Bad Bunny en el Super Bowl: los gráficos que muestran cómo un empacador de un humilde pueblo de Puerto Rico llegó a ser un fenómeno global

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«¿Te imaginas un conejo malo? No. Por más malo que sea, lo vas a querer abrazar, yo me considero así».

En 2016, Bad Bunny contaba en un podcast el origen de su nombre artístico: una foto de su niñez, en la que, vestido de conejo, miraba hacia la cámara con una sonrisa traviesa.

Para entonces era apenas conocido.

Diez años después, con «Debí Tirar Más Fotos», su más reciente producción, hizo historia al ser el primer artista en ganar el Grammy a Mejor Álbum con un disco completamente en español.

Y a sus 31 años, este domingo cantará en el show de medio tiempo del Super Bowl, el evento deportivo más importante de EE.UU., con más de 120 millones de espectadores.

Siendo un adolescente desde su habitación en Vega Baja, un humilde pueblo costero del norte de Puerto Rico, Benito Antonio Martínez Ocasio subía canciones de trap a la plataforma SoundCloud y el mundo del estrellato le parecía lejano.

Trabajaba como empacador en un supermercado y no tenía conexiones en la industria. Su padre era conductor de camiones y su madre maestra de escuela.

«Yo no conozco a nadie en el mundo de la música», decía. «No hay posibilidad de que vaya a comprar un pincho (una comida callejera) y me encuentre con Daddy Yankee».

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Sin embargo, no necesitó de ese encuentro fortuito con el rey del reguetón.

El pasado año, The New Yorker lo catalogó como «la mayor estrella del pop» y The New York Times aseguró que «ha reinventado el panorama de la música en español».

Fue el artista más escuchado del mundo en Spotify en 2020, 2021, 2022 y 2025, por encima de figuras como Taylor Swift o Drake.

Artistas más escuchados en Spotify en los últimos 10 años.

En 2024, su disco «Un verano sin ti» fue reconocido como el álbum más reproducido en la historia de dicha plataforma, cuando logró más de 15.000 millones de reproducciones, según Guinness Records.

Para Leila Cobo, codirectora de contenido de la revista musical Billboard, Benito redefinió la relación de los artistas latinos con la industria global e impregnó el género urbano con un nuevo sonido, gracias a sus inesperadas mezclas de ritmos urbanos y géneros autóctonos de América Latina.

En el proceso, se convirtió en una figura política que desafía la hipermasculinidad de la industria musical latina y aboga por la independencia de su isla, un territorio estadounidense sin poderes soberanos.

Gráfico que muestra los álbumes más escuchados en Spotify durante los últimos 10 años. Bad Bunny ha logrado el primer lugar cuatros veces: 2020, 2022 y 2025.

Música nueva, pero vieja

Es enero de 2025 y Bad Bunny se sienta en el set de Popcast, el programa de The New York Times, para conversar sobre «DtMF», disco que recién estrenaba.

Intenta hablar en inglés, pero termina usando spanglish.

En Puerto Rico, pese a que su población tiene ciudadanía estadounidense, solo un 22% considera que habla inglés «muy bien», según el Censo de EE.UU.

«Siempre supe que podía ser grande siendo puertorriqueño, con mi música, mi slang y mi cultura», dice.

Con cada canción, «dibuja un mapa de Puerto Rico y el Caribe», explica a BBC Mundo Albert Laguna, profesor que imparte un curso de Bad Bunny en la Universidad de Yale.

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Los versos saltan del sexo explícito («Safaera») a lo romántico («Baile inolvidable»), pero también denuncian los cortes eléctricos constantes de una isla con un sistema energético obsoleto («El apagón») o la gentrificación («Lo que le pasó a Hawái»).

«Sus álbumes se sienten frescos, vibrantes e inclusivos; y cantar en español le da una autenticidad que perdería si persiguiera éxitos pop en otro idioma», dice a BBC Mundo Mark Savage, corresponsal de música de la BBC.

Bad Bunny durante una presentación rodeado de bailarines vestidos como campesinos puertorriqueños.
Bad Bunny mantiene una fuerte conexión con su cultura puertorriqueña.

«Su rico tono barítono transmite desprecio, desamor, ira o éxtasis con una claridad tan vívida que no te queda ninguna duda sobre su intención», continúa.

Para los puertorriqueños, preservar el español es históricamente un símbolo de resistencia frente al desplazamiento de su cultura por la estadounidense.

En octubre, cuando anunció que cantaría en el Super Bowl, le avisó a quienes no hablan español que tenían «cuatros meses para aprender» el idioma.

Política más allá del perreo

Aquel joven que en sus primeras canciones se preocupaba más por las mujeres o el dinero, con los años tuvo un despertar político. Esto no solo se refleja en su música, llena de símbolos nacionales puertorriqueños, sino también en sus acciones.

Fue una de las caras visibles en las históricas protestas de 2019 en Puerto Rico y ha usado sus redes sociales para apoyar a políticos independentistas para gobernar la isla.

También ha criticado las redadas migratorias del gobierno de Donald Trump.

En la pasada ceremonia de los Grammy lanzó el mensaje «Fuera ICE» en referencia al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de EE.UU.

Antes, en 2025, se había negado a incluir a EE.UU. en su gira por miedo a que ICE la usara para detener a migrantes.

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Ese activismo también le ha valido críticas, sobre todo de sectores de la derecha norteamericana.

Al conocerse la noticia del Super Bowl, el propio Trump, que afirmó no saber quién es Bad Bunny, dijo que le parecía «absolutamente ridículo» que se le hubiera elegido para el show.

Es difícil medir si los esfuerzos de Bad Bunny tienen un impacto real en la política de EE.UU. con relación a Puerto Rico, comenta a BBC Mundo el sociólogo puertorriqueño Luis J. Cintrón, experto en medios y cultura latinoamericana.

Un artista pintando un mural de un sapo concho.
Bad Bunny se inspira en los símbolos de Puerto Rico para sus producciones, como el sapo concho que aparace en los videos de su álbum DtMF.

Lo que sí está claro, argumenta, es la visibilidad que este artista le ha dado a la isla, típicamente fuera de la agenda mediática nacional, y que, sin soberanía ni relaciones bilaterales con otros países, depende de su cultura para llegar al mundo.

«Sin dejar de ser capitalista, se ha convertido en un símbolo de resistencia», además de «un embajador de la cultura y la identidad puertorriqueña», dice Cintrón.

Género, feminismo y moda

Desde el inicio de su carrera, Bad Bunny sorprendía con el uso de colores vibrantes, estampados arriesgados y esmalte de uñas. Era una estética que contrastaba con lo que el género urbano dictaba.

Esa política del cuerpo se trasladó pronto a su música.

En temas como «Yo perreo sola» reivindicó el derecho de la mujer a disfrutar de su cuerpo sin compañía, mientras que en «Andrea» puso voz a las violencias que las mujeres enfrentan en su cotidianidad.

Alimentó esta fama con acciones como besarse con un hombre durante una presentación o denunciando en televisión nacional el asesinato de una mujer trans.

Bad Bunny besando a uno de sus bailarines durante los premios VMA en 2022.
Bad Bunny besó a uno de sus bailarines durante los premios VMA en 2022.

Sin embargo, hay expertos que dicen que se contradice constantemente.

Silvia Díaz Fernández, socióloga experta en medios por la Coventry University, advierte que los mensajes feministas de algunas canciones chocan con otras donde persisten ideas misóginas y la hipersexualización.

La académica sostiene en The Conversation que el artista «coquetea» con estéticas andróginas mientras en el fondo mantiene un sexismo.

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Aun así, Bad Bunny se transformó en un icono de la moda capaz de dominar las pasarelas de la Met Gala de Nueva York y vestir de diseñadores exclusivos.

En sus apariciones más recientes, ha integrado símbolos del nacionalismo puertorriqueño como la pava, un sombrero típico de los campesinos de la isla durante la colonización española.

Local y global

Según Leila Cobo, codirectora de Billboard, el gran impacto de Bad Bunny tiene que ver con haber convertido lo local y regional en un fenómeno de interés global.

El puertorriqueño se ha alejado de los ritmos usualmente sintéticos del reguetón para incorporar instrumentos reales y acústicos, así como guiños y homenajes a la cultura caribeña y de Puerto Rico.

Un gráfico que muestra 5 hitos logrados por Bad Bunny.

En sus producciones mezcla el reguetón y el trap con ritmos como salsa, merengue, mambo, bossa nova o plena.

Sus letras, además, están llenas de referencias a los artistas que admira, desde el reguetón de Daddy Yankee hasta el orgullo afrocaribeño del sonero Ismael Rivera.

Con su presentación en el Super Bowl, Bad Bunny se unirá a otros latinos como Shakira o Gloria Stefan que han sido el artista central del espectáculo de medio tiempo, pero el Conejo será el primero que hasta ahora ha grabado todos sus álbumes solo en español.

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Su show llega en un momento de grandes tensiones por el tema migratorio en EE.UU. y ante un público que no necesariamente entenderá sus canciones.

No lo ha necesitado para hacer giras mundiales con récords de ventas, lograr decenas de premios, hitos que nadie más ha logrado y conquistar a un público masivo, lo que le hace tener ya un lugar en la historia de la industria musical.

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*Gráficos por Caroline Souza y reportería adicional de Lais Alegretti, del Equipo de periodismo visual de BBC News Mundo. Edición: Daniel García-Marco, Ana Pais y Carlos Serrano.

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Vida Bad Bunny BBC Mundo Super Bowl archivo

COMENTARIOS

  1. Hace 4 meses

    Soy nicaragüense por la gracia de Dios y orgulloso ciudadano estadounidense.

    En más de una ocasión, algunas amistades hispanas —la mayoría de origen dominicano— me han criticado porque me gusta mucho la música en inglés y, según ellos, “no me gusta” la música en español.
    Yo siempre les respondo lo mismo.

    Mi madre no hablaba inglés. No era de la capital, venía de un pueblito llamado Matagalpa. Y aun así, bailaba en la sala de la casa con discos de Elvis Presley, Chubby Checker, The Beatles.
    Porque, a pesar del estereotipo cómodo y falso que se tiene de Nicaragua —ese de país tercermundista productor de dictadores—, sin chauvinismo alguno siempre digo que eso es solo una cara de la moneda.

    En Nicaragua, un campesino llama a la radio para pedir “Where Are You Now” de Nazareth, “Stairway to Heaven” de Led Zeppelin, o una de Air Supply o los Bee Gees.
    Allá estuvieron de moda el High Energy, la disco de los 80, el breakdance, el bass, el hip-hop, además, por supuesto, de toda la música latina. Era —y es— un abanico amplio, diverso, sin complejos.

    A mí puede gustarme la bachata, claro que sí, pero no la escucho todo el tiempo.
    Me gusta desde Peña Aranda hasta Pavarotti. Un poquito de todo. Así de simple.

    Y en ese contexto llegamos a Bad Bunny.
    No me gusta su música. No porque sea buena ni porque sea mala. Simplemente porque, en los misterios insondables de la bondad, el amor y la misericordia infinita de Dios, Él no me dotó con la sublime sensibilidad necesaria para comprender su arte.

    Pero tal vez —en compensación— me concedió otra sensibilidad: la de poder ver el alma del ser humano.

    Este domingo, en el halftime show del Super Bowl, por primera y quizá única vez, el reguetón de Bad Bunny sonará a todo volumen.
    Y que les reviente el hígado a todos aquellos que en América nos odian por ser mestizos.

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