feria de vivienda

La propaganda rindiendo culto a Ortega y Murillo fue evidente cuando se anunció la feria de vivienda. Foto/Tomado de medios oficialistas

Solicitantes esperaron hasta seis horas para entrar a feria de la vivienda

Trabajador estatal relata su paso por feria de la vivienda, explica necesidad frente a opciones. "No importa que (casa) quede largo del centro de la ciudad"

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Salió un poco antes de las 5:00 de la mañana de su domicilio y llegó a las 6:00 a las cercanías del Centro de Convenciones Olof Palme. Jaime Munguía Talavera se sintió desencantado, pues creía que sería de las primeras personas en estar en el lugar donde se realizaría la feria de la vivienda el sábado 25 y el domingo 26 de abril, pero, ¡qué va! Delante de él estaban unas 800 personas haciendo fila.

Y es que entre los que llegaron antes de Jaime había una cantidad de personas que durmieron en hamacas y colchones en el sitio para ser los primeros en la fila y salir rápidamente para volver temprano a sus casas, o hacer otras diligencias. Cuando culminó su gestión, habían transcurrido seis horas.

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A Jaime —cuyo nombre verdadero es otro, pero no lo menciona porque tiene miedo a ser reprimido, ya que es trabajador estatal— le gustaría una casa de un proyecto habitacional cercano al Mercado Israel Lewites, pero tendría que pagar una cuota mensual de $320.00 dólares, lo que no está a su alcance, aunque en su hogar también trabaja su esposa.

Por eso su objetivo es conseguir una vivienda en Nuevas Victorias, ubicado cerca de Sabana Grande, en el extremo occidental de Managua, donde tendría que abonar $105.00 dólares cada mes, lo que puede solo con su salario. Comenta que “no me importa que quede largo del centro de la ciudad, yo voy a saber cómo movilizarme”.

Una imagen de archivo de los apartamentos Nuevas Victorias en Managua. Foto: Tomada de la Alcaldía de Managua.

Dicen que lo llamarán porque trabaja en el Estado

Aunque ahora Jaime está tranquilo, fue motivo de inquietud que cuando logró entrar al Olof Palme no le pidieron los documentos que usualmente se presentan en estos casos, como copias de cédula y constancia salarial, y un aval del comisario político del FSLN en su zona de residencia. Solo le requirieron sus datos generales.

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Un muchacho que lo atendió le preguntó si era trabajador del Estado, a lo que él respondió afirmativamente. “A pues te van a llamar”, le dijo. Esas palabras fueron como un bálsamo y ahora se encuentra ilusionado, y casi seguro de que en cualquier momento lo llamarán para que presente sus documentos y le aprobarán el acceso a una casa.

Las condiciones reales de su casa

Jaime está hastiado de que en el lugar donde vive desde hace cinco años casi no hay agua y la mayor parte de la que él y su familia necesitan debe comprarla, tanto para beber como para lavar y cocinar. “Yo quiero tener mi casita con electricidad, agua potable y salida para las aguas grises”, afirma.

Cuando aún estaba en la fila fuera del Olof Palme, por varios conocidos Jaime se enteró de que la cola de solicitantes de viviendas llegaba hasta Plaza Inter. Con tanta gente y tanto calor las disputas eran frecuentes, sobre todo porque algunas personas querían meterse a la fuerza, principalmente cerca de la entrada al Olof Palme.

Otra situación que se daba cerca de la entrada al centro de convenciones fue la presencia de personas de la tercera edad, la mayoría de las cuales se acercaban a alguien, se le ponían al lado, y avanzaban, hasta que se metían a la cola. Muy pocas pedían que las dejaran entrar en consideración de su edad. “Francamente, eso no me interesaba, yo iba a lo que iba, y nada más”, dice Jaime.

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