La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo condenó la «agresión» contra Irán en un comunicado de 155 palabras. El pronunciamiento fue publicado este domingo, cuatro horas después que se confirmó el asesinato del ayatolá Alí Jamenei. Pese a su supuesta vehemencia, la pareja dictatorial no ha denunciado a Estados Unidos ni a Israel como los responsables del ataque militar.
Ortega y Murillo abogaron por continuar un «diálogo» con “negociaciones bien intencionadas y eficientes que pongan fin a esta catástrofe”. “Nuestras sinceras condolencias al gobierno de la República Islámica de Irán, por el martirio de su pueblo y del ayatolá, y en unión ante Dios nos presentamos siempre urgiendo la paz”, afirma el comunicado.
A diferencia de lo que pasó en Venezuela, el pronunciamiento de Ortega se publicó con mayor rapidez. El mes pasado tardaron 16 horas en pronunciarse sobre la captura realizada por Estados Unidos del dictador venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, quienes terminaron acusados por narcotráfico en un tribunal de Nueva York.
Bajo la administración Trump, Estados Unidos ha priorizado «alejar» la influencia de potencias extranjeras en América Latina como Rusia y China, que son aliados de Ortega y Murillo. La presión se extiende a Cuba que vive una crisis desde hace décadas y que sufre un bloqueo petrolero impuesto por el gobierno estadounidense recientemente.
En el caso de Nicaragua, el Departamento de Estado ha denunciado la «ilegitimidad» de Rosario Murillo, ha pedido la rendición de cuentas por los abusos de derechos humanos cometidos por el Estado contra los ciudadanos nicaragüenses, además de demandar la libertad de los presos políticos. Estas declaraciones han sido respaldadas con la imposición de sanciones a funcionarios involucrados en estos atropellos como militares, policías y jefes penitenciarios.


«Gemelos del terror»
Aunque el régimen de Ortega dice en el comunicado que «viven de asombro a asombro ante el aumento del dolor» en el caso iraní, su régimen se ha sostenido en el poder a base de la represión contra opositores y ciudadanía en general. Es un punto en que coincide con sus aliados iraníes.
El tirano nicaragüense ha llamado «revoluciones gemelas» a la de Irán y Nicaragua, porque ambas se dieron en 1979. Una permitió a los ayatolás acceder al poder y la otra al Frente Sandinista de Liberación Nacional. Además del discurso antiestadounidense, si en algo coinciden es en el terrorismo de Estado. En 2022, cuando Irán masacraba a sus ciudadanos, el entonces canciller de Nicaragua, Denis Moncada, visitó Irán para firmar un acuerdo de cooperación, que fue tomado por los críticos de Ortega como un respaldo a su aliado político.
Desde 2007, dos presidentes iraníes han pisado suelo nicaragüense. Mahmoud Ahmadinejad llegó, pocos días después de que Ortega asumiera el poder. Firmaron acuerdos de cooperación, reforzaron los lazos diplomáticos, el nicaragüense viajó a Teherán seis meses después, pero se callaron ahora, luego que se conoció de su supuesta muerte en medio de los ataques con misiles realizados por Estados Unidos e Israel.
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En junio de 2023, el entonces presidente Ebrahim Raisi, otro cruel represor de presos políticos en su país, también visitó Nicaragua. Firmaron más acuerdos. Es decir, más promesas.
Con Israel también se callaron
En el caso del gobierno de Israel, Ortega y Murillo no lo mencionaron, pese al fallecimiento de sus aliados. En otras ocasiones han sido más firmes. En octubre de 2024, Nicaragua rompió relaciones diplomáticas con ese gobierno “en solidaridad permanente con el pueblo y gobierno de Palestina” debido a lo que consideró como un “genocidio, crueldad, odio extremo y exterminio”, y señaló directamente a las fuerzas israelíes actuando contra el pueblo palestino en Gaza.
La embajadora israelí acreditada en Costa Rica —concurrente en Nicaragua—, Mijal Gur Aryeh, declaró a LA PRENSA que Nicaragua se convirtió en “una plataforma para el terrorismo en la región” y que Hezbolá y grupos iraníes mantienen bases en Bolivia, Nicaragua y Venezuela. También el cónsul israelí, Amir Rockman, acusó al régimen de permitir que grupos vinculados a Irán operen libremente en Nicaragua y convertir al país en una plataforma de terrorismo regional. Estas declaraciones fueron rechazadas en ese momento por la dictadura.
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El 11 de febrero, Laureano Ortega Murillo, hijo de los dictadores, participó en la celebración del 47 aniversario de la Revolución Islámica en la embajada iraní en Managua. El embajador de Irán, Ramin Banat-Kuque, aseguró que las dictaduras de Nicaragua y su país comparten desde 1979 una visión de «respeto» a los derechos humanos y las normas del derecho internacional. Todo lo contrario a las barbaries documentadas por organismos independientes de derechos humanos.