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Jannik Sinner, con su título de Wimbledon este domingo, es uno de los deportistas italianos que ha podido dar una alegría a los aficionados de su país, que se han quedado sin poder seguir a la Azzurra en el Mundial de fútbol de 2026, al no clasificarse.
Pese a su triunfo, el propio tenista es consciente del poder del fútbol.
«Sacrificaría uno de mis títulos con tal de que Italia estuviera en el Mundial. Me encantaría poder hacer ese intercambio. Muchos jóvenes nunca han visto a Italia jugar un Mundial», dijo Sinner el pasado mes de abril, tras ganar el pasado Masters 1000 de Montecarlo.
Y es que Italia no se ha clasificado en los tres últimos Mundiales de fútbol (2018, 2022 y 2026).
Mientras Italia decepcionaba en fútbol a sus aficionados, Sinner, a sus 24 años, se ha ido convirtiendo en un ídolo en un país, que ha ganado ganó cuatro títulos mundiales del deporte rey.
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El fútbol, pese a su comentario y que se confiesa hincha del AC Milan, no acaparó las preferencias de Sinner en su niñez o adolescencia, aunque lo practicó.
«Me hice hincha del Milan cuando me fui de casa. Compartía piso con otro jugador (de tenis) que era del Milan. Teníamos una sola televisión y siempre veíamos sus partidos. Al final pensé: ‘vale, elijo al Milan'», dijo Sinner el año pasado.
Hincha del Milan
La declaración la hizo durante una entrevista concedida en Roland Garros, a comienzos de junio de 2025, cuando le preguntaron por la posibilidad de que el croata Luka Modric fichara por el AC Milan, como así ocurrió.
Su amor por el Milan comenzó más o menos cuando tenía 13 años y se trasladó a Bordighera, una localidad de la región de Liguria, en el noroeste de Italia, cerca de la frontera con Francia.
Allí se unió al Centro de Tenis Piatti y compartió alojamiento con otros aspirantes a tenistas.
Sinner tardó en cuajar como jugador júnior. Comenzó a competir en torneos profesionales a los 16 años y, ya con 17, se convirtió en uno de los pocos tenistas en ganar títulos del ATP Challenger Tour.
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Aunque el fútbol había entrado en su vida, más como practicante que como aficionado.
Durante varios años repartió su tiempo entre el esquí, el tenis y el fútbol, en las categorías inferiores del AFC Sexten.
Pero a los trece años, sabiendo que compaginar tres deportes era complicado y convencido de que el tenis se adaptaba mejor a sus características físicas, al ser alto y delgado, decidió abandonar esquí y fútbol.

A ahí fue cuando comenzó su andadura en Bordighera, que no está lejos de su región natal del norte de Italia, Tirol del Sur.
Había crecido en Sexten, un pueblo de los Dolomitas, del que es originaria su familia.
Aunque nació en Italia, la lengua materna es el alemán en su familia, de la que forma parte un hermano mayor adoptado, Mark, nacido en Rusia en 1998.
Al ser originario de los Dolomitas, Sinner comenzó a los tres años a esquiar y, cinco más tarde, ya disputaba sus primeras competiciones.
Paralelamente, a los siete años, descubrió el tenis.
Esquiador prometedor
Todo parecía indicar que destacaría en el deporte de la nieve. Entre los siete y los doce años fue uno de los esquiadores más prometedores de Italia, proclamándose campeón nacional de eslalon gigante en 2008 y subcampeón nacional en 2012.
Pero acabó en el tenis, donde este domingo ganó su segundo título en Wimbledon, después del logrado el año pasado, para un total de cinco Grand Slam.
Además del doblete de Wimbledon, en 2025 y 2026, ha ganado también dos veces el Abierto de Australia (2024 y 2025) y una vez el US Open (2025).
Muchos aficionados y medios han comentado su sonrisa como parte de un contraste, resaltando que fuera de la competición puede mostrarse más simpático y bromista de lo que su expresión de concentración durante los partidos hace pensar.