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La historia de Harold Josué Real Ramos, un joven de 21 años originario de León, terminó de forma trágica en Miami, Estados Unidos. Lejos de su tierra natal y de los sueños que lo impulsaron a emigrar en busca de un mejor futuro para él y su familia.
En el reparto La Providencia, casco urbano de León, Harold es recordado como un joven entusiasta y con gran deseo de superación, además como un talentoso jugador de béisbol.
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Desde los 18 años, Harold trabajó como operario de zona franca en la empresa Yazaki, pero él anhelaba una vida mejor.
En el 2023, Harold Josué decidió seguir los pasos de su padre, Harold Humberto Real Salgado, de 46 años, emigrar a los Estados Unidos. El adolorido padre conversó con un equipo de LA PRENSA.
“Harold era el mayor de mis dos hijos; él además deja a dos niñas en la orfandad en Nicaragua. Era un buen hijo, bien portado, no tenía vicios”, recuerda su progenitor.

Al establecerse en Estados Unidos, el joven migrante demostró muchas habilidades y aprendió rápidamente diversos oficios, entre ellos la carpintería.
“Entre sus planes principales estaba sacar adelante a sus hijas, ayudar a su madre, comprarle una casa porque la mamá de él no tiene casa propia. Su sueño era comprar un terreno y construirle una casa”, relata el padre del joven fallecido.
Convulsión fatal
Además de las oportunidades de trabajo también llegó una enfermedad: el joven desarrolló convulsiones, ataques epilépticos que no lograron contener.
“Hace tres años le dio la primera convulsión. Lo llevamos al hospital, pero nunca me dijeron de dónde venía eso. Solamente le daba entre 5 y 6 de la mañana cuando se levantaba a trabajar o se mojaba el pelo y ¡pum!, mi hijo caía”, relató el padre.
El resto del día transcurría con normalidad para Harold. Las convulsiones no lo atacaban en la calle ni en el trabajo, pero la última resultó fatal.
“A él lo encontraron en el baño inconsciente y me llamaron. Yo tardé como 15 minutos en llegar, pero cuando ya lo encontré morado, no pude hacer nada. Creo que, a través de la epilepsia, se golpeó en un muro del baño”, dijo el padre, quien aún espera el resultado de la autopsia.
Un deportista con futuro
Además de trabajador, Harold fue un joven deportista destacado. Jugó béisbol en ligas locales y llegó a perfilarse como promesa del deporte en Nicaragua.

“Jugaba al béisbol en ligas locales, fue lanzador destacado en la famosa Copa Samsung, participó en ligas menores representando a León, fue campeón pitcher en varias ocasiones. Estuvo a punto de ser firmado, pero cuando se enamoró dejó el béisbol. Era un prototipo apto para Grandes Ligas”, relata.
Incluso en Estados Unidos mantenía ese sueño: “él venía con el sueño de agarrar una liga aquí en Miami, que lo probaran para demostrar su potencial”, dijo orgulloso su padre.
Padre solicita ayuda
La familia ahora enfrenta el desafío de repatriar el cuerpo de Harold (hijo) hacia Nicaragua.
“No sabemos cuánto costará la repatriación; estamos consultando, tratando de contactar alguna funeraria o el viaje, lo que sea más económico”, comentó.
“Aquí la gente cree que hay dinero, pero no. La situación está difícil. Vivimos ‘coyol quebrado, coyol comido’. Ganamos para la renta, la comida y lo poquito que sobra para ayudar a la familia en Nicaragua”, declaró Harold.
En medio del dolor, hizo un llamado a la solidaridad, “pidiéndole a las personas que en el amor de Cristo nos ayuden como seres humanos. Como dice el dicho: un día por mí, otro por ti. Solidarizándose como hermanos nicaragüenses o extranjeros, Dios les va a bendecir grandemente”, expresó.
Las personas que deseen colaborar pueden hacerlo a través de Zelle, al número telefónico +1 (786) 352-4194, a nombre de Karely Hernández. También puede llamar a ese mismo número para solicitar más información.