Estados Unidos en la encrucijada

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Estados Unidos tiene un gran peligro que, de rebote, constituye un peligro para el mundo entero. Desde el siglo veinte esta nación, con todo y sus defectos y pecados, ha sido el principal baluarte de la libertad en el mundo. Solo las mentes estrechas, cegadas por el fanatismo, pueden negar o desconocen el papel positivo que ha ejercido en el curso de la humanidad. Fue crucial para detener los totalitarismos nazis y comunistas. Y sigue siendo el defensor más poderoso de la democracia y los valores que la acompañan. Si se esfumase de la noche a la mañana podría ocurrir lo que pasó tras la caída del imperio romano: que los bárbaros asolaron la tierra.

El problema es que para mantener su liderazgo e influencia esta nación tiene que estar sustentada en una ciudadanía que comulgue con los valores que la han hecho grande, entre ellos su amor por la libertad, su religiosidad de corte cristiano, y el coraje para defender su patria. Las líneas finales de su himno lo cantan: “In the land of the free and the home of the brave” (en la tierra de los libres y el hogar de los valientes). Y esto es, precisamente, lo que está en riesgo.

Hoy, desafortunadamente, los Estados Unidos son una nación dividida entre una mitad que sustenta sus valores tradicionales y otra ciudadanía cada vez más distante de ellos. La primera se identifica con la tendencia republicana, y la otra con la demócrata. Aun cuando dentro de ellas hay distintos grados de intensidad, sus diferencias se han vuelto tan marcadas que parecen constituir dos naciones.

Hoy, el 92 por ciento de los republicanos se sienten patriotas, orgullosos de su país, ciudadanos del mejor país de la tierra y del papel que desempeña en el mundo. Ven importante fortalecer militarmente al país, admiran el capitalismo, adversan las autocracias socialistas y quieren inmigración controlada y fronteras seguras. También son más religiosos: el 73 por ciento consideran la religión como algo importante en sus vidas. Entre los demócratas, en cambio, sólo el 36 por ciento de ellos se sienten orgullosos de ser norteamericanos. El resto, la mayoría, lejos de ver su nación como ejemplar y faro del mundo, tienden a verla como un nido de injusticias, discriminación, o prepotencia imperialista. Como tales no quieren aumentar el gasto en defensa, prefieren las fronteras abiertas y tienen un porcentaje significativo y creciente —45 por ciento— que simpatiza con el socialismo. Su actitud hacia las autocracias de izquierda es también muy diferente. 11 por ciento de ellos apoyaron la extracción de Maduro vs. un 70 de los republicanos. También son menos religiosos: sólo el 38 por ciento de ella considera a la religión como algo importante en sus vidas.

Lo más grave es que estas tendencias continúan acentuándose. Hasta hace poco prevalecía el apoyo bipartidista a Israel. En 2024 de los 47 senadores demócratas 19 votaron contra darle ayuda militar. En 2025 fueron 24, y ahora en 2026, han subido a 40. El alcalde Mandani de Nueva York, a quien muchos demócratas vieron inicialmente como demasiado a la izquierda, recientemente fue abrazado y elogiado por Obama.

No siempre fue así. Hubo un tiempo en que el partido demócrata solía compartir con el republicano un gran aprecio por el legado histórico de su nación. Algunos de sus presidentes, como Kennedy y Johnson, lucharon contra el comunismo. Este último intervino incluso en la República Dominicana diciendo que “No toleraremos otra Cuba en América”. Tenía diferencias con los republicanos en cuanto a políticas sociales y los derechos civiles, pero ambos apoyaban sin reservas el capitalismo, adversaban los autoritarismos socialistas y apoyaban a Israel. Pero bajo la influencia de su ala “progre”, especialmente marcada en los últimos seis años, las diferencias entre republicanos y demócratas se han extremado.

Estas son tendencias preocupantes pues implican que de llegar los demócratas —la izquierda— al poder, la política interna y externa del país dará un giro peligroso. Posiblemente no podrá detener a un Irán nuclear. Posiblemente abran de nuevo las fronteras. Posiblemente ese día haya brindis con champagne en Pekín, Moscú, y Nicaragua y Cuba, si es que para entonces sobreviven sus tiranos.

La gravedad de la actual división de la población norteamericana entre dos mitades tan opuestas no debe ser subestimada. Conviene recordar la advertencia de Jesús en Lucas 11:14-23: “Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae”.

El autor es sociólogo e historiador. Autor de En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

COMENTARIOS

  1. Yali Molina Palacios
    Hace 2 meses

    Que buen artículo, pero muy preocupante para los que tenemos aprecio por esta gran nación. Debería traducirse al Inglés y publicarse en periódicos y medios americanos para que se haga conciencia.

  2. Yali Molina Palacios
    Hace 2 meses

    Que buen artículo, pero muy preocupante para los que tenemos aprecio por esta gran nación. Debería traducirse al Inglés y publicarse en periódicos y medios americanos para que se haga conciencia.

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