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En brazos de su dueño, el pequeño cachorro Toby, de cuatro meses, fue presentado este domingo ante San Lázaro en la iglesia Santa María Magdalena de Masaya, ciudad ubicada al sur de Nicaragua, con la esperanza de sanar una catarata que nubla uno de sus ojos.
“Venimos a pedirle a San Lázaro que le quite esa nube blanca en su ojito y que crezca sano”, expresó Josué López, dueño de Toby y quien tiene ocho años de asistir a esta festividad para pedir por la salud del pequeño cachorro.
López no solo ha acudido a San Lázaro por Toby en estos últimos años, sino que comenzó a ir por la madre de su mascota, ya fallecida, por lo que esta visita tiene un significado aún más especial para él.
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La devoción hacia San Lázaro, considerado en Nicaragua como el protector de los animales, volvió a reunir a cientos de fieles que acudieron con sus mascotas a rendir homenaje en una de las tradiciones más arraigadas del país, celebrada cada año previo a la Semana Santa.
Piden salud para sus mascotas
Perros de distintas razas y tamaños desfilaron por el templo luciendo trajes llamativos, desde atuendos elegantes hasta disfraces creativos. Entre ellos destacó un ‘schnauzer’ de dos años, llevado por Orlando Sunsin, quien lo vistió de obispo en honor a la celebración litúrgica del día.
“Le pido a San Lázaro que me le dé salud, que me lo cuide siempre”, comentó Orlando, mientras sostenía a su mascota durante la eucaristía.
La iglesia Santa María Magdalena, ubicada a unos 26 kilómetros al sureste de Managua, se llenó de flores, velas y expresiones de fe. La jornada incluyó actividades culturales, música en un ambiente cargado de esperanza y agradecimiento.
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Razas como pastor alemán, chihuahua, pitbull, husky y perros criollos formaron parte de esta manifestación de fe, en la que los dueños no solo agradecen favores recibidos, sino que también presentan nuevas promesas por la salud y bienestar de sus animales.
La eucaristía fue presidida por el cardenal de Nicaragua, Leopoldo José Brenes, en una celebración que, más allá de lo religioso, refleja el profundo vínculo entre los nicaragüenses y sus mascotas, así como la fe depositada en lo divino para protegerlas y sanar sus dolencias.