Este viernes 19 de junio se ha cumplido un año del asesinato de Roberto Samcam, ocurrido en San José de Costa Rica y, según todas las evidencias, ejecutado por sicarios al servicio de la dictadura de Nicaragua.
Samcam era un militar nicaragüense retirado y activo opositor en el exilio, dedicado a investigar y documentar los crímenes de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Seguramente por eso lo mandaron a matar.
El asesinato de Roberto Samcam en territorio costarricense fue denunciado como un crimen transnacional de la dictadura de Nicaragua, cuyos tentáculos represivos se extienden más allá de las fronteras nacionales. Y en la fecha de su primer aniversario las comunidades de la oposición en el exilio han rendido un merecido homenaje a la memoria de Samcam, reiterando la demanda de justicia para él y todas las numerosas víctimas de la dictadura.
Pero no solo la oposición nicaragüense ha conmemorado el aniversario del asesinato de Samcam. También lo han hecho personalidades y organismos internacionales solidarios con el pueblo de Nicaragua, que sufre la opresión de una dictadura feroz e implacable que comete incluso crímenes de lesa humanidad y ejecuciones transnacionales.
En ese contexto, la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de los Estados Unidos (EE. UU.), emitió una declaración pública en la que señala que no han olvidado a Samcam y que “la justicia exige que rindan cuentas los que ordenaron y llevaron a cabo su asesinato”. Y agrega la declaración estadounidense, que “la represión transnacional debe acabar. El pueblo nicaragüense ya ha sufrido lo suficiente bajo la dictadura Murillo-Ortega”.
Pero además de su excelente declaración en el aniversario del asesinato de Samcam, EE. UU. tiene en estos mismos días la oportunidad de llevar a la práctica esas hermosas palabras de solidaridad con el pueblo nicaragüense. Nos referimos a que del lunes 22 al miércoles 24 de junio se reunirá en Panamá la 56ª Asamblea General de la OEA, que tiene previsto en su agenda aprobar una resolución o declaración sobre Nicaragua.
EE. UU. podría liderar o respaldar que esa resolución o declaración sobre Nicaragua no sea simplemente retórica y ambigua, sino lo más clara y enérgica posible, como lo reclama la necesidad imperiosa de poner fin al sufrimiento del pueblo nicaragüense y la amenaza a la seguridad nacional de los mismos EE. UU. que representa la dictadura de Ortega y Murillo.
Ya en noviembre de 2021, la 51ª Asamblea General de la OEA declaró ilegítimas las elecciones —o mejor dicho la farsa electoral—, que la dictadura realizó en esa misma fecha en medio de una feroz y generalizada represión política. Desde entonces, y como consecuencia de aquella resolución de la 51ª Asamblea General de la OEA, el régimen de Nicaragua es ilegítimo.
Ahora, a partir de esa clara situación de ilegitimidad la 56ª Asamblea General debería convocar a la comunidad hemisférica a tomar las medidas políticas necesarias para abrir el camino a la transición democrática en Nicaragua.
El momento es propicio para que los líderes de la comunidad democrática hemisférica recuerden el conocido refrán de que “obras son amores y no buenas razones”. El cual significa que el compromiso con las buenas causas se muestra con acciones concretas y resultados tangibles, no con palabras bonitas y promesas vacías.