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La salida repentina del programa “Detalles del Momento” en Canal 6, del propagandista y diputado orteguista, Moisés Absalón Pastora, puede obedecer a un proceso de renovación de los propagandistas de la dictadura Ortega-Murillo y a mantener siempre el control absoluto de la información por parte de los dictadores, según analistas consultados por LA PRENSA.
Mediante un video de casi seis minutos posteado días anteriores en las cuentas del Canal Parlamentario, el propagandista Moisés Absalón Pastora confirmó que dejará el programa Detalles del Momento, que transmitía a través de Canal 6 desde el 9 de julio de 2018, argumentando problemas de salud. Pastora, de 66 años, aseguró que todo tiene un ciclo y que el de su programa Detalles del Momento “por este momento, precisamente, llega a su punto”.
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Es llamativo que la publicación del video se haya realizado únicamente a través del canal oficial de la Asamblea, donde funge además como diputado desde la farsa electoral de 2021. Él negó que lo corrieron, humillaron o retiraron de forma abrupta de Canal 6, como señalan versiones difundidas en redes sociales y medios digitales. Pastora aseguró que dichas versiones son falsas y afirmó que mantiene una buena relación con el aparato mediático del régimen.
Salida de Moisés Absalón Pastora se suma a Grigsby y Mora
Alfonso Malespín, profesor universitario e investigador de temas relativos a medios de comunicación, periodismo y libertad de expresión, reseña que antes de la salida del programa de Pastora en Canal 6, el régimen orteguista despidió a otros dos propagandistas notables: William Grigsby Vado y Alberto Mora, quienes por casi todo lo que lleva el orteguismo en el poder condujeron la principal revista matutina de la televisión de la dictadura.
“Los tres ya son señores de la tercera edad que no logran conectar con la chavalada que le hace de telón de fondo a los Ortega-Murillo. La mejor evidencia son sus métricas, que eran deplorables”, expresó Malespín.
El profesor universitario considera que el régimen orteguista algo tenía que hacer para intentar renovar el carísimo aparato televisivo del régimen. “Uno de sus influencers le genera muchos mejores dividendos con apenas un teléfono móvil y una cuenta de internet”, resaltó el académico.
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Malespín considera que los programas de propagandistas como Pastora, Grigsby y Mora se diseñaron para atacar a la oposición desterrada, a los medios de comunicación y periodistas en el exilio, y a cuanta voz crítica pudiera haber en el exterior.
Hacen trabajo sucio que lidera Rosario Murillo
“Ellos hacen el trabajo sucio que antes lideraba Rosario Murillo casi en solitario. Pero no significa que ella haya renunciado al insulto. Es que ella siente que necesita otras cajas de resonancia. Y para humillación de quienes lo hacen, Murillo los escoge, sobre todo, de entre quienes se autodenominaban antisandinistas en otros tiempos, pero que ahora dicen haber visto la luz que irradia desde El Carmen (sector de Managua donde vive la familia dictatorial)”, destaca el también investigador en temas de medios de comunicación.
Agrega que el común denominador es el lenguaje de odio en contra de todo lo que contraría el discurso oficial del régimen. No importa que sus niveles de consumo sean deplorables. “Rosario Murillo entiende que la prensa que se le opone monitorea a estas figuras y, así como recoge y devuelve el discurso de El Carmen, también lo hace con los dichos de estos señores”, analiza Malespín.
Esencia del régimen: control absoluto de la información
Por su parte, Guillermo Medrano, miembro de la Fundación para Libertad de Expresión y Democracia (FLED), indica que si realmente existiera la voluntad de erradicar el discurso de odio de la dictadura Ortega-Murillo “no veríamos la criminalización sistemática de la crítica con la aprobación de las leyes de ciberdelito, el cierre masivo de medios, ni otras cosas que han pasado”.
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Lo que está ocurriendo, a juicio de Medrano, es una lucha de narrativas internas, lo cual es doméstico porque para la comunidad internacional y los estándares de derechos humanos, la esencia del régimen Ortega-Murillo sigue siendo el mismo: el control absoluto de la información.
“La libertad de prensa no se garantiza reprimiendo internamente a sus voceros, a sus microfoneros, propagandistas, sino con el cese de la represión y el respeto al pluralismo político”, enfatizó el miembro de la FLED.
Medrano recordó que en Nicaragua el discurso de odio no es un error de un comunicador aislado ni de un propagandista como Pastora, Enrique Quiñónez, Stanley Vladimir o cualquiera de ellos, sino que es una herramienta de control de la dictadura orteguista.
Supuesta autocorrección
Otro elemento que se debe valorar —expresó Medrano— es que puede estar la falacia de la supuesta autocorrección o autorregulación, pero la verdadera libertad de prensa se mide por la seguridad de los periodistas independientes, no por la disciplina ni el control de un propagandista.
“Mientras existan periodistas en el exilio y medios confiscados, cualquier narrativa de combate al odio dentro del oficialismo no es nada más que cosas cosméticas. Es una mentira”, destacó Medrano.
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De acuerdo con los analistas, no se puede considerar que la salida de Detalles del Momento obedece únicamente a una reprimenda por el discurso de odio de Moisés Absalón Pastora, porque critique a Estados Unidos o insulte a los opositores y periodistas independientes, porque esa es la esencia del discurso del régimen Ortega-Murillo. De hecho, el mismo Ortega insultó a Trump días atrás, cuestionó la imposición de sanciones y dijo que el presidente estadounidense no estaba en sus «cinco sentidos», molesto tras la imposición de sanciones a sus hijos Maurice y Daniel Edmundo Ortega Murillo.