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Las Reservas Internacionales Brutas de Nicaragua (RIB) se aproximan rápidamente a los 10,000 millones de dólares, lo que permite al Banco Central mantener estable el tipo de cambio y además cumplir con las obligaciones del Gobierno con los acreedores internacionales.
Hasta el cierre de febrero, estas alcanzaron los 9,045.3 millones de dólares, lo que equivale a una cobertura de la base monetaria (es decir del dinero en circulación y en poder de los agentes financieros) a 4.1 veces.
Solo en el segundo mes del año, el máximo emisor bancario y el Gobierno central agregaron a las reservas 451.8 millones de dólares, «impulsadas principalmente por las compras netas de divisas en las operaciones cambiarias del BCN, la entrada de recursos externos al Sector Público No Financiero, el incremento en las cuentas corrientes del sistema financiero y los intereses por las inversiones de reservas internacionales» del Banco Central.
Es decir, las reservas están siendo impulsadas principalmente por las operaciones del BCN en el mercado cambiario mediante al compra y venta de córdobas y en menor medida por la entrada de recursos frescos a través de préstamos internacionales.
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Y muestra de ello, es que en febrero mientras los ingresos de recursos externos a las reservas alcanzaron los 48.9 millones de dólares, las operaciones del Banco Central aportaron 451.3 millones de dólares, lo que refleja el peso que están teniendo las transacciones del banco.
En los últimos años, el Gobierno central también ha estado realizando transferencias masivas de dinero al Banco Central provenientes de los impuestos, además de los préstamos.
Desacumulación de reservas
No obstante, las reservas se vieron afectadas también por salidas de recursos, como el pago por amortización de deudas externas, el cual ascendió a 71.2 millones de dólares, el saldo más significativo dentro de las reducciones.
También se registró una desacumulación por menos encaje legal en moneda extranjera, por un monto de 18.5 millones de dólares, entre otras razones pero con montos menores a cuatro cinco millones de dólares.
En febrero de 2026, «las reservas internacionales brutas (RIB) continuaron aumentando, el BCN realizó compras netas de divisas al sistema financiero (SF), la brecha cambiaria permaneció por debajo de la comisión por venta de divisas, la demanda de instrumentos monetarios del BCN mantuvo su dinamismo, la Tesorería General de la República (TGR) trasladó recursos a sus cuentas en el BCN y todos los agregados monetarios registraron crecimiento», explicó el Banco Central.
De hecho el saldo en febrero encamina al régimen de Ortega a su meta de terminar este año en 9,050 millones de dólares en reservas internacionales, lo que va a equivaler a 9.1 veces las importaciones, sin incluir maquilas.
Sin incluir los recursos del Fondo de Garantías de Depósitos (Fogade) y otras obligaciones del sistema financiero nacional, las reservas netas totalizarán 8,157 millones de dólares, según las proyecciones recogidas en el reporte del Fondo Monetario sobre la aplicación del Artículo IV correspondiente a 2025 y divulgado este año.
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El objetivo de la dictadura es que al finalizar el 2030 con unas reservas internacionales brutas de 10,266 millones de dólares y 8,880 millones de reservas netas. Se espera que entre el 2026 y el 2030, las reservas alcance su máximo de 10,302 millones de dólares en 2028.
Lo que dijo el FMI
¿Por qué le urge a la dictadura aumentar estas reservas? Los técnicos del Fondo Monetario advirtieron al Gobierno que debido a menos ingresos por remesas y otras obligaciones fiscales, las reservas se verán afectadas a finales del quinquenio 2026-2030.
«Las reservas internacionales brutas (RIB) a finales de 2024 ascendieron a 5,800 millones de dólares estadounidenses, lo que equivale a 6,7 meses de las importaciones del año siguiente (excluyendo las maquilas), respaldadas por una política fiscal prudente y un flujo sostenido de remesas. Las RIB continuaron acumulándose en 2025 —alcanzando los 7,300 millones de dólares a finales de agosto— y se proyecta que sigan aumentando hasta 2026 (tanto como proporción del PIB como en términos de cobertura de importaciones), antes de experimentar un descenso gradual a medida que la cuenta corriente transite de un superávit a un déficit en el mediano plazo, debido principalmente a una disminución en las remesas. Para los años posteriores, el personal técnico proyecta una reducción de las reservas en el periodo 2029-2030 con el fin de financiar el saldo negativo emergente en la balanza de pagos», dijeron.
Además los técnicos del FMI aconsejaron a la dictadura a fortalecer ese colchón financiero por elevados riesgos internacionales e internos. La «intensificación de las medidas comerciales y incertidumbre prolongada. El aumento de las barreras comerciales y la incertidumbre prolongada en materia de políticas podrían reducir el comercio, la inversión y el crecimiento. Las presiones inflacionarias podrían resurgir, especialmente en los países que imponen aranceles. Estos efectos pueden verse amplificados por
complementariedades estratégicas, cuellos de botella en las cadenas globales de valor o un exceso de inventarios». En ese contexto, el régimen requerirá echar mano de las reservas y otras políticas monetarias para mitigar el impacto de ese riesgo, en caso de que se materialice.
De ahí el apuro de la dictadura de tener un colchón financiero más sólido, tras el riesgo de desequilibrios experimentados en el 2018 y la recesión de tres años (2018-2020), que amenazó con descarrilar el sistema financiero nacional. Tal ha sido el fuerte crecimiento, que en el 2020, las reservas ascendían a 3,003 millones de dólares.