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Julmen Isaac Hernández Zamora, de 28 años, finalmente fue sentenciado a 25 años de prisión, tras siete meses de proceso judicial por el asesinato a sangre fría de su padre Cristino Hernández Pérez, de 68, el pasado 6 de junio, en Siuna. En su declaración frente al juez confesó que, cegado por la furia, lo mató luego de exigirle dinero por la venta de una finca que la víctima había hecho.
El caso ha conmocionado al país por la agravante del crimen: el reclamo por unos cuántos miles de dólares. Hernández Zamora tuvo el valor de asesinar a su progenitor tras no lograr una retribución monetaria a su trabajo. Sabía que su padre habría recibido mucho dinero por la venta de una finca. L joven terminó admitiendo la acusación. “Maté a mi padre”, confesó.
Durante la continuidad del juicio oral y público en la Sala Cuatro del Juzgado de Distrito de lo Penal de Audiencia de Siuna, el 26 de enero, Hernández Zamora confesó el cruel crimen y aclaró que lo mató por problemas familiares. “Tenés que pagarme”, le exigió el acusado a su víctima.
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Llegó a la casa de su padre en la comunidad Danly Arriba, a 25 kilómetros del centro de Siuna, en el Caribe Norte, para reclamarle por el dinero. Eran la 1:00 de la mañana del 6 de junio de 2025. Su padre solo quería descansar en su habitación. Pero su hijo no lo dejó en paz y a gritos le exigió parte de la venta.
“Tenés que pagarme todo el tiempo que te he trabajado, ya que vendiste la finca y no me has dado nada”, le reclamó, presuntamente estando alcoholizado.
Ya no tenía dinero de la venta
En la casa también se encontraba la madre del parricida y esposa de la víctima, la señora Berthilda Gómez Zamora, y un adolescente de 17 años, identificado con las iniciales O.J.H.G., quien es hermano del asesino. Ambos fueron testigos de cómo el desalmado hombre no cedía a las súplicas de su padre.

Cansado de los reclamos, el padre le explicó que ya no podía contar con el dinero que ganó de la venta. Lo utilizó para cancelarle los honorarios a un abogado que lo representó en un proceso judicial. Por lo tanto, le pidió encarecidamente que ya no lo siguiera molestando y que “lo dejara dormir”.
Esto “enfureció” al hijo, quien de inmediato se dirigió a la cocina de la casa, ubicada al oeste de la misma, y se armó de un machete.
Caminó apresuradamente hasta el dormitorio de su padre, que permanecía cerrado con llave. De varias patadas logró derribar la puerta. En ese momento, el padre se enfadó y se levantó lo más rápido que pudo para demandarle que “se fuera a dormir”. Pero el desalmado hijo no le prestó atención. Estaba cegado por el enojo.
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Sin mediar más palabras, el joven le lanzó un filazo en el antebrazo derecho a su padre. La herida le causó una lesión en la arteria branquial derecha, provocándole una hemorragia externa, seguido de un shock hipovolémico que lo condujo a su muerte. El hecho ocurrió frente al adolescente, quien quedó anonadado por la escalofriante escena que había presenciado.
Reprogramaciones del juicio
El hombre fue detenido por la Policía Nacional y se decomisó el machete con manchas de sangre, pero fue hasta el 9 de julio que el Ministerio Público presentó la acusación formal. Un día después, el juez Lenin Vladimir Solórzano Poveda, del Juzgado de Distrito de lo Penal de Audiencia de Siuna, dictó la medida de prisión preventiva en la audiencia preliminar y se programó la inicial para el 22 de julio.
El inicio del juicio estaba previsto para el 1 de octubre y se reprogramó en tres ocasiones por problemas de salud del judicial. Este había sido sometido a una cirugía de corazón abierto en el Hospital Militar de Managua. La última fecha fijada para el juicio fue el 26 de enero de 2026.

Cuando todos se encontraban en la Sala Cuatro de los Juzgados de Siuna, el defensor público solicitó al juez que el acusado pudiera hacer uso de su derecho a la palabra. El fiscal no se opuso y se dispuso a oír la declaración. En su voluntad, el joven admitió la culpabilidad de los hechos. El juez procedió a retomar su confesión y lo declaró culpable de parricidio.
El Ministerio Público representado en el abogado Nestor Acuña Cerda, pidió la pena de 30 años de cárcel para el ahora culpable, mientras el defensor público, Elder Calderón Rivera, solicitaba solo 20 años. Este pidió que se tomara en cuenta el atenuante de la declaración espontánea del parricida y que era reo primario, es decir, que no posee antecedentes penales.
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Finalmente, el juez dio lectura a la sentencia en la que lo condena a 25 años de cárcel, el 12 de febrero. Este cumplirá su pena de prisión en el Centro Penal del Sistema Penitenciario Nacional de Waswalí, en Matagalpa.