hizo en 1990 la Unión Nacional Opositora (UNO), a la que no se sumaron todos los partidos opositores, pero sí los suficientes para formar la masa crítica indispensable capaz de derrotar al régimen dictatorial.