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La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha provocado mucho más que desestabilizar Oriente Medio, disparar los precios de la energía y otros bienes, y perturbar la economía mundial. También ha obligado a aliados y rivales de Estados Unidos a buscar respuestas ante una superpotencia impredecible y poco fiable. El resultado es una reconfiguración geopolítica histórica que modificará el equilibrio de poder global durante la próxima década.
Por supuesto, los efectos de la guerra son más inmediatos y profundos en la región donde se libra. Ya ha contribuido a convencer a muchos Estados árabes del Golfo de que el Consejo de Cooperación del Golfo —un acuerdo diplomático, económico y de seguridad informal, plagado desde hace tiempo de luchas internas— ya no cumple su función.
La guerra también intensifica la rivalidad entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que recientemente anunciaron su intención de poner fin a su membresía de casi seis décadas en la OPEP. Los Emiratos Árabes Unidos ahora estrecharán lazos con Israel en materia de inteligencia, tecnología y seguridad, con la esperanza de debilitar al régimen iraní. Arabia Saudita, por el contrario, intentará encontrar la manera de convivir pacíficamente con la República Islámica mediante una mayor alianza militar con Pakistán, potencia nuclear, así como con Egipto y Turquía, y una coordinación más estrecha con China.
Ambos bloques intentarán mantener sus estrechos lazos de seguridad con Estados Unidos; pero esto ya no será tan fácil como antes. Uno de los efectos más inmediatos y notables de la guerra es que ha erosionado los cimientos de la toma de decisiones coordinada en todo Oriente Medio.
Luego está el debilitamiento de la relación transatlántica. En un momento en que la guerra de Rusia contra Ucrania alimenta la inquietud en toda Europa, la decisión del gobierno de Trump de centrarse en Irán —y luego arremeter contra los líderes europeos por no ayudar— genera un nuevo impulso hacia un acuerdo de defensa colectiva europea fuera de la OTAN.
Es cierto que es improbable que el presidente Donald Trump intente retirar a Estados Unidos de la alianza transatlántica, y el Senado estadounidense podría bloquear legalmente tal medida. Sin embargo, su anuncio del 1 de mayo de que Estados Unidos retiraría 5,000 de sus 36,000 soldados estacionados en Alemania, apenas unos días después de que el canciller alemán Friedrich Merz criticara la guerra , ha generado mayor alarma en todo el continente. Trump también ha ignorado las objeciones europeas a la suspensión de algunas sanciones contra Rusia.
El resultado es una mayor fragmentación dentro de la alianza occidental y un creciente temor en Europa a que la Casa Blanca acabe impulsando un acuerdo de seguridad entre Estados Unidos y Rusia. Esta posibilidad da al presidente ruso Vladimir Putin motivos suficientes para continuar su guerra en Ucrania, con la esperanza de que Rusia logre abrirse paso cuando la OTAN se desintegre.
En toda Asia, el cierre efectivo del estrecho de Ormuz está teniendo graves consecuencias económicas. Al igual que los socios históricos de Estados Unidos en Europa, sus aliados asiáticos se sienten inseguros respecto a los compromisos económicos y de seguridad a largo plazo de la administración Trump. Sin embargo, países como Japón, Corea del Sur y Taiwán tienen menos alternativas que Alemania, Francia y el Reino Unido. No existe una OTAN asiática que los vincule con Washington, ni una institución similar a la UE que los conecte entre sí.
Además, todos se enfrentan a las presiones generadas por el poder económico, tecnológico y militar (en aumento) de China. China ahora actúa con mayor firmeza hacia el partido gobernante de Taiwán y el gobierno de Japón. Estos y otros factores limitan sustancialmente la posibilidad de que los aliados asiáticos de Estados Unidos sigan el ejemplo de los europeos hacia una mayor independencia de EE. UU.
En cuanto a China, el presidente Xi Jinping, consciente de la desaceleración económica y de que el aventurismo de Trump y Putin no les ha beneficiado ni a ellos ni a sus países, se ha abstenido de aprovechar la distracción estadounidense para asumir nuevos riesgos. En cambio, es probable que agasaje a Trump con pompa y boato durante su visita a Pekín este mes, buscando un rechazo explícito por parte de Estados Unidos a las reivindicaciones de independencia de Taiwán. A cambio, Xi podría comprometerse a realizar importantes compras de productos estadounidenses. Ni siquiera los asesores más cercanos de Trump pueden estar seguros de que resistirá la tentación. Huelga decir que los aliados de Estados Unidos en Asia y otras regiones estarán muy atentos.
La guerra de Irán también ha acelerado otro cambio importante que involucra a China. Ha demostrado a los líderes iraníes y al mundo lo fácil y económico que resulta cerrar el estratégico estrecho de Ormuz al comercio de petróleo y gas. Otros cuellos de botella, como el estrecho de Bab el-Mandeb, que separa Yemen de África, e incluso el estrecho de Malaca en el sudeste asiático, están potencialmente en juego. Además, esto ocurre en un momento en que China es el líder mundial indiscutible en energía sostenible, vehículos eléctricos y baterías, así como en los minerales críticos y el reprocesamiento que los sustentan.
El histórico giro de China hacia la producción de energía post-carbono la convierte en un socio comercial mucho más atractivo para los principales importadores de energía del mundo. Todos necesitan más energía, y si bien esto genera beneficios a corto plazo para Estados Unidos (y el dólar) como el mayor productor mundial de hidrocarburos, las vulnerabilidades expuestas por la guerra crean enormes oportunidades a largo plazo para China.
Por todas estas razones, el conflicto aún latente en Oriente Medio influirá más en las alianzas internacionales y en el equilibrio de poder global que cualquier otro acontecimiento desde el final de la Guerra Fría.
El autor es fundador y presidente de Eurasia Group y GZERO Media, miembro del Comité Ejecutivo del Órgano Consultivo de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre Inteligencia Artificial.
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