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Tras denuncias en el plano internacional de la prohibición de eventos religiosos en Nicaragua en el marco de Semana Santa, la dictadura de Daniel Ortega reaccionó furibunda y pidió a Dios perdón para los que están denunciando la falta de libertad religiosa en el país, según un comunicado emitido este miércoles. Además arremetió contra las políticas migratorias de la administración de Donald Trump en respuesta a críticas desde Washington por la restricción religiosa en el país.
«En toda Nicaragua se realizan miles de actividades religiosas, católicas y de Iglesias cristianas y evangélicas, ritos y cultos propios de la Semana Santa, a los que con fervor asistimos, cumpliendo con nuestras tradiciones como pueblo de Dios», dice parte del comunicado un día después de que un alto cargo de la administración Trump denunciara la prohibición en Nicaragua de eventos religiosos propias de Semana Santa.
El vicesecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, dijo: “Una vez más este año, la dictadura Ortega-Murillo niega al pueblo de Nicaragua el derecho a profesar su fe de esta manera al prohibir tales procesiones públicas”.
Antes recordó que “la Semana Santa es un tiempo sagrado para las familias de todo el mundo, incluida la mía. En toda América Latina, la gente se reúne en las calles de sus ciudades para profesar su fe y conmemorar la Pasión”.
«Nicaragua ha acogido históricamente algunas de las procesiones más bellas y famosas de la región (por ejemplo, en Granada y León) y espero el día en que nuestros amigos nicaragüenses recuperen su libertad religiosa», dijo.
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En respuesta a esa denuncia y otras quejas desde Washington, la dictadura dijo: «Lo que sí está a la vista del mundo entero y del propio pueblo norteamericano que lo denuncia todos los días, es la violenta persecución contra migrantes inocentes, personas de bien, trabajadores, que han viajado a Estados Unidos a ganarse la vida, creyendo en ese país donde migrantes de distintas partes del mundo han contribuido a forjar riqueza».
«Esa comunidad migrante, Honesta, trabajadora, en Estados Unidos hoy vive abuso y acoso de las autoridades, separación de familias, agresión a niños y niñas, violación sistemática de todos sus derechos humanos, perseguidos, amenazados, encarcelados, ven arrebatada su dignidad humana. Esa sí es realidad, vergonzosa y angustiante! Están crucificando nuevamente a Cristo Jesús!», afirmó.
Además llamó a quienes «han vertido falsedades sobre nuestras vivencias religiosas, a desmentir lo que evidentemente constituye solamente una campaña política de desinformación interesada, que alimenta el odio, que nada tiene que ver con la religión o la fe, y que por supuesto no contribuye al encuentro de la familia humana en momentos tan duros como los que vivimos en este mundo».
Más de medio millón de nicaragüenses han sido expulsados al exterior por la violenta represión que el régimen de Daniel Ortega ha desatado contra la población desde abril del 2018, por las violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, según denuncias de organizaciones internacionales. Hoy gran parte de esos migrantes y que viven sin estatus legal en Estados Unidos estàn siendo objeto de deportación por parte de la administración de Donald Trump.
Martha Patricia Molina, especialista en temas religiosos y que ha documentado la persecución de la dictadura contra la Iglesia católica, asegura que solo este año un total de 5,738 procesiones fueron prohibidas en la cuaresma de 2026 «para un total de 27,286 procesiones y actos de piedad popular que has sido prohibidos por la dictadura sandinista desde el año 2019».
«Doña Rosario Murillo por medio de ese comunicado trata de limpiarse la cara ante Estados Unidos y decirle que no es cierto lo que dice de las relaciones Estado-Iglesia Católica; responden porque están golpeados por las cifras y por la verdad expuesta», afirma.
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Molina asegura que en un intento de desmentir las denuncias internacionales, la dictadura se ha visto forzada a publicar en sus medios de propagandas las procesiones que las parroquias se han visto obligadas a realizar a lo interno de sus templos y no en las calles, «lo que demuestra la fe y el amor que tiene el pueblo de Nicaragua por Dios».
«A pesar del miedo, de la vigilancias, ellos (los feligreses) continúan fieles al llamado de Dios, por eso llegan a las iglesias, aunque todo sea intramuros. No se está cuestionando en ningún momento la fe del laico, el laico se ha mantenido y además fortalecido y por eso están en las iglesias en este momento, pero no están en las calles como siempre se hacía», recordó.
El Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, Silvio José Báez, en su cuenta de Twitter compartió ayer: «Hoy en la Misa Crismal en Miami el Arzobispo T. Wenski ha denunciado «la continua represión en #Nicaragua, donde el régimen ha expulsado a más de 300 personas, entre obispos, sacerdotes, seminaristas y religiosos, y ha prohibido las ordenaciones sacerdotales en cuatro diócesis».
En respuesta, la dictadura respondió: «como siempre, hay fariseos que sirven a intereses foráneos, falsos que nunca han sido ni pastores, ni promotores de valores, como la fraternidad o el bien común, que tanto necesita este mundo complejo. Vale la pena recordar que el mal se enrosca como serpiente, en corazones vacíos que se han movido, y se mueven, por envidias, celos, rivalidades, intrigas y ambiciones nada buenas».
Antes que la dictadura emitiera el comunicado, Murillo aseguró que el Martes Santo se registraron más de 500 actividades religiosas en todo el país con la participación de 35 mil feligreses.
Desde el 2018 la dictadura ha confiscado cientos bienes a la Iglesia católica, además de violentar los templos mediante destrucción de infraestructura.
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