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El legendario excampeón mundial de boxeo el mexicano Ricardo “Finito” López está nuevamente en Managua invitado a la ceremonia anual de premiación de la Asociación de Cronistas Deportivo de Nicaragua (ACDN), que se llevará a cabo este miércoles.
Pero a diferencia de otras visitas, “Finito” contó un suceso que lo tuvo al borde de la muerte. Una enfermedad que lo sometió más que aquel brutal volado de derecha al mentón que le conectó Rosendo Álvarez, en marzo de 1998, en la Plaza de Toros de México.
“Finito” se levantó de ese brutal golpe y peleó valientemente el resto del segundo asalto mientras más de 30 mil aficionados mexicanos todavía no salían de su asombro al verlo tendido en la lona.
Lo más duro de su vida
Pero ese empate no es el combate más difícil de su vida. Tampoco las otras 51 peleas que ganó para retirarse invicto. Su batalla más complicada la vivió recientemente fuera del ring, lejos de los reflectores, del bullicio de los aficionados.
La vivió en un cuarto de hospital, sometiéndose a dolorosas sesiones de quimioterapia y radioterapia para combatir el cáncer en la sangre que lo tenía al borde del nocaut, tendido en la lona y con el referí de la vida llegando al conteo máximo.
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“Sin duda alguna he vivido cosas muy fuertes en mi vida. Algunos saben, algunos no saben, pero me diagnosticaron cáncer, la muerte, hace exactamente un año”, comentó “Finito” López en una charla a su llegada reciente a Managua.
“Es la pelea más fuerte que he tenido en toda mi vida. Antes cuando me entrevistaban y ahora me da un poco de pena aceptarlo, hablaba que todo en mi vida, era porque entrené, porque era un gran deportista. Pero ahora sé que Dios es quien me ha permitido lograr todo lo que he hecho en mi vida”.
“Desde mi vida, hasta el día de hoy; mi matrimonio de 34 años, mis hijos, han sido gracias a Dios. Siempre que me levanto, lo primero que hago es hincarme y dar gracias a Dios por este día más de vida”.
Un diagnóstico aterrador
“Cuando me diagnosticaron el cáncer, pensé que iba a morir y estoy vivo. Fue un milagro que me haya resucitado. Me daba mucha pena que fueran a ver al hospital, donde tuve 15 quimioterapias y 5 radicaciones. Me bajé más de 20 kilos de peso. Se los confío porque no hay nada que esconder”, comentó López.
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“Mis hijos Ricardo y Mateo estuvieron a mi lado. Fue algo muy duro. Yo no quería que me viera mi mujer, mi esposa de tantos años, desde que éramos niños. Que me viera era una vergüenza para mí, después de haber sido deportista y Campeón del Mundo. Pero no me peleé con Dios, y no le dije por qué a mí, y no a los sicarios, a los narcos. Es un aprendizaje, todo lo que sucede es para aprender”.
Fe fortalecida
“Fue algo que tenía que vivir y ahora que lo he superado, sigo más fuerte con mi creencia en Dios. Fueron unos dolores brutales que pensé que me iba a morir. Cáncer en la sangre, cáncer en la médula, un dolor que se extendía en las costillas. Los dolores del cáncer, esos son dolores más que cualquier golpe. Pensé que me estaban recibiendo los ángeles, que ya me iba a morir”.
“Me daba vergüenza por mi hijo Ricardo. Tuve las 15 quimioterapias, y me tenía que ayudar a bañarme. Llorando le decía que me perdonara. Y todo esto que les platico y les digo, sólo que me queda decir gracias a Dios por lo que estoy viviendo ahora”.
“A veces vemos pasar los días como rutina, y creemos que vamos a estar indefinidamente en este mundo. Y no es cierto, debemos estar siempre dando gracias, tratando de ser feliz, tratando de dar lo mejor porque no sabemos si ese día será el último”, finalizó Ricardo “Finito” López.