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La tarde del sábado 14 de marzo, un supuesto amigo del nicaragüense Wilson Esaú González Herrera, de 28 años, lo invitó a ingerir licor. Horas después González Herrera fue encontrado sin vida, era la madrugada del domingo 15, en el sector de El Humo, provincia de Limón, en Costa Rica.
“Dicen que él hasta se había escondido, no quería ir”, relató a LA PRENSA su hermana Brenda González, quien no hablaba con Wilson hace algún tiempo y ahora gestiona su repatriación.
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El joven, originario del barrio La Pista, en Wiwilí, Jinotega, había emigrado hace 11 meses en busca de mejores oportunidades, “aquí en Nicaragua él trabajaba como agricultor y ayudante de albañil, y en Costa Rica trabajaba como en plantaciones de yuca”, comentó.

Según reportes preliminares y versiones recogidas por medios de Costa Rica, González Herrera murió a manos de otro nicaragüense, quien aparentemente estaba bajo los efectos del alcohol.
El cuerpo de Wilson González fue encontrado ensangrentado dentro de su vivienda por una mujer que se identificó como su pareja.
Una muerte anunciada
Para su familia, la tragedia pudo haberse evitado, “según cuentan, el hombre que mató a Wilson ya lo había amenazado… decía que dormido le iba a hacer eso a mi hermano”, relató Brenda, quien aseguró que ambos compartían vivienda.
Brenda González declaró a LA PRENSA que en los últimos días no había tenido contacto con su hermano, “casi no nos comunicábamos, hablaba con otro hermano, pero igual tenía varios días sin teléfono”, explicó.
La alerta llegó cuando una persona cercana al entorno del joven avisó a la familia de que algo había ocurrido. De acuerdo con información del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), el presunto agresor, también nicaragüense y de 25 años, fue detenido en las afueras de la vivienda.

Las autoridades indicaron que el sospechoso presentaba una herida en el codo derecho al momento de su captura y alega defensa propia.
Familia ya estaba de duelo
La muerte de Wilson golpea a una familia ya marcada por otras pérdidas recientes.
“Es desesperante… no hace mucho perdimos a nuestros padres, a otro hermano… es algo doloroso para nosotros”, expresó Brenda González.
En Wiwilí recuerdan al joven como una persona tranquila, “en esta zona la gente lo conocía bastante… es inexplicable, uno piensa que están trabajando y pasan estas cosas”, lamentó.
El dolor se mezcla con la urgencia económica. La familia necesita reunir unos dos mil dólares para repatriar el cuerpo hasta Nicaragua.
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Se ha iniciado una colecta improvisando alcancías de lata que recorren la comunidad. Han recibido modestos apoyos en iglesias y pequeñas donaciones en el hospital de la localidad, donde trabaja Brenda, pero el dinero no ha sido reunido en su totalidad.
La familia no tiene cuenta bancaria. Para donativos puede comunicarse con Brenda González al número telefónico +505 8717 1908.