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El volcán Masaya, uno de los sistemas volcánicos más activos y enigmáticos de Centroamérica, acapara la atención nacional tras un enjambre sísmico registrado desde la noche del miércoles 18 y la madrugada del jueves 19, con al menos 20 sismos, varios de ellos percibidos por la población aledaña.
El fenómeno reaviva las preocupaciones en torno a un volcán cuya historia está marcada por erupciones violentas, colapsos internos y episodios explosivos que, según expertos, siguen un patrón geológico que no puede ignorarse.
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Según el Servicio Geológico de Brasil, más del 90 por ciento de los volcanes de la Tierra se encuentran en solo nueve países. Se trata de Indonesia, Japón, Estados Unidos (donde se encuentra Hawái), Rusia, Chile, Filipinas, Nueva Guinea, Nueva Zelanda y, por supuesto, Nicaragua.
Los cráteres del volcán Masaya están directamente asociados a erupciones ocurridas en distintos momentos de la historia del país. Los registros de erupciones datan de entre 1520 y 1538, tras la llegada de los españoles, quienes quedaron maravillados por su actividad.
En 1670 y 1772 se produjeron erupciones masivas de lava; esta última se prolongó durante ocho días. Mientras, entre 1853 y 1858 la actividad volcánica generó expulsión de lava.
Un historiador de Masaya, consultado sobre las maravillas del volcán, recordó que el libro Crónicas del volcán Masaya, digitalizado por la Biblioteca Enrique Bolaños, plasma la fascinación de los españoles por el volcán, marcada por el miedo y la ambición.
En el siglo XVI, algunos conquistadores creían que el resplandor en el fondo del cráter no era lava, sino metales fundidos, incluso oro. Esta idea impulsó al fraile dominico fray Blas del Castillo a organizar una arriesgada expedición: descendió al interior del volcán con cuerdas, convencido de que encontraría riqueza.
El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo documentó la hazaña con asombro, aunque también con ironía y calificó la idea de “insensata”. A pesar del riesgo extremo, hubo una expedición con el respaldo de las autoridades coloniales, que intentaron extraer el supuesto oro.
La ilusión se desmoronó rápidamente cuando lo que parecía metal precioso resultó ser simplemente material volcánico y azufre solidificado.
“Ni que se enteren las empresas chinas que alguna vez hubo esa presunción de la existencia de oro dentro del volcán, capaz piden la concesión y se las dan”, comenta entre risas el historiador.
Mucho tiempo después también hay relatos sobre el español Dionisio Martínez Sanz, quien llegó a Nicaragua a finales del siglo XIX y usó una escalera de acero de 800 peldaños para introducirse al cráter Santiago, donde hizo ondear la Bandera de Nicaragua.

Durante 1902 y 1918 se reportaron lluvias de ceniza y arena. Más recientemente, entre 1999 y 2001, una explosión lanzó rocas a más de 500 metros, causando daños materiales. En 2012, la expulsión de material incandescente provocó incendios y el cierre del parque nacional.
En la actualidad, entre el 2025 y 2026, se han registrado explosiones de gas, ceniza y un colapso interno del cráter, hasta el actual enjambre sísmico.

Un gigante rodeado de población
Ubicado a 20 kilómetros al suroeste de Managua, y a solo 7 kilómetros de la ciudad de Masaya, el coloso cuyo nombre de origen chorotega significa “montaña que arde”, alcanza apenas 625 metros de altura, pero su impacto potencial es enorme.
“El Masaya es posiblemente el volcán más activo de Centroamérica y con mayor concentración poblacional cerca. Todo Masaya, Tipitapa y la parte sur de Managua. Fácilmente habría 2 millones de personas alrededor”, advirtió un analista en gestión de riesgo, quien se encuentra en el exilio.
Desde el ámbito técnico, cuestiona el manejo de la información en torno a la actividad volcánica. El experto señaló retrasos en la divulgación de datos clave.
“Mientras el enjambre sísmico se presentó desde la noche del miércoles 18 y la madrugada del jueves 19, fue hasta después del mediodía, y luego del discurso de doña Rosario (Murillo), que los expertos pudieron hablar. Conozco de muy buena fuente que los reportes primero son aprobados por la Presidencia y solo después se hacen públicos. Esa es una mala práctica porque retrasa procesos”, comentó.
Zonas vulnerables sin preparación
El riesgo volcánico no es uniforme para todos. Hay comunidades particularmente más expuestas que, según el especialista, no cuentan con planes adecuados de respuesta ante una eventual emergencia volcánica.
“Hay comunidades que deberían tener atención especial cuando del volcán Masaya se trata… Piedra Ahumada, Ticuantepe, Nindirí, Masaya y sus alrededores, allí no hay un trabajo de gestión de riesgos volcánicos; los ejercicios multiamenazas quedarían cortos, servirían de poco o nada, ante una erupción”, criticó.
Pese a su historial y su cercanía con zonas urbanas densamente pobladas, el Masaya continúa siendo subestimado en términos de prevención.
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“Considero lamentable que el volcán Masaya, con lo activo que es, solo sea noticia nacional cuando tiembla… a estas alturas, ¡nunca hemos hecho un simulacro bajo el escenario de erupción de ese volcán!”, cuestionó el experto.
El volcán Masaya no solo es un símbolo natural, sino también un recordatorio constante de los riesgos geológicos de Nicaragua. Desde los tiempos en que los españoles lo llamaban “la boca del infierno” hasta la actualidad, su actividad ha generado tanto fascinación como temor.
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