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El ciudadano de origen español Ricardo López Márquez, reconocido profesor de la Universidad de Managua (UdeM), fue encontrado sin vida la noche del lunes 9 de marzo dentro de su vivienda, ubicada en el barrio Batahola Sur de Managua. Su cuerpo se hallaba en avanzado estado de descomposición.
De acuerdo con habitantes de la zona, un fuerte hedor que provenía de la casa del profesor alertó a los vecinos, quienes reportaron la situación a las autoridades después de notar que Ricardo López llevaba tres días sin ser visto. Algunos residentes comentaron que incluso observaron una gran cantidad de moscas posarse sobre la vivienda.
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Una vecina declaró al oficialista Canal 8 que al notar la situación decidió llamar al teléfono móvil del profesor, pero no obtuvo respuesta. Al acercarse a la vivienda, escuchó que el celular sonaba en el interior, lo que aumentó su preocupación. Fue entonces cuando alertó a las autoridades.
Agentes de la Policía Nacional acudieron al lugar y al ingresar al domicilio confirmaron el hallazgo del cuerpo del académico, quien vivía solo.
El fallecido fue identificado de inmediato como Ricardo López Márquez, ampliamente conocido por su labor docente en la UdeM y quien tenía varios años de residir en Nicaragua. Era originario de Barcelona.

El cadáver lo trasladaron al Instituto de Medicina Legal (IML), donde especialistas determinarán las causas exactas de su muerte y podrán establecer si existió o no mano criminal.
Recordado como un excelente maestro
Alumnos del profesor Ricardo López expresaron su consternación por lo ocurrido y recordaron la calidad humana y el profesionalismo con que impartía las materias de Geografía y Estadística en la UdeM. También se desempeñó como docente de Física en la extinta Universidad Evangélica Nicaragüense (Uenic).
Algunos exalumnos comentaron que López Márquez tenía dos hijos —una mujer y un varón—, aunque desconocen si residían con él. En los pasillos de la universidad se le veía siempre jovial, bromista y con su característico cigarrillo en la mano, recuerdan.
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«Descanse en paz. Fue mi profesor, un excelente ser humano y docente. Dios le dé el descanso eterno», escribió Ronald Espinoza en una publicación.
Allegados también señalaron que el académico padecía diabetes, condición que según recuerdan, se atendía con regularidad.