El propagandista de la dictadura de Daniel Ortega, William Grigsby Vado, que en los últimos años se ha dedicado a amenazar a empresarios, opositores y sacerdotes de la Iglesia católica a través de su programa radial y virtual «Sin Fronteras», anunció en septiembre pasado que se tomaría un receso y reanudaría en noviembre. Sin embargo, Grigsby no ha hecho nuevas transmisiones, mientras crecen cada vez más las especulaciones de que fue mandado a callar por el mismo régimen que defiende, en un contexto de purgas a los leales.
El ex preso político, despatriado y disidente de la dictadura orteguista, Marlon Gerardo Sáenz, mejor conocido como el «Chino Enoc», cree que el régimen Ortega Murillo está preparando a Grigsby para una próxima misión de convencimiento al sector de veteranos sandinista, que es un grupo en que el régimen a perdido adeptos.
El disidente sandinista dijo que es conocido por todos que la dictadura se ha dedicado a reclutar y convencer a jóvenes para integrarlos a su proyecto político y repartirles los cargos públicos, mientras que a los sandinistas viejos, la mayoría excombatientes en la guerra civil de los ochenta, el orteguismo les ha dado la espalda. Sáenz valoró que el régimen Ortega Murillo se ha dado cuenta que podría ser un «peligro» dejar perder a ese sector.
¿Preparan un montaje?
La hipótesis de Sáenz es que la salida de escena de Grigsby es parte de un montaje para crear la apariencia de que este propagandista se retiró o lo retiraron, porque no está de acuerdo en todo con el régimen de Ortega, pero cuando sea el momento de regresarlo, lo hará con un discurso más inclinado por el sandinismo histórico, con llamados a la «mística sandinista», pero sin retirar su apoyo a la dictadura.
«Para mí, lo sacan del aire, lo enfrían, para regresarlo con otro cuento. Como lo retiraron, él viene enojado a apoyar al sandinismo histórico y a tratar de acercarse al sector de los descontentos, para ver de qué manera maniobra», dijo Sáenz.
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También dijo que podría regresar con un discurso «neutral» o con un discurso de «por el bien del partido, por el bien de la organización», porque por experiencia Sáenz sabe que esa es otra manera que usan para querer convencer a quienes cuestionan y critican desde adentro.

Sáenz expresó que su hipótesis se sustenta en que Grigsby siempre ha manejado un doble discurso que ha hecho dudar a algunos sobre si de verdad apoya ciegamente a la dictadora Ortega Murillo. En 2018, Grigsby criticó la represión policial ordenada por Ortega contra las protestas estudiantiles, sin embargo, luego se volvió el más férreo y odioso de sus defensores. Por otro parte, el Sáenz dijo que el régimen sabe que «la mayoría de los nicaragüenses somos olvidadizos en algunas cosas».
«Nos gusta que nos den la coyuntura nada más y que nos manipulen, incluso hasta nos prestamos a que nos manipulen», manifestó Sáenz.
Particularmente Sáenz no cree que Grigsby haya sido vetado o mandado a callar, porque hasta donde sabe, ha apoyado en todo a la dictadura los últimos años, además que consideró que Grigsby no va a poner en riesgo la partida que recibe para su negocio radial.
Qué papel juega Grigsby
El papel de Grigsby después de 2018 ha sido de un mensajero de Ortega, que lanza advertencias y amenazas a los opositores, acusándolos de narcotráfico, robos, lavado de dinero, asesinatos y otros crímenes, con un lenguaje alineado con el discurso de odio que repite todos los días la primera dama y cogobernante de Ortega, Rosario Murillo, que es la vocera oficial del régimen.
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También los programas de Grigsby han estado dedicados a acusar a instituciones de Estados Unidos de financiar a los opositores nicaragüenses, quienes en su mayoría viven en el exilio tras ser amenazados, perseguidos, encarcelados y expulsados de Nicaragua por la dictadura de Ortega. Aún así, el vocero de Ortega dedica todas sus energías a hablar de estos desterrados.
En una ocasión, el propagandista William Grigsby dijo que los empresarios Carlos Pellas y Ramiro Ortiz sufrirán las represalias del régimen de Daniel Ortega porque, según él, financian el centro de pensamiento Diálogo Interamericano, el cual ha criticado las violaciones a derechos humanos por parte de la dictadura.
De igual manera, acusó a los empresarios Roberto Zamora, José Antonio Baltodano, Piero Coen y a la familia Sacasa de supuestamente comprar armas durante las protestas de abril. “Financiaron compra de armas, sostenimiento de los tranques, campañas de desinformación y de calumnias”, dijo.