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En las calles del occidente de Nicaragua, entre el calor, el polvo y el cansancio, doña María de los Santos Tórrez Hernández camina todos los días con una canasta llena de rosquillas y el corazón vacío por la ausencia de su hija.
A sus 66 años, no sabe cuántos kilómetros recorre en una jornada. Lo único seguro es que su día comienza a las 8:00 de la mañana, cuando sale desde el municipio de El Viejo, departamento de Chinandega, para vender en las localidades de El Realejo, Corinto y Chichigalpa. Su paso es firme, casi incansable, pero en su mirada hay dolor.
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Desde hace dos años no ve a su hija, Darling de los Ángeles Sánchez Tórrez, de 42 años, quien emprendió el camino hacia México en busca de un mejor futuro. Sin embargo, desde hace un año no tiene ninguna noticia de ella.
“Ella tiene su pasaporte o no sé qué lo hizo. No sé qué está haciendo, no sé si está muerta, viva, enferma o presa”, se pregunta cada mañana mientras inicia su recorrido.
La última plática
La última vez que la vio, recuerda, estaban sentadas en una acera. Su hija le pidió que rezara por ella. “Pídele a Dios que me vaya bien, y yo te ayudo”, le dijo. Pero esa promesa quedó suspendida en el tiempo.
“Salió hace dos años y no la volví a ver jamás. Nunca. Ni me llama, ni me dice nada. Ni tan siquiera que me dijera: ‘Buenos días, soy feliz’. Tan siquiera esas tres palabras”, lamenta.
Las noches para María de los Santos son cortas. Los días, en cambio, parecen interminables, “las calles son una fe y una esperanza para mí, para conseguir información de mi hija”, dice. En cada rostro desconocido, en cada conversación, en cada parada, guarda la ilusión de encontrar una pista.

Su historia no es nueva en el dolor. Años atrás perdió a otro hijo en Guatemala, en circunstancias que la familia prefiere no detallar. “Ya voy perdiendo todo”, confiesa con voz quebrada.
Doña María de los Santos dijo que Darling es la segunda de 11 hijos. La recuerda con ternura: “Ella me decía ‘madrecita, qué linda’. Yo la recuerdo con amor, con todo. Es mi hija”.
Pero la incertidumbre también llegó de uno de sus nietos, un hijo de Darling que retornó de México dijo que su madre había muerto. Luego cambió la versión, informó que estaría en un hospital en Ciudad Hidalgo. Desde entonces la duda se ha convertido en angustia constante.
“No sé cómo saber si está allí. Yo quisiera ir volando, pero no tengo dinero. No me ajusta lo poquito que gano”, explica. Aun así, asegura que no le importa lo que encuentre.
“No me importa que esté presa, yo veré cómo sacarla. No me importa que esté muerta, yo la traigo como sea. Pero necesito saber”, dice entre lágrimas.

María de los Santos no tiene teléfono celular. Para cualquier información sobre el paradero de Darling ha dejado el número de contacto de su otra hija, Juana Maradiaga, al +505 8771 5110.
Su petición es sencilla, pero urgente: “No les pido dinero, no les pido nada. Solo quiero saber de mi hija. Que me digan algo”.
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A pesar del desgaste físico, del sol implacable y del dolor acumulado, sigue caminando. Vende rosquillas, pero también busca respuestas.
“Si mi hija está viva, sería feliz, feliz. Creo que hasta me comería una vaca, porque ni hambre me da. Yo lo que quiero es verla, oír su voz, que me diga: ‘Mamá, soy feliz’”, dice doña María de los Santos.