Jonathan Loáisiga y su despedida de los Yanquis. LA PRENSA/ARCHIVO

Con emotivo mensaje lanzador nicaragüense se despide de los Yanquis de Nueva York

Jonathan Loáisiga, recién firmado por los Diamondbacks de Arizona, agradece el respaldo que le brindaron los Bombarderos del Bronx

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El lanzador nicaragüense Jonathan Loáisiga le dijo adiós a los Yanquis de Nueva York, con un emotivo mensaje que publicó este mismo sábado, en redes sociales, ya que a partir de la próxima temporada lanzará para los Diamondbacks de Arizona.

La despedida fue amplia y Loáisiga detallada para el equipo de Nueva York, con quienes debuto en la temporada del 2018, hasta su cierre del 2025. En este trayecto de 8 temporada, Loáisiga se caracterizó por ser un sólido relevista, aunque siempre batalló con lesiones.

“Despedirme de los New York Yankees significa cerrar una etapa muy importante en mi vida, llena de retos, aprendizajes y momentos que llevaré conmigo para siempre”, comenzó Loáisiga su escrito publicado en sus redes sociales.

“Antes que nada, quiero agradecer a los fanáticos de los Yankees por todo el respaldo que me dieron, convertirme en el primer pelotero de mi país en llegar a MLB con esta organización, significó más de lo que las palabras pueden expresar. Por eso, quiero agradecer profundamente el apoyo, la confianza, el trabajo en equipo y el compromiso que hicieron que cada día valiera la pena. Más que compañeros, encontré personas increíbles que dejaron una huella imborrable en mi camino”.

“Gracias a todos los miembros de la oficina, a cada uno de mis coachs a lo largo de las Ligas Menores y Grandes Ligas, al equipo médico en especial a Tim y Alfonso, al personal del club house y de seguridad, y a todos los que fueron parte de mi proceso y de mi crecimiento como Yankee”.

“Estoy a punto de comenzar un nuevo reto, pero me voy con gratitud y orgullo. Les deseo lo mejor, mucho éxito y que sigan logrando grandes cosas. Gracias de corazón por todo”, finalizó el nicaragüense.

Ocho temporadas con los Yanquis

Loáisiga se marcha de los Yanquis con un balance de 19 victorias con 12 derrotas, en 193 partidos como relevo en 249.1 innings lanzados. Su efectividad fue de 3.54, por 98 anotaciones limpias con la tropa de Nueva York.

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COMENTARIOS

  1. Hace 4 meses

    De niño, ver por televisión en mi Nicaragua natal a Pete Rose romperle la clavícula a Ray Fosse en
    una jugada de squeeze play durante un Juego de Estrellas fue mi cénit de admiración por el béisbol.
    ¿Cómo no admirar a esos dioses del béisbol hechos humanos, que jugaban con el cuerpo y el alma
    para que uno pudiera creer, admirar y disfrutar el arte?
    Luego vinieron Denis Martínez y Antonio Chevez debutando en Grandes Ligas, y automáticamente me
    volví fan de los Baltimore Orioles. Take me out to the ball game no era solo una canción: era una
    liturgia.
    Hasta que llegaron tiempos distintos. La MLB empezó a parecerse menos a un templo del juego y más
    a un escenario donde jugaban millonarios berrinchudos, con poco respeto por la garra y la entrega,
    protegidos por contratos astronómicos. A tal punto que Sparky Anderson llegó a decir: “Denme un
    equipo con jugadores en su último año de contrato y les doy el gallardete todos los años”. Ahí entendí
    que se estaban acabando los héroes que jugaban por amor al arte.
    En 1995 fue la última vez que vi un Juego de Estrellas. Cuando los propios organizadores admitieron
    que aquello era un show, me bajé del tren. Siempre odié la lucha libre precisamente por eso: por ser
    una farsa.
    Luego vino el espectáculo miserable de Wayne Huizenga, desbaratando un equipo campeón de los
    Florida Marlins porque la alcaldía de Miami no le construía un estadio. Ahí lo entendí todo: ni los
    jugadores, ni los equipos, ni los dueños son realmente leales. Los únicos leales son los aficionados,
    que una y otra vez terminan estafados por decisiones de directivos, jugadores y propietarios.
    Fui un par de veces al Yankee Stadium a ver lanzar a Jonathan Loáisiga. Y sí, se me inflaba el pecho
    de orgullo cuando toda la fanaticada pedía al unísono: “We want Lasagna”. Ese momento, ese
    ambiente, no tenía precio. Yo nunca fui fan de los Yankees, pero por amor al terruño también gritaba:
    “We want Lasagna”.
    Ahora que Loáisiga se va para Arizona, le deseo sinceramente lo mejor y admiro su humildad al irse
    sin rencor. Yo, por mi parte, no volveré al Yankee Stadium hasta que otro nica esté en su roster.

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