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En el marco del Día Internacional de la Condición Autista, este 18 de febrero, la especialista costarricense en población neurodivergente, Karina Calvo, hace un llamado a actualizar el lenguaje, derribar mitos y acompañar a las familias desde una mirada integral y humana.
La profesional explica que el término “síndrome de Asperger” ya no se utiliza oficialmente desde 2013, cuando fue eliminado de los manuales diagnósticos internacionales.
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“El término Asperger se dejó de utilizar oficialmente desde el año 2013, porque fue eliminado del manual de diagnóstico. Se dieron cuenta de que no habían tantas diferencias como para hacer un término excluyente”, señala.
Hoy, las personas que antes recibían ese diagnóstico forman parte del trastorno del espectro autista (TEA), específicamente dentro del llamado “grado uno”.
“Es súper importante que sepamos que ahora las personas que en algún momento fueron diagnosticadas con síndrome de Asperger forman parte del espectro autista. Podemos conocerlas como grado uno del espectro”, explica.
Para la especialista, más que una cuestión semántica, se trata de inclusión, “la idea es entender que ellos también están dentro de este espectro, sin una categoría que los excluya”.
Calvo insiste en que una de las mayores confusiones sociales radica en creer que el autismo se manifiesta de una sola forma o como un defecto. “Un espectro significa algo que es muy amplio. Cada niño, cada adolescente o adulto con este diagnóstico puede ser muy diferente al otro. No debe entenderse como un defecto, sino como una forma distinta de procesar el mundo. No tratamos de normalizar a los niños. Necesitamos que se comprendan y que se les apoye desde sus fortalezas”, explicó a LA PRENSA.

Identificar señales para un diagnóstico integral
Entre las señales tempranas que pueden alertar a madres, padres o tutores, que necesiten valoración con especialistas en neurodivergencia, la especialista menciona la dificultades en la reciprocidad social, intereses muy restringidos o intensos, sensibilidad sensorial ante sonidos, luces o texturas, rigidez ante cambios o transiciones, dificultades en el lenguaje y la comunicación. “Entre más temprano se haga el diagnóstico, mejor”, afirma.
Pero advierte que no se trata de aplicar una prueba rápida. “Un diagnóstico es un proceso clínico muy grande, muy amplio. No es nada más pasar un test o dos pruebas y con esto dar un diagnóstico, no necesariamente lo que ustedes lean en internet va a ser como se vea su hijo o es una sentencia de cómo va a ser su hijo en el futuro”, advierte.
La doctora Calvo reconoce que existen avances en información y visibilización del espectro autista, pero considera que la sociedad aún está rezagada en inclusión real. “Hemos avanzado muchísimo, pero como sociedad seguimos un poco atrás, todavía rechazamos mucho a personas que sean diferentes a lo que la norma nos dice que tiene que ser. No se trata de cambiar quién es, sino de ayudarlo a florecer siendo quien es”, orientó.
En una sociedad donde el peso del acompañamiento suele recaer principalmente en las madres, la doctora envió un mensaje directo. “No significa que haya algo malo en su hijo o en su hija. Significa que procesa el mundo de una manera distinta”.
Agregó que el diagnóstico no es una condena, o una etiqueta para limitar, es una herramienta para comprender mejor sus necesidades, “lo más importante es decirles que no están solos. Una mirada con paciencia y con amor es el soporte más grande que ellos necesitan”.
Nicaragua y el abandono institucional

Mientras el debate sobre inclusión avanza en otros países de la región, en Nicaragua las familias enfrentan desafíos adicionales, como el cierre de instituciones que antes generaban recursos necesarios para la atención de infantes o adolescentes dentro del espectro autista.
El año pasado la Fundación Teletón Nicaragua, la cual organizaba el evento benéfico anual dedicado a recaudar fondos para la rehabilitación integral de la niñez, canceló su colecta anual, alegando “motivos de fuerza mayor”. Este año 2026 tampoco se ha planificado.
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Durante años, la recaudación garantizó el funcionamiento de centros especializados que brindaban atención a niñez con condición autista y otras discapacidades.
La cancelación deja un vacío preocupante en un país donde los centros educativos especiales ya no logran cubrir la demanda creciente de niños y adolescentes dentro del espectro.
El acceso a diagnósticos integrales es limitado. Las terapias privadas resultan inaccesibles para muchas familias. Y la inclusión educativa aún enfrenta barreras estructurales: falta de capacitación docente, escasez de especialistas en el sistema público y ausencia de políticas sostenidas de apoyo.

En un contexto de restricciones económicas y reducción de espacios de organización civil, las familias quedan muchas veces solas, dependiendo de redes informales.
Este 18 de febrero no solo es una fecha de conmemoración. Es una invitación urgente a transformar la mirada social y a garantizar que cada niño, niña y adolescente dentro del espectro tenga la posibilidad de desarrollarse plenamente en cualquier parte del mundo.