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Joey Cora, originario de Caguas, Puerto Rico, habla desde la experiencia de alguien que ha pasado más de tres décadas dentro del béisbol profesional, primero como jugador y luego como entrenador en las Grandes Ligas. Actualmente es coach de tercera base de los Tigres de Detroit y, desde ese rol, observa con atención no sólo lo que ocurre en el máximo nivel, sino también los procesos que se desarrollan fuera de los circuitos tradicionales.
En entrevista con LA PRENSA, Cora se refiere al momento que atraviesa el béisbol nicaragüense de cara al Clásico Mundial de Béisbol de 2026 que se jugará entre el 5 y el 17 de marzo, y a las razones por las que considera que la Selección de Nicaragua puede competir, más allá de los nombres propios o del historial reciente. Para él, la designación del prestigioso exmanager de Grandes Ligas, Dusty Baker como mánager del equipo nicaragüense no es un gesto simbólico, sino una señal concreta de que hay condiciones para competir.
“Si Dusty Baker aceptó dirigir a Nicaragua es porque ve una oportunidad real”, afirma. “No creo que alguien con su trayectoria, después de retirarse, vaya a asumir un equipo que no tenga posibilidades”.
Desde su punto de vista, Baker no necesita exposición ni reconocimiento adicional. “Dusty no necesita dirigir, ya hizo su carrera”, insiste. “Si acepta es porque vio algo en este grupo, porque entiende que hay material para competir”.
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Nicaragua llegará al Clásico Mundial con una nómina integrada por jugadores de ligas menores, peloteros del campeonato nacional, algunos ex Grandes Ligas y otros big leaguers como Mark Vientos y Erasmo Ramírez. Para Cora, ese perfil no debe interpretarse automáticamente como una desventaja frente a selecciones con mayor profundidad histórica.
“El Clásico es un torneo distinto”, explica, “no es una temporada larga donde el mejor equipo termina imponiéndose con el tiempo”.
Un torneo corto que empareja las diferencias
Cora remarca que el formato del Clásico Mundial reduce las distancias entre selecciones con realidades muy distintas. “No son 162 juegos como en Grandes Ligas, es un torneo corto y ahí cualquier cosa puede pasar”.
En ese contexto, explica, que un solo partido puede definir el rumbo completo de una selección. “Podés perder uno y quedás fuera, o ganarlo y seguir adelante. Así de simple”.
Reconoce que equipos como Estados Unidos, Japón o República Dominicana parten con ventaja por la cantidad de jugadores élite disponibles, pero aclara que eso no garantiza resultados. “Los favoritos también pierden, un mal día, una mala jugada, y se terminó el torneo”, expresó Cora, quien también será el coach de la selección de Puerto Rico en el Clásico Mundial de Béisbol 2026.
Ese carácter impredecible es, a su juicio, una de las claves del Clásico y una de las razones por las que Nicaragua puede competir sin complejos.
Pítcheres, bateadores y el peso real en el Clásico Mundial
Consultado sobre la posible ausencia o participación limitada de lanzadores como Jonathan Loáisiga, Cora pone el tema en perspectiva. Reconoce que su presencia ayudaría, pero aclara que el impacto de los pitchers está condicionado por las reglas del torneo.
“Jonathan Loáisiga definitivamente ayudaría, pero las reglas limitan mucho a los lanzadores. Puede tirar uno o dos innings cada dos o tres días. No es la misma influencia que en una temporada regular”. Loáisiga no participará en el Clásico porque se enfocará en los entrenamientos con su nuevo equipo de Grandes Ligas, los Diamondbacks de Arizona.
Desde su experiencia, en un torneo corto el peso suele recaer con mayor fuerza en los jugadores de posición. “Un bateador que juega todos los días, que tiene cuatro o cinco turnos por juego, puede cambiar partidos”, explica.
En ese sentido, menciona a Mark Vientos (de madre nicaragüense), a quien conoce bien por haber sido su coach cuando coincidieron en los Mets de New York. “Es un jugador impactante”, dice. “Un jugador así puede estar todos los días en el terreno y eso marca la diferencia en este tipo de torneos”.
Nicaragua y un proceso que empieza a notarse
Más allá del Clásico Mundial, Cora observa un crecimiento sostenido del béisbol nicaragüense. No lo describe como una irrupción repentina, sino como el resultado de un proceso que empieza a llamar la atención fuera del país.
“El béisbol en Nicaragua ha mejorado, las organizaciones de Grandes Ligas se están dando cuenta de eso”.
Menciona que no puede confirmar si los Tigres de Detroit tienen actualmente jugadores nicaragüenses en su radar inmediato, pero subraya que el mercado internacional es una fuente constante de talento. “El talento no está solo en los mercados tradicionales”, en algún momento van a buscar en Nicaragua, en Costa Rica, en Panamá”.
Cora recuerda además su experiencia compartiendo equipo con Dennis Martínez en los últimos años de la carrera del histórico lanzador, cuando coincidieron en Seattle. “Fue una experiencia tremenda jugar con él”, cuenta. “En poco tiempo aprendí mucho”, asegura.
El trabajo en equipo como diferencia
Respecto al aprendizaje más importante que ha transmitido a lo largo de sus 20 años como coach, Cora no duda en señalar el trabajo en equipo como el factor decisivo. A lo largo de su carrera ha pasado por equipos campeones y por otros que no lograron sostener buenos resultados.
“He estado en equipos campeones y en equipos malos, la diferencia es clara: en los equipos buenos todos trabajan juntos; los malos juegan para ellos mismos”.
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Según detalla, esa lógica no se limita al terreno de juego. “No es solo cosa de los jugadores”, afirma. “También incluye a los coaches, la gerencia, la oficina central y los dueños”. Cuando todos empujan en la misma dirección, añade, los resultados suelen aparecer.
Esa visión colectiva también se refleja en su análisis del presente de los Tigres de Detroit. El equipo ha clasificado a los playoffs en las últimas dos temporadas, superando la primera ronda, aunque quedando eliminado en la segunda. “Tenemos potencial, no hay duda, el equipo es joven y la experiencia de estos años nos va a ayudar a ir más lejos”, menciona con seguridad.
Más allá del béisbol: la Fundación Cora
Además de su pasión y entrega al deporte, Joey también impulsa junto a su esposa Kiria la Fundación Cora, creada a partir de la preocupación por los casos de acoso escolar y ciberbullying que afectan a niños y adolescentes.
“Ver noticias de niños de 9, 10, 11 años que se suicidan por bullying es algo que a mí y a mi esposa no nos entra en la cabeza”, afirma. “Eso no debería pasar”.

Desde su perspectiva, el problema no se origina únicamente en la escuela. “Eso empieza en la casa”, los niños no nacen siendo agresores. “Alguien se los enseña, y muchas veces es en el hogar”, lamenta.
Explica que la fundación trabaja en la educación de familias, estudiantes y docentes para identificar señales, las banderas rojas, lo más pronto posible y parar el bullying, que no lleguen al extremo donde el niño está pensando en suicidarse.
“En esto del acoso y el bullying una de las cosas que uno debe de hacer es trabajar en equipo. Si trabajamos todos juntos y aprendemos por qué está ocurriendo esto, podemos prevenirlo”, destaca Cora.
Con mucho orgullo comparte que su esposa lidera el trabajo diario y que él colabora cuando su agenda lo permite, utilizando además su plataforma en las Grandes Ligas para abrir puertas y amplificar el mensaje.
Obtuvo una beca en la Universidad de Vanderbilt
Posteriormente pasó a los Medias Blancas de Chicago, continúo con los Marineros de Seattle y terminó su carrera de 11 temporadas con los entonces Indios de Cleveland (ahora Guardianes de Cleveland).
A la fecha, Cora ya ha dejado una huella importante dentro y fuera del terreno de juego. Algunos expertos en el mejor béisbol del mundo consideran que su inteligencia, velocidad y liderazgo, lo convirtieron en un pelotero respetado en cada equipo que jugó.
Cora prefiere la modestia cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordado dentro del béisbol. Dice que no piensa en estadísticas ni en títulos, lo que realmente le importa es que los jugadores puedan decir que “los ayudó a llegar a su máximo potencial, pero no sólo como peloteros, también como personas. Esto no se trata sólo de béisbol. Se trata de cómo eres con tu familia, con tus hijos, con los demás”, asevera.
