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La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba reaccionó a la actual crisis que atraviesa el país caribeño, a través de un comunicado, donde expresó su preocupación por el deterioro de las condiciones de vida de la población y la creciente desesperanza social. El documento retoma un mensaje emitido el pasado 15 de junio, del Año Jubilar “Peregrinos de Esperanza”, en el que ya habían advertido que “no podemos seguir así” y que era necesario “hacer algo para salvar a Cuba”.
Según los obispos, la situación ha empeorado de forma significativa, especialmente tras informaciones recientes sobre la eliminación de toda posibilidad de ingreso de petróleo al país, lo que señalan impactará con mayor fuerza en los sectores más pobres. La preocupación aumenta ante el riesgo de un caos social y de enfrentamientos entre ciudadanos.
Las autoridades eclesiásticas insistieron en la necesidad de cambios estructurales, sociales, económicos y políticos.
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Piden que Cuba se abra a su pueblo
El comunicado también reafirma la postura histórica de la Santa Sede contra las sanciones, la coerción y la guerra como mecanismos de resolución de conflictos, a favor del diálogo y la diplomacia. No obstante, los obispos enfatizan que el respeto a la dignidad humana y a las libertades fundamentales dentro del país no debe condicionarse a conflictos externos.
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En un llamado simbólico, retomaron la conocida frase “que el mundo se abra a Cuba”, pero añadieron que Cuba también debe abrirse a su propio pueblo, “sin exclusiones ni privilegios”, colocando el bien común por encima de intereses particulares.
Además, la Iglesia Católica en Cuba ofreció su mediación para contribuir a reducir tensiones y crear espacios de diálogo.