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En entrevista con el periodista estadounidense Whit Johnson, de la cadena de televisión ABC News, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, le aseguró que en su país hay democracia, pero que “es diferente”.
El canciller cubano acusó al periodista estadounidense de “presentar un prejuicio”, porque le preguntó qué ocurriría si la gente de Cuba pudiera elegir libremente a sus gobernantes. Johnson le replicó al jerarca de la diplomacia cubana que “en Cuba los ciudadanos acuden a las urnas sin opciones multipartidistas reales y recordó que el país ha permanecido bajo el control del Partido Comunista durante casi siete décadas. Acto seguido lanzó una pregunta directa: “¿Qué le preocupa que pasaría si hubiera elecciones libres y justas en Cuba, si la gente realmente pudiera elegir?” El canciller cubano respondió con un silencio tan absoluto como significativo.
En realidad, desde que se impuso el comunismo en Rusia mediante un golpe de Estado armado, en noviembre de 1917, los comunistas comenzaron a manipular el concepto de democracia, con la intención de darle un sentido contrario al que realmente le corresponde.
Según Lenin, líder de la revolución comunista en Rusia y desarrollador de la doctrina marxista, “la democracia no es un concepto universal o abstracto, sino una herramienta de clase.” E indicó que era necesario distinguir entre la «democracia burguesa» o capitalista, que según él es una forma encubierta de dictadura de la minoría social rica, y la «democracia proletaria» o soviética, que buscaba la dictadura del proletariado “para el bien de la mayoría trabajadora”.
Pero por lo menos Lenin y sus seguidores eran francos (o descarados, según como se quiera ver), pues sostenían que las libertades y los derechos solo debían ser para la clase obrera, representada por su vanguardia, el partido comunista, pero para nadie más y menos para los capitalistas.
Más adelante, cuando la Unión Soviética después de ganar junto con las potencias democráticas occidentales la II Guerra Mundial se apropió de varios países de Europa y Asia, y los comunistas disfrazaron con el nombre de “democracia popular” la dictadura comunista que impusieron en los países que quedaron bajo su dominación.
En las “democracias populares” europeas y asiáticas, se hacían elecciones, pero sin que hubiera otros partidos que compitieran por el poder con el partido comunista, o como se le llamara: obrero, trabajador o socialista.
Está claro que la democracia no es solo elecciones, aunque sean libres, pluralistas y competitivas. Para que haya democracia, además de elecciones libres y transparentes tiene que haber libertades individuales y públicas, pluralismo político, Estado de derecho, independencia de poderes y rendición de cuentas de las autoridades, etc.
De manera que es cierto que en Cuba hay elecciones, pero la gente solo puede votar por los candidatos que designa o aprueba el Partido Comunista gobernante. Eso es una farsa a la que no se le puede llamar democracia. Son solo para simular participación política de los ciudadanos en el nombramiento de los gobernantes y funcionarios, los que previamente son designados por el Partido Comunista.
Por eso el canciller cubano le dijo al periodista de ABC News que su gobierno está listo para discutir con Estados Unidos sobre muchos asuntos, menos el sistema político que dura ya más de 67 años con un solo partido (el comunista) en el poder.
Los comunistas cubanos saben que si permiten elecciones auténticas perderían el poder irremisiblemente. Cabe recordar al respecto, que en 1989 Fidel Castro aconsejó a los sandinistas que no hicieran las elecciones tal como se había acordado en los Acuerdos de Esquipulas, porque las perderían.
Pero los sandinistas creían que el pueblo los amaba, que ganarían de calle las elecciones, y no le hicieron caso a su líder y mentor cubano. El resultado fue que perdieron las elecciones del 25 de febrero de 1990, de manera contundente, a manos de doña Violeta Barrios de Chamorro y la alianza de partidos democráticos denominada UNO.
Para maestra de política, la historia.