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Este viernes 8 de mayo de 2026, doña Laura Fernández Delgado asumió el alto cargo y la inmensa responsabilidad de presidente de la República de Costa Rica, que ejercerá durante los próximos cuatro años.
Doña Laura ha asumido el poder en circunstancias muy difíciles para su país, por el agravamiento de los problemas sociales y de la inseguridad pública, y por el deterioro de la democracia de Costa Rica que desde mediados del siglo 20 venía siendo un ejemplo a seguir por los demás países de Centroamérica.
Como prueba de ese lamentable deterioro, basta mencionar que en los últimos cuatro años Costa Rica cayó 30 puntos en el Índice de la Libertad de Prensa en el Mundo, de Reporteros sin Fronteras. Pasó del octavo lugar que ostentaba en 2022 al 38 que ocupa ahora. Pero, además, el deterioro democrático causado por la polarización política promovida en el mismo período con sus desplantes autoritarios, por el presidente saliente Rodrigo Chaves.
La presidenta Fernández pertenece al mismo partido político del expresidente Chaves. Además, ha declarado que continuará sus mismas políticas de gobierno. Incluso lo nombró ministro de la Presidencia y ministro de Hacienda a la vez, o sea un “superministro y una fórmula inédita para dar continuidad a su proyecto populista”, como muy bien lo señaló el periódico El País, de España.
Sin embargo, el diario La Nación, de Costa Rica, reconocido por su independencia, profesionalismo y compromiso con la democracia liberal, al saludar en su editorial del viernes 8 de mayo a la presidenta Fernández con motivo de su toma de posesión, señaló que ella “llega al poder con la misión de unir al país”.
Expresa el editorial del principal periódico de Costa Rica que “la principal señal de esperanza radica en el tono y el estilo de gobierno que prometió la misma noche de su victoria electoral, el 1° de febrero, cuando se definió como una ‘demócrata convencida y asumió el compromiso de presidir ´un gobierno de diálogo y concordia nacional, respetuoso y firme del Estado de derecho´”.
Cabe mencionar que La Nación, por su condición de principal representante del ejercicio de la libertad de prensa y de un periodismo independiente, crítico de los poderes públicos y fiel servidor de los intereses públicos y nacionales, ha sido también —y por eso mismo— víctima de las desviaciones autoritarias del ahora expresidente Rodrigo Chaves.
Ahora bien, aunque la presidenta Fernández ha dicho que seguirá la misma línea del expresidente Chaves, La Nación destaca en su editorial que un estudio de opinión de la Universidad de Costa Rica reveló que el contundente triunfo electoral de doña Laura, con el 48.5 por ciento de los votos, “fue por mérito propio y no únicamente por una transferencia automática de popularidad”. Y agrega que “un 70 por ciento de quienes votaron por ella asegura que habría mantenido su apoyo incluso sin el respaldo del mandatario saliente, Rodrigo Chaves”.
De manera que, según La Nación, “en respuesta a esa expectativa de los ciudadanos (la presidenta Fernández) tiene la oportunidad de ejercer una Presidencia auténticamente suya, con capacidad de decisión, criterio independiente y una visión propia de gobierno. Será a ella, y no a ninguna otra figura política, a quien los costarricenses le exigirán resultados y fidelidad a su compromiso de nunca permitir la arbitrariedad y el autoritarismo”.
Y concluye el editorial de La Nación: “Laura Fernández tiene la responsabilidad histórica de demostrar que la continuidad no implica mantener al país en una polarización permanente, sino abrir paso a una forma más serena, respetuosa y democrática de ejercer el poder. La campaña terminó; ahora le corresponde gobernar para todos”.
No hace falta agregar que esa misma expectativa y esperanza tienen los muchos nicaragüenses que viven en Costa Rica, ya sea como diáspora, exilio, refugiados o inmigrantes por motivos económicos.
Todos queremos que doña Laura aproveche la oportunidad de oro que tiene para devolverle a Costa Rica el lustre democrático que fue empañado por el presidente anterior