Alejandro Serrano Caldera in memoriam

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Es fácil, pero difícil al mismo tiempo, escribir sobre Alejandro Serrano Caldera, el ilustre nicaragüense originario de Masaya que falleció en Managua este lunes 18 de mayo de 2026, a los 87 años.

Es fácil escribir sobre Alejandro Serrano Caldera, porque es muy reconocida su eminencia como persona, ciudadano, intelectual, filósofo, músico, escritor, jurista, académico universitario, diplomático, político (de aquellos pocos que por su integridad honran la práctica de la política) y abogado infatigable por una Nicaragua posible. Que libró una tenaz lucha pacífica por el fin de la Nicaragua imposible que ha sido tan inhóspita para los mismos nicaragüenses, por culpa de las dictaduras y los caudillos que la han asolado y las enconadas luchas entre los mismos nicaragüenses, en la que hemos vivido y vivimos hasta ahora.

Pero al mismo tiempo es muy difícil escribir sobre el fallecimiento de Alejandro Serrano Caldera, por la mucha tristeza que da despedir para siempre a un gran amigo, bueno, leal, cercano y entrañable.

Alejandro Serrano Caldera fue desde principios del año 2000 miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA y columnista regular en sus páginas de Opinión. Hasta que en los últimos años de su vida las enfermedades propias de la edad lo obligaron a retirarse. Su presencia y participación le dio al Consejo Editorial de este Diario de los Nicaragüenses, una invalorable altura de pensamiento, de madurez intelectual y capacidad de análisis e interpretación de la compleja realidad nicaragüense e internacional.

Hablar del currículum de Alejandro Serrano Caldera es para nosotros prácticamente imposible, porque es tan rico y extenso que llenaría y rebasaría con mucho el espacio de este editorial. Pero en la parte informativa de LA PRENSA, como en las de muchos otros medios de comunicación social, abundarán los detalles sobre su fecunda obra literaria, académica y profesional.

El legado de Alejandro Serrano Caldera es invaluable. Afortunadamente existe la oportunidad de apreciar su obra y enriquecerse con ella, gracias a la abundante literatura que nos ha dejado, la mayor parte de ella reunida en los cinco voluminosos tomos de sus Obras. Escritos filosóficos y políticos, editadas por el Consejo Nacional de Universidades (CNU) y la editorial Hispamer.

Alejandro Serrano Caldera estudió a fondo y explicó ampliamente las causas y consecuencias del atraso socioeconómico, cultural y político de Nicaragua. Y fundado en su conocimiento profundo de la realidad nacional, histórica y actual, enriquecido por su impresionante bagaje filosófico, planteó su optimista tesis política de la Nicaragua posible.

En su presentación de las Obras de Alejandro Serrano, el intelectual, historiador y escritor Pablo Kraudy explica que el eje de su pensamiento filosófico, arraigado profundamente en la historia y la realidad nacional, era (es) el planteamiento y búsqueda de la unidad en la diversidad. De allí derivó su proyecto de la Nicaragua posible, que presentó en los primeros años de la década del noventa del siglo pasado, al comienzo del gobierno transicional democrático de doña Violeta Barrios de Chamorro, que era acosado por terribles y destructivas contradicciones antagónicas que parecían insuperables.

“En términos ético políticos —escribe Kraudy— la unidad en la diversidad significa para Serrano Caldera que toda persona debe tolerar las ideas de los demás, sin renunciar a sus propias ideas y posiciones ideológicas”. Ciertamente, su convicción era que solo así se podría lograr la Nicaragua posible, o sea, de acuerdo con las propias palabras de Serrano Caldera, el país “que todos y cada uno de nosotros podemos construir cediendo un poco de lo que constituye nuestro desiderátum político o el paradigma de nuestro modelo integral de sociedad”.

Alejandro Serrano Caldera murió y su anhelo y su proyecto de la Nicaragua posible sigue siendo un objetivo por alcanzar. Porque, como él mismo lo advertía, la historia de Nicaragua es como una bicicleta estacionaria en la que por mucho que se pedalee parece que siempre se mantiene en el mismo lugar.

Incluso, por todo el retroceso del país en los últimos ocho años con la deriva totalitaria del régimen actual, la Nicaragua posible de Alejandro Serrano Caldera pareciera estar más alejada que nunca. Pero probablemente no sea así. Podría ser que la caída de la actual dictadura, que se puede avizorar en el cercano futuro, no solo abrirá la oportunidad de crear nuevas instituciones democráticas y poner en práctica una justicia transicional fundada en la memoria histórica. También podrá convencer a la mayoría de los nicaragüenses, a partir de su propia dolorosa experiencia, que para vivir en paz con libertad y democracia, y lograr la prosperidad que merecen, tienen que aprender a “tolerar las ideas de los demás, sin renunciar a sus propias ideas y posiciones ideológicas”.

Y así, cuando esa Nicaragua deje de ser posible y se convierta en una vibrante realidad, el inolvidable maestro Alejandro Serrano Calderá podrá descansar en paz, ahora y para siempre.

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