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Al olor de las verduras frescas y la humedad persistente del Mercado Central de Chinandega se sumó un nuevo aroma: pintura recién aplicada. Provenía de una bandeja que operarios de la Alcaldía utilizaron para trazar líneas sobre el asfalto, con la intención de delimitar los espacios de los comerciantes informales. La escena no es nueva. Es una medida que ya se ha aplicado en años anteriores y que, según comerciantes y vecinos, de poco o nada ha servido para frenar el crecimiento desordenado del mercado.
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“Los operarios de la Alcaldía realizaron este jueves 29 de enero el rayado y ordenamiento”, señala el post, en el que se añade que “estas acciones contribuyen a mejorar la circulación, la seguridad y la imagen del mercado, en beneficio de comerciantes, transportistas y clientes que a diario visitan este importante centro de compras”.
Sin embargo, en la práctica, las líneas amarillas parecen más simbólicas que efectivas. Aunque los comerciantes permiten que las pinten, pocos muestran preocupación por respetar los límites. La pretensión municipal es garantizar la libre circulación de vehículos, triciclos, barredores y centenares de personas que transitan a diario por el sitio, pero la experiencia indica que en cuestión de semanas las marcas serán rebasadas por canastas, sacos y puestos improvisados, creando cuellos de botella que vuelven imposible circular con tranquilidad.
El mercado, ubicado en el centro de la ciudad, crece todos los días y lo hace sin planificación. Algunos vecinos de la zona aseguran que ya dejaron de reclamar. Perdieron sus aceras y observan cómo el mercado devora andenes, hidrantes y espacios públicos.
Hace una década se estimaba la presencia de unos 920 comerciantes; hoy se habla de más de dos mil en apenas 11 cuadras, una invasión que ahora avanza hacia el sur, en la zona de los antiguos juzgados. La falta de información oficial agrava el problema.
Un exconcejal municipal, que pidió el anonimato, resume el sentir de muchos: “En los alrededores del mercado el hacinamiento y el caos son una promesa rota. Claro, como ya no hay campañas ni elecciones, ya no tienen que seguir mintiendo”, ironizó el exfuncionario.

Negocio rentable
Para algunos comerciantes, el desorden también es parte de un negocio rentable. Un vendedor que llega desde la comarca oriental Belén explica que paga 10 córdobas cada día por ubicarse en la calle.
“Y si viene otra que vende, también la ponen a mi lado para que ella pague también”, relata.
Hablar de cifras exactas de cuántos vendedores acuden a diario no conviene, dicen, porque daría pistas sobre la recaudación diaria. En los últimos años las mejoras se concentran en los galerones internos, mientras afuera el caos se multiplica.
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