La perturbadora imagen de Brooklyn Rivera y la atrocidad del mal

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La dictadura divulgó el miércoles 27 de mayo unas imágenes del líder miskito Brooklyn Rivera, quien fue hecho prisionero a finales de octubre de 2023 y desde entonces estaba en condición de preso político desaparecido.

Las imágenes son patéticas. Muestran a Brooklyn Rivera en estado agónico, postrado en una cama de hospital, conectado a dispositivos mecánicos para respirar y ser alimentado artificialmente. Al lado de la cama, llorando y tomándole una mano se ve a la ex presa política Nancy Enríquez, su compañera de luchas cívicas en el partido indígena miskito Yatama y su suplente en la Asamblea Nacional de la que ambos fueron excluidos y luego encarcelados de manera arbitraria.

Significativamente, en las imágenes también se ve a un operador de alto nivel de la dictadura en las regiones del Caribe nicaragüense. Decimos significativamente, porque ese individuo representa a las personas y al régimen que se han ensañado con Brooklyn Rivera, hasta llevarlo a la dolorosa situación en que se encuentra ahora: al borde la muerte, después de que cuando fue apresado gozaba de buena salud y estaba en magníficas condiciones físicas y mentales.

La dictadura presentó las patéticas imágenes de Brooklyn Rivera después de que circularon intensamente rumores de que se encontraba en grave estado de salud e incluso de que podría haber muerto en la prisión. Eso motivó una intensa campaña mediática de presión a la dictadura para que dejara en libertad a Brooklyn Rivera o por lo menos lo mostrara con vida. Hasta que al fin lo mostró, pero lo hizo para intimidar, para mostrar hasta dónde puede llegar la vesania represiva y la crueldad de los dictadores al castigar a quienes se atreven a desafiarlos o tratan de ejercer sus derechos ciudadanos.

Podemos decir que la divulgación de las patéticas imágenes de Brooklyn Rivera no ha sido una muestra de la “banalidad del mal”; el concepto creado por la periodista, historiadora y filósofa judía alemana Hanna Arendt, para explicar su tesis de que “las peores atrocidades no siempre son cometidas por monstruos sádicos, sino por personas ordinarias y obedientes que simplemente cumplen órdenes, carecen de pensamiento crítico y se limitan a seguir la rutina burocrática de un sistema”. 

Arendt desarrolló esta idea después de cubrir como periodista el juicio que se efectuó en Jerusalén, en 1961, del jerarca nazi y criminal de guerra alemán Adolf Eichmann, quien fue el encargado de la logística del Holocausto, la horrenda matanza de más de seis millones de personas judías que fue perpetrada por el régimen nacional socialista (nazi) de Adolfo Hitler.

Según Arendt, la “banalidad del mal” significa que no es necesario que alguien sea intrínsecamente malvado, para hacer daño a otras personas, incluso extremo, atroz y mortal. Que basta con que quienes obedecen órdenes superiores y están influidos por una ideología extremista, anulen su juicio moral, acepten ciegamente las reglas impuestas por una autoridad superior y cumplan las órdenes sin vacilar, aunque sean para cometer crímenes horrendos.

Pero ese no es el caso de quienes han llevado a Brooklyn Rivera a la extrema precariedad de vida en la que se encuentra, como consecuencia de los malos tratos recibidos en la prisión durante largo tiempo. En el caso de Brooklyn Rivera (y de otros presos por motivos políticos que murieron en la cárcel, o como consecuencia de esta, así como de las innumerables víctimas de la represión de la dictadura) no se puede hablar de “banalidad del mal”.

De lo que se debe hablar en todos estos casos es de la “atrocidad del mal”, causado de manera consciente y voluntaria, practicado incluso con una insana alegría que es exteriorizada por los dictadores de Nicaragua y los secuaces y esbirros que ejecutan sus órdenes siniestras.

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