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En medio de la propaganda oficial que constantemente destaca el dinamismo del turismo en Nicaragua, las estadísticas oficiales confirman que el año pasado el país recibió menos turistas que en 2024 y los que llegaron se quedaron menos tiempo. Sin embargo, el incremento en el gasto promedio de los viajeros permitió que los ingresos generados por el sector crecieran 3 por ciento. El estancamiento según empresarios del sector, refleja la «incapacidad del régimen Ortega Murillo para reactivar la industria turística después del inicio de la crisis sociopolítica y la pandemia de covid-19».
El Informe Anual 2025 que publicó recientemente el Banco Central de Nicaragua (BCN) detalla que el año pasado «los ingresos por turismo receptor se mantuvieron relativamente estables y alcanzaron los 527 millones de dólares». El monto supera en 16.1 millones de dólares los ingresos de 2024, cuando el sector generó 510.9 millones de dólares.
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Pero el incremento del 3 por ciento que registraron estos ingresos el año pasado no fue impulsado por la llegada de más personas, sino por el aumento «en el gasto promedio de los turistas». Mejoría que compensó «la reducción en el número de visitantes y en la estadía promedio», señala el informe.

Turismo en Nicaragua sigue estancado
A criterio de empresarios del sector, este estancamiento refleja la incapacidad del régimen Ortega Murillo para reactivar la industria turística después del inicio de la crisis sociopolítica en 2018 y la pandemia de covid-19.
«A nivel mundial la industria se ha recuperado de la pandemia. Incluso países de nuestra región han superado metas trabajando de forma coordinada entre las autoridades de turismo y los respectivos gremios turísticos», señala un empresario del sector que por temor a represalias solicita no mencionar su nombre.
Además, lamenta que en Nicaragua en lugar de fortalecer esas alianzas en pro de la recuperación del sector, «ahora lo que existe es una ausencia de trabajo conjunto con el sector privado, porque el gremio turístico quedó desarticulado cuando prohibieron su organización. Mientras el Intur, que es el ente rector, parece no tener estrategia clara para acceder a los mercados. Acceso que, además, no podrá conseguir exitosamente mientras exista un divorcio con el sector privado».
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La Cámara Nacional de Turismo de Nicaragua (Canatur) que funcionaba desde 1976 fue una entre las más de 5,500 organizaciones no gubernamentales que el régimen Ortega Murillo cerró a partir del estallido de la crisis sociopolítica en 2018.
Intur con pocos recursos para promoverlo
Otros empresarios del sector recuerdan que otra debilidad es que el Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur) no cuenta con los recursos financieros necesarios para realizar las inversiones que se requieren en materia de promoción internacional. Consideran que esa promoción permitiría, de alguna manera, mejorar la imagen internacional que el país tiene producto de todas las violaciones a los derechos humanos que a diario se cometen en Nicaragua.
«Entonces, sin estrategia clara y sin fondos suficientes, que son ingredientes elementales, lo que queda es una receta mediocre», dice uno de los empresarios que pidió anonimato y añade que tampoco se debe olvidar que cuando reformaron la Ley 495, Ley General de Turismo, le quitaron al Intur los ingresos que percibía y destinaba a la promoción turística internacional. La principal implicación de esa reforma fue el traspaso de una parte de los ingresos que percibía el Intur al Presupuesto General de la República.
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Otro factor que está impidiendo la reactivación del turismo, al menos a niveles de 2017, es la reiterada advertencia que el Departamento de Estado de Estados Unidos le ha hecho a los ciudadanos de ese país, sobre los peligros que enfrentan al visitar Nicaragua, y el llamado a reconsiderar cualquier viaje.
EE.UU. pide a sus ciudadanos no visitar Nicaragua
En sus mensajes el Departamento de Estado le ha dicho a sus ciudadanos que «¡Ningunas vacaciones valen el precio de la libertad!» a a vez que les recuerda que el régimen Ortega Murillo tiene un amplio historial de detenciones arbitrarias, represión política y falta de garantías legales. Esta alerta pesa mucho sobre el sector porque después de Centroamérica, Estados Unidos era el segundo gran origen de los turistas que llegaban a Nicaragua.
De acuerdo con los reportes del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), en el último tramo del año pasado el sector marcó un hecho histórico cuando el gasto promedio diario de los turistas rebasó por primera vez 50 dólares diarios, y se ubicó en 53 dólares. Alza que, según empresarios de la industria del ocio y el descanso, es resultado del incremento de los precios. Además, está muy lejos de los 138.70 dólares que promedia el gasto per cápita diario de los turistas en Centroamérica.
Con respecto a la estadía promedio, el Inide confirmó que en el cuarto trimestre del año pasado bajó a 9.1 días, en comparación con los 9.7 que promedió en el mismo lapso de 2024.
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En 2025 llegaron menos turistas
Según el informe del BCN, el año pasado Nicaragua recibió a 1.07 millones de turistas, cifra que representa una reducción de unos 10,000 visitantes en comparación con los 1.08 millones que entraron al país en 2024. La cifra también está por debajo de los 1.20 millones de turistas que reportaron en 2023, cuando el tráfico de migrantes que promovió el régimen Ortega Murillo alcanzó su pico.
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Pero está aún más lejos de los 1.95 millones de turistas que llegaron al país en 2017, es decir, el año previo al inicio de la crisis sociopolítica que aún afecta al país. En ese año, el sector generó 840.50 millones de dólares en ingresos, monto que tras ocho años no se ha vuelto a registrar.
Por esta razón, los empresarios del sector insisten en que el régimen Ortega Murillo ha sido incapaz de conseguir que el sector vuelva al menos a esos niveles, mientras en el resto de la región las alianzas entre el sector público y los empresarios turísticos han conseguido grandes avances tras la crisis que le provocó a la industria turística la pandemia de covid-19, que por primera vez en la historia mantuvo paralizado el transporte aéreo, marítimo y terrestre, paralización que afectó principalmente al turismo mundial.