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La desesperación por encontrar el cuerpo del joven Yeyson Wilfredo Morales Paz, de 21 años, consume a sus familiares al cumplirse un mes que desapareció en el balneario de Poneloya, en León. Sus padres, originarios del municipio de Villa Sandino, en Chontales, solo esperan un milagro: hallar su cadáver para darle cristiana sepultura.
Zaira Paz Sequeira, tía del joven desaparecido, confirmó a LA PRENSA que tras un mes de intensa búsqueda, la familia no ha obtenido resultados positivos. A pesar de la angustia y el agotamiento, no pierden la esperanza y continúan con los esfuerzos para recuperar el cuerpo.
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«Ya se buscó con buceadores y no se encontró», expresó con preocupación la tía del joven. «Ha sido agotador, pero mañana (este martes) se retomará la búsqueda», añadió.
Las autoridades municipales suspendieron las labores de búsqueda durante la primera semana. Según Paz Sequeira, se comprometieron a informar en caso de que pescadores de la zona encuentren el cuerpo y este sea identificado.
Fue con amigos
Yeyson Wilfredo Morales Paz salió de paseo el sábado 11 de abril hacia el balneario de Poneloya, en compañía de varios amigos. Lo que inició como un día de recreación y convivencia terminó convirtiéndose en una tragedia que hoy enluta a toda una familia.

Según el testimonio de la tía, alrededor de las 3:50 de la tarde, una fuerte ola arrastró a Yeyson mar adentro y lo hundió en las profundidades. Sus acompañantes lograron salir con vida y ponerse a salvo. Desde entonces su familia aún conserva la esperanza de que pescadores de la zona logren localizarlo y devolverles la posibilidad de cerrar este capítulo de angustia, dándole el último adiós que tanto anhelan.
Su tía describe a Yeyson Wilfredo como una persona humilde, respetuosa y profundamente cariñosa. Destacó su generosidad con los demás y su firme fe en Dios. Lo recuerda como un muchacho sin vicios ni distracciones, enfocado siempre en superarse y en cumplir sus metas, entre ellas alcanzar su segunda carrera universitaria.
Quería ser médico
En 2025, Yeyson culminó con éxito la licenciatura en Física-Matemática y se desempeñó como docente en el Instituto Rafaela Herrera, ubicado en la comunidad La Gateada, en Villa Sandino, donde era apreciado por estudiantes y colegas. Este año había decidido retomar sus sueños e iniciar una segunda carrera profesional.
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Era hijo único y, para ayudar siempre a sus padres, decidió trasladarse a vivir a la ciudad de León para estudiar la carrera de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León).
«Hoy lamentamos su pérdida con un dolor profundo, porque se va un joven lleno de sueños, valores y esperanza», finalizó su tía.