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Este miércoles 20 de mayo ha sido un gran día para el pueblo de Cuba, martirizado por una tiranía comunista que dura ya más de 67 años.
Ha sido un gran día, primero porque ha conmemorado el 124 aniversario de su independencia nacional, proclamada el 20 de mayo de 1902. La soberanía nacional de Cuba lograda con la independencia fue limitada por la Enmienda Platt, que impuso Estados Unidos (EE. UU.) como condición para retirar sus tropas que ocupaban el país. De esa manera la gran potencia norteamericana se reservó el “derecho” de intervenir en los asuntos internos cubanos y se apropió del territorio de Guantánamo, donde estableció una base naval que existe hasta ahora. Sin embargo, a pesar de la Enmienda Platt Cuba se convirtió desde entonces en un país independiente y pudo progresar logrando situarse entre los primeros lugares de América Latina. Hasta que llegó el comunismo y el país se hundió hasta el fondo en el que se encuentra ahora.
Pero este 20 de mayo ha sido también un gran día histórico para Cuba, porque la justicia de EE. UU. presentó una acusación criminal contra Raúl Castro, el que a pesar de sus 94 años edad y su retiro formal del poder político sigue aprobando las decisiones principales de Estado y gobierno.
Sin duda que la acusación contra Raúl Castro ante la justicia estadounidense es una acción de máxima presión política contra el régimen comunista cubano. Y está en línea con el objetivo declarado por el presidente de EE. UU., Donald Trump, y su secretario de Estado de origen cubano, Marco Rubio, de poner fin a la dictadura comunista de La Habana.
Algunas personas creen que con la acusación criminal contra Raúl Castro, el Gobierno de EE. UU. podría emprender una acción directa para capturarlo y llevarlo ante una corte federal. Como lo hizo el 3 de enero pasado para capturar al dictador venezolano Nicolás Maduro y su esposa y cómplice Cilia Flores, aunque no de manera igual.
Sin embargo, otras fuentes no creen que tal cosa pudiera ocurrir. Por ejemplo, el Consejo Económico y Comercial Estados Unidos-Cuba (U.S.-Cuba Trade and Economic Council), una institución no gubernamental estadounidense reconocida por su seriedad y responsabilidad, ha opinado que “el Departamento de Defensa de Estados Unidos no llevará a cabo una operación para extraer a Raúl Castro de la República de Cuba”. Considera que, aunque la Administración Trump quiera detener y juzgar a Castro, la acusación es “performativa”, o sea propagandística y de guerra psicológica.
En realidad, aparte de que no hay un convenio de extradición entre EE. UU. y Cuba, cualquiera que conozca la naturaleza y la trayectoria histórica del régimen de Cuba puede entender que es prácticamente imposible que las autoridades cubanas entreguen a Raúl Castro. La única manera de que EE. UU. podría apresarlo sería mediante la fuerza, pero el mismo presidente Trump ha descartado una acción militar directa contra el régimen de Cuba.
Según algunos analistas, en el caso de Cuba el presidente Trump se inclina por la aplicación de la llamada “ley de la gravitación política”, que el presidente John Quincy Adams definió en 1823 para explicar la estrategia de no actuar militarmente mientras las presiones externas (sanciones, aislamiento, etc.) puedan desgastar al enemigo hasta lograr el objetivo deseado.
Dicho con otras palabras, Trump parece confiar en que su política de máxima presión contra Cuba mediante la combinación de sanciones contra el corazón económico de la dictadura, acusaciones judiciales como la presentada contra Raúl Castro, ayuda humanitaria directa a la población y la presión psicológica y mediática llevada al máximo, podrán doblegar a un régimen que al parecer ha llegado al límite de su capacidad de resistencia.
La verdad es que no es posible predecir en qué terminará lo de Cuba, pero los nicaragüenses que quieren un cambio democrático en su país están a la expectativa. Porque parece obvio que de cualquier modo que termine la dictadura comunista de Cuba, la de Daniel Ortega y Rosario Murillo se podría ir a continuación.