En los brazos de Rusia

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LA PRENSA ha publicado este jueves 14 de mayo una nota informativa de política, basada en un artículo sobre Nicaragua de la revista estadounidense Americas Quartely, titulado “Nicaragua y lo que gana con el abrazo de Rusia”.

El artículo de Americas Quartely se refiere a los nuevos acuerdos de cooperación militar de Rusia con Nicaragua, analizados por el académico estadounidense Steven E. Hendrick, profesor de Derecho en DePaul University of Law, exdiplomático y exfuncionario de la AID.

Según Hendrick, esos acuerdos no significan que “veremos bases militares rusas en Nicaragua o fantásticas ventas de armas. Pero es una buena jugada en la estrategia de la dictadura Ortega-Murillo para fortalecer su sobrevivencia a largo plazo y da ciertas ventajas a Moscú”.

En realidad, Rusia no acudiría nunca en defensa militar de la dictadura de Ortega y Murillo, en caso de una acción armada de EE. UU. parecida a la del 3 de enero pasado en Venezuela, que derrocó al dictador Nicolás Maduro.

Los acuerdos militares de Rusia con Nicaragua son más bien simbólicos. Para la dictadura de Nicaragua significan que se fortalece su alianza (sumisión, dicen los opositores) con una de las grandes potencias mundiales que tiene poder de veto en las Naciones Unidas. Y para la parte rusa el mensaje es que Nicaragua “sigue siendo una plataforma geopolíticamente útil, para recordarle a Estados Unidos que Rusia aún tiene influencia en nuestra región”.

Sin embargo, como lo han advertido dirigentes opositores de Nicaragua en el exilio, con los acuerdos militares y estratégicos de la dictadura con Rusia —que en efecto son solo simbólicos—, a Ortega y Murillo les podría salir el tiro por la culata, como dice la expresión coloquial española sobre “un plan, intención o acción que resulta totalmente contrario a lo esperado, provocando un efecto perjudicial o desastroso para quien lo inició”.

Ciertamente, lo que hace la dictadura de Ortega y Murillo con el alarde de sus convenios militares y “estratégicos” con Rusia es recordar a EE. UU. que el problema del régimen de Nicaragua, al que ha calificado como una amenaza a la seguridad nacional estadounidense, sigue allí, y que debe resolverlo después de Irán y Cuba, que son casos prioritarios y están ahora bajo su ataque y máxima presión.

El académico Hendrick es evidentemente una persona bien intencionada, amiga de las soluciones políticas pacíficas a problemas como el de la dictadura de Nicaragua. De allí que no recomienda el uso de la fuerza contra ella sino apoyar a los nicaragüenses que luchan por la democracia. Su recomendación central, anota LA PRENSA, “es apoyar al periodismo independiente, universidades en el exilio, defensores de derechos humanos, redes religiosas e instituciones de la sociedad civil capaces de sobrevivir más allá del régimen actual”.

Pero la verdad es que “el régimen actual” no va a ceder por su propia voluntad. Está bien y es necesario que el Gobierno de EE. UU. y la comunidad democrática internacional en general, apoyen y ayuden a los sectores democráticos nicaragüenses que operan y sobreviven en el exilio. Pero solo con eso la dictadura no va a terminar.

Por supuesto que lo ideal sería que los exiliados nicaragüenses pudieran regresar al país, restablecer los medios de información independientes, reorganizar los partidos políticos y mediante acuerdos de las partes impulsar la transición a la democracia.

Pero eso es prácticamente imposible. La verdad es que los Ortega Murillo y sus secuaces, ya sea por su ideología o convicción política, o por la ambición de seguir disfrutando las riquezas que les produce el control del Estado, o por lo que sea, no están dispuestos a ceder. Hay que sacarlos del poder por la fuerza.

A menos que la comunidad democrática internacional y en particular EE. UU. los pudiera obligar de alguna manera a dialogar con la oposición para acordar una salida democrática y pacífica de la crisis política y de derechos humanos en la que está hundida Nicaragua. Como ya ocurrió en 1990, gracias a los acuerdos internacionales de Esquipulas y los acuerdos nacionales de Sapoá.

COMENTARIOS

  1. Hace 4 meses

    Steven E. Hendrix estuvo en Nicaragua trabajando para la agencia USAID, la cual se inclinaba por distribuir la ayuda financiera a organizaciones de la izquierda y en consecuencia Trump y Marco Rubio la desmantelaron en la forma en que operaba. La mayoría de los fondos aportados por los contribuyentes de impuestos de los EE.UU. iban a parar a organizaciones izquierdistas en todo el mundo. En su libro The New Nicaragua, Steve dora la breve reseña biográfica de Ortega. Lo hace aparecer como si se graduó de abogado en la UCA.

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